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2022/01/24

Chile intenta agilizar búsqueda de bebés secuestrados y vendidos durante dictadura

La semana pasada, el presidente que deja el cargo el 11 de marzo lanzó un proyecto que pretende agilizar la búsqueda de bebés secuestrados durante la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990)


'Fui arrancado de los brazos de mi madre'


En la fase final del gobierno de Sebastián Piñera, y en medio del anuncio del gabinete de ministros del futuro presidente Gabriel Boric, en los últimos días Chile ha dado un paso más en la revisión de los crímenes cometidos por militares durante la dictadura -y hacia históricos reparación a quien sufrió con ellos.

La semana pasada, el presidente que deja el cargo el 11 de marzo lanzó un proyecto que pretende agilizar la búsqueda de bebés secuestrados en el régimen de Augusto Pinochet (1973-1990). En definitiva, la iniciativa realizará aportaciones de dinero y la compra de kits de ADN para que las organizaciones dedicadas a esta búsqueda puedan realizar su labor.






La semana pasada, el presidente que deja el cargo el 11 de marzo lanzó un proyecto que pretende agilizar la búsqueda de bebés secuestrados en el régimen de Augusto Pinochet (1973-1990). En definitiva, la iniciativa realizará aportaciones de dinero y la compra de kits de ADN para que las organizaciones dedicadas a esta búsqueda puedan realizar su labor.


El ministro de Justicia, Hernán Larraín, dijo que, de esta forma, el Gobierno de Chile “colaborará con las personas cuyos hijos fueron adoptados irregularmente o fueron registrados falsamente, habiéndoseles quitado a las madres y los padres, en actos que atentan contra la dignidad humana”. A pesar de las intenciones, el programa fue criticado en la sociedad e incluso entre las asociaciones posiblemente beneficiadas.






Primero, por la demora: el asunto estuvo entre las promesas de campaña de Piñera en 2017, pero recién ahora ha entrado en vigor. En segundo lugar -y principalmente- porque, según estos grupos, el Estado se exime de cualquier responsabilidad por los delitos por la forma en que está diseñada la iniciativa.


“Son delitos cometidos por el Estado, por eso le pedimos al Estado que establezca una Comisión Nacional de Verdad, Justicia y Reparación” que pueda centralizar los allanamientos, dijo en declaraciones a Hijos y Madres del Silencio. La organización que inició su trabajo de manera organizada en 2014 se dedica a identificar a menores secuestrados de sus padres en la década de 1970, similar a lo que hacen las Abuelas de Plaza de Mayo en Argentina.


Cuando se habla de secuestros de bebés durante las dictaduras del Cono Sur, este grupo bonaerense es el ejemplo más conocido. Desde 1978, las abuelas han encontrado a 138 personas y les han devuelto sus identidades originales: se cree que la represión argentina ha arrebatado a más de 500 niños de sus madres, entregándolos para que los críen personas cercanas a los militares o ellos mismos.


En el país vecino, Hijos y Madres del Silencio también busca al menos a 579 bebés que fueron arrebatados a sus padres principalmente en la década de 1970, al inicio de la dictadura de Pinochet. Aunque la práctica atroz tenía el mismo fin, sus motivaciones eran, en alguna escala, diferentes.






En Argentina, la sustracción de menores estuvo generalmente relacionada con la actividad política familiar. Los bebés robados eran generalmente hijos de militantes de izquierda, Montoneros (guerrilla urbana peronista) y otros opositores al régimen militar (1976-1983). Asesinados en centros de detención o arrojados al Río de la Plata en los llamados "vuelos de la muerte", estas personas desconocían la suerte de sus hijos.

En Chile, una investigación que lleva adelante el juez Mario Carroza desde 2018 ha demostrado que la motivación de estos crímenes fue diferente. Con el pretexto de actuar en un plan de régimen para erradicar la pobreza del país, religiosos, trabajadores sociales, jueces, médicos y enfermeros actuaron, pagados por el Estado, como intermediarios entre familias humildes –muchas de ellas indígenas mapuches– y extranjeros interesados ​​en tener hijos. 


Las adopciones se hacían vía pago al Estado chileno.

Según los informes recogidos en las investigaciones, era común que a los padres biológicos se les dijera que el bebé había muerto al poco tiempo de nacer, mientras que las actas de adopción contenían una declaración falsa de que el niño había sido entregado voluntariamente. A los padres adoptivos se les decía que eran niños de familias muy humildes, que decían que no estaban en condiciones de criarlos, o prostitutas que no querían responsabilidad, porque no sabían quién era el padre y no contaban con su ayuda.




"Era realmente un negocio, un negocio muy lucrativo y basado en un crimen de lesa humanidad", cuenta a la prensa Marisol Rodríguez, de Hijos y Madres del Silencio. La asociación ya ha promovido 230 encuentros y también cuenta con 237 niños que buscan a sus padres biológicos y 357 familias que buscan a sus hijos. Entre los países donde más chilenos fueron entregados ilegalmente se encuentran Suecia, Estados Unidos, Argentina y Uruguay.


Para Carroza, aunque se investigan 579 adopciones ilegales de parejas extranjeras en la década de 1970, esa cifra podría ser mucho mayor, entre 700 y hasta 20.000.


La falta de apoyo legal para familiares y secuestrados fue otro de los problemas señalados en el proyecto de gobierno de Piñera por los críticos del texto. El diputado Boris Barrera, del Partido Comunista, fue uno de los que planteó este punto, a partir del apoyo que implica la asociación de abuelas argentinas.


Afirma que el programa chileno no cubre aspectos como equipos de apoyo psicológico, abogados y técnicos que pueden ayudar desde la obtención de nuevos documentos hasta la relación con las familias biológicas y, principalmente, adoptivas -ya que muchas de ellas están sujetas a procesos legales, dependiendo de lo que sabían sobre el proceso.


El parlamentario también se hizo eco de que el programa delegó en las ONG una responsabilidad que le correspondería al Estado chileno.


Otras críticas al plan tienen que ver con la compra de kits de ADN -que no cumplirían con el estándar necesario para este tipo de búsquedas- y la ausencia en el texto de un compromiso del gobierno para crear una base de datos genética, en la línea de lo que se utiliza en Argentina por las Abuelas de Plaza de Mayo. El recurso, referente internacional en casos de personas desaparecidas, mantendría la información bajo el resguardo de la identidad de quienes se comprometen a dejar allí su material para la búsqueda de familiares.


“Descubrirte de adulto siendo una persona apartada tan joven de tu familia es algo traumático. Un proyecto de gobierno debe ser más integral en cuanto a lo que puede hacer por estos ciudadanos, que son chilenos”, dice Barrera.




Salvador Allende de Chile

El sueño de una sociedad igualitaria se hizo realidad en Chile cuando, en 1970, Salvador Allende ganó las elecciones presidenciales del país. Su victoria significó la implementación del régimen político más democrático de América Latina hasta entonces. Un gobierno efectivamente popular que tuvo como objetivo promover profundas transformaciones sociales en el país y ofrecer a sus ciudadanos condiciones dignas de vida.




El sueño de una sociedad igualitaria se hizo realidad en Chile cuando, en 1970, Salvador Allende ganó las elecciones presidenciales del país. Su victoria significó la implementación del régimen político más democrático de América Latina hasta entonces. Un gobierno efectivamente popular que tuvo como objetivo promover profundas transformaciones sociales en el país y ofrecer a sus ciudadanos condiciones dignas de vida. Para ello, las primeras medidas abarcaron rubros como la seguridad social para todos, la atención médica, la independencia del Fondo Monetario Internacional, la nacionalización de las industrias y una Reforma Agraria efectiva.

Todas estas medidas, a favor del pueblo chileno, no agradaron a la élite reaccionaria de Chile, ni de Estados Unidos. El 11 de septiembre de 1973, el país sufrió un golpe militar, con Augusto Pinochet, entonces Comandante de las Fuerzaa Armadas, como uno de los principales líderes. Comenzó una de las dictaduras militares más sangrientas que se haya presenciado en toda Sudamérica, que se saldó con la muerte de más de 3.000 personas.
Asesinana cobardemente al presidente Salvador Allende en el Palacio de la Moneda.





Una vida política en nombre de las transformaciones sociales


Médico de formación, Allende nació el 26 de junio de 1908 en la ciudad de Valparaíso. En 1926 ingresó a la universidad, donde llegó a ser presidente del Centro de Estudiantes de Medicina y organizó un grupo de estudio, junto con otros colegas, sobre el marxismo. En 1930 participó activamente en la lucha contra la dictadura de Carlos Ibañes, como vicepresidente de la Federación de Estudiantes de Chile.

Uno de los fundadores del Partido Socialista, se exilia en 1935 por oponerse duramente al gobierno conservador de Ibañes. De regreso a Valparaíso, en 1936, participó en la creación del Frente Popular, siendo elegido para su primer cargo público: diputado por Valparaíso y Aconcagua, en el Congreso Nacional de Chile. En 1940 conoció a Hortênsia Bussi, con quien se casó y tuvo tres hijas: Laura, María Isabel y Beatriz.



En 1959, Allende comenzó a acercarse a los países socialistas. Visita La Habana, con el fin de conocer el proceso revolucionario cubano y se reúne con Fidel Castro y el Che Guevara. En 1964 visitó Corea, Vietnam y la Unión Soviética, en el 50 aniversario de la Revolución Rusa.

Pero es en 1969 que Allende participa en la formación de la Unidad Popular, que reúne a comunistas, socialistas, el Movimiento de Acción Popular Unitaria y Acción Popular Independiente. El poeta y Premio Nobel de Literatura, Pablo Neruda, candidato presidencial por el Partido Comunista, abandona su candidatura para unirse a Allende y asegurar su victoria.


Salvador Allende / Pablo Neruda



El imperialismo no acepta la victoria de Allende


La elección de Salvador Allende provocó la ira de los sectores reaccionarios en Chile, que contaban con el apoyo irrestricto de Estados Unidos, a través de la CIA, de esta forma desarrollaron formas de boicot al gobierno, como huelgas en sectores vitales, como el transporte. De esta forma, artículos de primera necesidad como los alimentos no llegaban a las ciudades. La clase media burguesa, que se oponía al régimen popular de Allende, comenzó a abastecerse de productos para crear un falso clima de desabastecimiento en el país.




Estados Unidos vio perjudicados sus intereses con la elección de Allende a la presidencia de Chile, pues significó una enorme barrera a la Operación Cóndor, planeada para contener los movimientos de resistencia a las dictaduras militares que se extendieron por los países latinoamericanos en las décadas de los 60 y 70. Argentina y Brasil fueron ejemplos de estas dictaduras.


Día gris para Chile y el mundo


El 11 de septiembre de 1973, tanquetas y efectivos militares circulan por las calles de Santiago. Los aviones vuelan bajo en el cielo. En la radio, himnos militares. El golpe militar estaba en marcha, lo que resultaría en una dictadura de 17 años para el pueblo chileno. 

En la mañana de este día, directo desde el Palacio de la Moneda, Salvador Allende pronuncia un emotivo discurso a los ciudadanos chilenos. Era la última vez que lo escucharían: “Trabajadores de mi patria: quiero agradecerles la lealtad que siempre han tenido, la confianza que han depositado en un hombre que fue sólo el intérprete de los grandes deseos de justicia. Me dirijo, sobre todo, a la mujer modesta de nuestra tierra, a la mujer campesina que creyó en nosotros. Me dirijo al chileno, al trabajador, a los que cantaron, a los que dieron su alegría y su espíritu de lucha”, dijo Allende. Los generales presionaron para que el presidente renunciara a su cargo, pero él se negó: “Pagaré con mi vida por defender los principios que son queridos para esta patria”. Armado con un fusil soviético y un casco de obrero minero, Allende no sucumbió, permaneció en combate hasta la destrucción total del Palacio de La Moneda. Allí, defendiendo sus ideales, fue covardemente asesinado por las tropas de Pinochet.

El sueño de Salvador Allende no ha muerto. Vive en cada persona que lucha por una sociedad justa, solidaria y autenticamente nuestra para todos. Sus ideales quedan en la mente de los activistas sociales que salen a la calle a reclamar sus derechos. Allende es un hito en la historia de América Latina porque demostró que es posible tener un gobierno popular que satisfaga las necesidades de sus ciudadanos.


¿Cuántos Allendes deben morir para que el pueblo chileno pierda la vergüenza de defenderse?