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2026/10/02

Brasil ante una elección polarizada: ¿continuará Lula o avanzará el bolsonarismo?

 Por: Rodolfo Varela

Brasil se encamina hacia una de las elecciones presidenciales más polarizadas de los últimos años. El próximo 4 de octubre, millones de brasileños acudirán a las urnas para decidir el rumbo político del país, en una disputa que enfrenta al actual presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, con el senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro.



Lula y Flávio Bolsonaro se disputan las calles en la campaña presidencial.


No se trata solamente de una confrontación entre dos candidaturas. Brasil enfrenta una discusión mucho más profunda sobre el funcionamiento de sus instituciones, la confianza ciudadana, la seguridad pública, la responsabilidad de quienes gobiernan y el futuro de su democracia.

La pregunta que surge es inevitable: ¿estamos ante una elección de continuidad política o ante una nueva etapa de expansión del bolsonarismo?

La respuesta pertenece exclusivamente al pueblo brasileño. Sin embargo, comprender lo que está ocurriendo exige mirar más allá de los discursos electorales y de las promesas de campaña.


Las encuestas y el verdadero clima electoral


Los últimos datos de Datafolha, publicados el 2 de octubre, muestran una competencia que continúa siendo estrecha.

En intención de voto total, Lula alcanza el 42%, mientras Flávio Bolsonaro registra el 38%. En votos válidos, excluyendo blancos, nulos e indecisos, la diferencia es de 45% frente a 40%, respectivamente.

En una eventual segunda vuelta, el mismo estudio señala 48% para Lula y 45% para Flávio Bolsonaro, una diferencia que se encuentra dentro del margen de error de la investigación.

La encuesta fue realizada entre el 29 de septiembre y el 1 de octubre, con 2.506 entrevistas presenciales en 152 municipios y un margen de error de dos puntos porcentuales.

Estos números muestran una competencia relevante, pero no constituyen una predicción del resultado electoral. Las encuestas representan una fotografía de determinado momento y no necesariamente anticipan el comportamiento definitivo de los electores.


Flávio Bolsonaro lidera las encuestas en Brasil de cara a las elecciones


También es importante observar que Lula y Flávio presentan niveles elevados de rechazo ciudadano, lo que demuestra que la polarización no significa necesariamente una adhesión mayoritaria e incondicional a sus respectivos proyectos.

En consecuencia, el resultado dependerá de la participación electoral, de las decisiones de última hora y de la capacidad de cada candidatura para conquistar la confianza de quienes todavía mantienen dudas.


El Gobierno de Lula y las responsabilidades pendientes


El Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva llega a esta elección enfrentando cuestionamientos relacionados con su gestión, la confianza institucional y diversas controversias que han ocupado el debate público.

Entre ellas se encuentran las investigaciones vinculadas al Banco Master y las denuncias relacionadas con el Instituto Nacional del Seguro Social (INSS).

Es fundamental, sin embargo, establecer una diferencia entre responsabilidades políticas, investigaciones en curso y responsabilidades judicialmente comprobadas. La transparencia exige investigar cualquier irregularidad, independientemente de quiénes sean los involucrados.


Lula, el ícono de la izquierda brasileña en carrera contra el tiempo


Un gobierno democrático no puede pretender que sus cuestionamientos desaparezcan simplemente porque provienen de sectores opositores. Tampoco corresponde transformar una denuncia en una condena anticipada.

La ciudadanía tiene derecho a exigir explicaciones, conocer los resultados de las investigaciones y recibir respuestas concretas de sus autoridades.

La responsabilidad pública no termina con ganar una elección. Comienza precisamente cuando se asume el poder.

Por otra parte, el desgaste político no es exclusivo de un gobierno determinado. También refleja una dificultad más amplia de la política brasileña para responder a las necesidades cotidianas de una población que exige seguridad, salud, educación, oportunidades laborales y condiciones dignas de vida.


La controversia por el debate de TV Globo: una oportunidad perdida


Uno de los acontecimientos que marcó los últimos días de campaña fue la cancelación del debate presidencial previsto por TV Globo.

Lula había comunicado previamente que no participaría. Posteriormente, Flávio Bolsonaro también desistió de asistir, pese a que inicialmente había confirmado su presencia.

La situación se complicó después de decisiones judiciales que modificaron aspectos de las reglas acordadas para el encuentro. El Tribunal Superior Electoral determinó que la emisora no podía mostrar el espacio vacío correspondiente a Lula, mientras que otra decisión judicial permitió la participación del candidato Renan Santos.

Finalmente, TV Globo decidió cancelar la transmisión, argumentando que las decisiones recibidas interferían con las reglas previamente establecidas.

Este episodio merece una reflexión que va más allá de las diferencias partidistas.


Las decisiones prohibieron la exhibición de un podio vacío y la formulación de preguntas dirigidas a Lula, además de imponer la participación de Renan Santos.


Por una parte, los candidatos tienen derecho a decidir si participan o no en un debate. Por otra, los ciudadanos tienen derecho a conocer y confrontar directamente las propuestas de quienes aspiran a gobernarlos.

También corresponde discutir hasta dónde deben llegar las intervenciones judiciales en la organización de estos encuentros y cómo garantizar simultáneamente la igualdad entre candidatos, la libertad de los medios y la seguridad jurídica.

No considero correcto presentar automáticamente el episodio como una censura comprobada. Pero tampoco sería responsable ignorar las legítimas preguntas que surgen cuando decisiones judiciales terminan modificando las condiciones de un debate electoral.

La ausencia de los dos principales candidatos privó al electorado de una oportunidad importante para escuchar respuestas, comparar propuestas y evaluar directamente a quienes pretenden conducir Brasil.

En democracia, los candidatos no solamente tienen derechos: también tienen responsabilidades ante la ciudadanía.


Seguridad pública: una preocupación que exige soluciones reales


La seguridad pública continúa siendo uno de los grandes desafíos de Brasil.

La expansión de organizaciones criminales, la violencia urbana, los robos y la sensación de inseguridad afectan la vida cotidiana de millones de personas.

Este problema no puede reducirse a una competencia de discursos sobre quién promete más rigor o quién presenta la respuesta más contundente.

Lula defiende una mayor coordinación entre el Gobierno federal, los estados y las instituciones de seguridad, mientras Flávio Bolsonaro representa una orientación política vinculada a un mayor endurecimiento penal y a una respuesta más firme frente a la criminalidad.


La reciente masacre policial en los complejos de Alemão y Penha, en Río de Janeiro, en noviembre de 2025


Son enfoques diferentes que deben ser examinados a partir de sus propuestas concretas, sus mecanismos de aplicación y sus posibles consecuencias.

Brasil necesita políticas públicas que enfrenten las organizaciones criminales sin abandonar el respeto por los derechos fundamentales y el Estado de derecho.

La seguridad de la población y el respeto a la legalidad no deberían ser objetivos enfrentados. Una democracia sólida debe ser capaz de garantizar ambos.

Asimismo, resulta indispensable discutir el financiamiento de las políticas de seguridad, la preparación de las fuerzas policiales, la inteligencia criminal, el combate al tráfico de armas y la protección de las comunidades más vulnerables.

Los ciudadanos no necesitan solamente promesas electorales. Necesitan resultados.


El Poder Judicial y la confianza en las instituciones


Otro aspecto que merece atención es la relación entre el Poder Ejecutivo, el Congreso Nacional y el Supremo Tribunal Federal.

En Brasil existe un debate legítimo sobre los límites de actuación de las instituciones y la necesidad de preservar su independencia.

Algunos sectores cuestionan determinadas decisiones judiciales y consideran que existe una participación excesiva de la Justicia en asuntos políticos. Otros entienden que las actuaciones institucionales son necesarias para proteger el orden constitucional y garantizar el funcionamiento democrático.

Estas posiciones deben analizarse considerando cada decisión, sus fundamentos jurídicos y sus consecuencias.

Ninguna institución debería quedar por encima del escrutinio público, pero tampoco corresponde desconocer su legitimidad constitucional por el simple hecho de que sus decisiones no coincidan con las preferencias de determinados sectores.


Guerra abierta en el Supremo de Brasil: la crisis judicial estalla a días de las elecciones


La democracia necesita instituciones independientes, transparentes y responsables.

Cuando la ciudadanía pierde confianza en ellas, el problema deja de ser exclusivamente político y pasa a comprometer la propia convivencia democrática.


Lula y Flávio Bolsonaro: dos proyectos, una responsabilidad común


Lula busca mantener el proyecto político que representa desde hace décadas, defendiendo su experiencia de gobierno y las políticas sociales de su administración.

Flávio Bolsonaro intenta representar una alternativa política que recoge el legado del bolsonarismo y busca ampliar su espacio electoral.

Ambos enfrentan desafíos importantes.

Lula debe responder por su gestión, explicar las controversias que afectan a su Gobierno y demostrar que puede ofrecer soluciones concretas a los problemas que preocupan a la población.

Flávio Bolsonaro, por su parte, necesita presentar propuestas propias, demostrar cómo pretende gobernar y explicar qué aspectos del legado político de su padre busca mantener o modificar.

La ciudadanía merece conocer no solamente las diferencias entre ambos, sino también los programas, los compromisos y las consecuencias de las políticas que cada uno propone.

No basta con identificarse como defensor de la democracia, de la libertad o del pueblo. Es necesario demostrarlo mediante acciones, transparencia y respeto por las instituciones.


Una elección que exige responsabilidad ciudadana


Brasil llega a las urnas en un ambiente de fuerte polarización, donde las diferencias políticas muchas veces se transforman en enfrentamientos personales y sociales.

Esta situación debería preocupar a todos, independientemente de su orientación ideológica.

Una democracia no puede depender de la eliminación simbólica del adversario, de la descalificación permanente ni de la transformación de las diferencias políticas en enemistades irreconciliables.

Quien vota por Lula tiene derecho a defender sus convicciones. Quien vota por Flávio Bolsonaro tiene el mismo derecho. Y quien no se identifica con ninguno de los dos también merece ser escuchado.

La libertad de elegir pierde su verdadero significado cuando la ciudadanía es empujada a decidir desde el miedo, la desinformación o el fanatismo.


El evangelismo brasileño se ha convertido en una potente fuerza política


La elección presidencial no debería convertirse en una autorización para que cualquier gobierno actúe sin límites. El mandato popular exige responsabilidad, respeto constitucional y rendición de cuentas.


Mi reflexión final


Como ciudadano y observador de la realidad latinoamericana, considero que Brasil necesita mucho más que una disputa entre dos grandes corrientes políticas.

Necesita recuperar la confianza de su pueblo, fortalecer sus instituciones, combatir la corrupción, enfrentar la violencia y garantizar que el desarrollo económico también se traduzca en dignidad social.

No se trata de defender a Lula por su trayectoria ni de condenar a Flávio Bolsonaro por su apellido. Tampoco de desconocer las responsabilidades históricas y políticas de cada sector.

Se trata de exigir que quienes aspiran a gobernar comprendan que el poder no les pertenece: pertenece a la ciudadanía que, mediante su voto, les entrega temporalmente la responsabilidad de conducir una nación.

La verdadera democracia no consiste solamente en contar votos cada cuatro años. Consiste en respetar las diferencias, garantizar derechos, fiscalizar al poder y permitir que ninguna autoridad se considere dueña del país.

Brasil merece una elección libre, transparente y respetuosa.

Porque, por encima de Lula, de Flávio Bolsonaro y de cualquier partido político, está Brasil.

Y Brasil no pertenece a ningún presidente, familia o corriente ideológica. Pertenece a su pueblo.

Por: Rodolfo Varela

Blog de Rodolfo Varela — Directo al Punto

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2026/10/01

Cuba ante la política de máxima presión: ¿Temor estratégico o asfixia innecesaria?

Por: Rodolfo Varela
Blog de Rodolfo Varela — Directo al Punto

La reciente intensificación de las restricciones financieras, comerciales y de viajes impulsadas por el Gobierno de Estados Unidos contra Cuba vuelve a poner sobre la mesa un debate humanitario y geopolítico de enorme trascendencia. 


El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó ante la Asamblea General de la ONU que Cuba "está fracasando como nunca antes y caerá"

En un momento en que la población cubana enfrenta graves dificultades económicas, escasez de alimentos, medicamentos y una profunda crisis energética, cabe preguntarse hasta cuándo se seguirá utilizando el sufrimiento de un pueblo como instrumento de presión política.


Las nuevas medidas de la administración del presidente Donald Trump, impulsadas bajo la conducción del secretario de Estado Marco Rubio, se justifican desde Washington mediante argumentos relacionados con la seguridad nacional, la represión política y la necesidad de promover cambios en el sistema cubano. Sin embargo, más allá de las justificaciones oficiales, debemos preguntarnos cuáles son las consecuencias reales de esta estrategia y quiénes terminan pagando sus costos.


Mi rechazo a esta política estadounidense es claro y no admite interpretaciones equivocadas: estoy en contra de cualquier forma de dictadura, sea de derecha o de izquierda; estoy en contra de toda intervención que pretenda imponer el destino político de otro pueblo y estoy absolutamente en contra de utilizar las necesidades de la población civil como mecanismo de presión.


Cuba vs. Marco Rubio: por qué el secretario de Trump es «enemigo» de los cubanos?

Defender la soberanía cubana no significa justificar las actuaciones de su Gobierno. La falta de libertades, las restricciones a la libertad de expresión, la persecución de opositores y las limitaciones al pluralismo político merecen también una condena clara y sin ambigüedades.Los derechos humanos no pueden defenderse selectivamente, dependiendo de la ideología de quienes los vulneran o de los intereses de las grandes potencias.


La geopolítica no puede estar por encima de la dignidad humana


Existe una preocupación persistente en Washington respecto de la influencia de otras potencias internacionales, particularmente China y Rusia, en América Latina y el Caribe.


Si uno de los objetivos de la política estadounidense es impedir que Cuba se convierta en un espacio de influencia estratégica para sus competidores internacionales, cabe preguntarse si el aislamiento económico constituye realmente una solución o si, por el contrario, termina incentivando una mayor dependencia de La Habana respecto de Pekín y Moscú.


La historia demuestra que las políticas de confrontación prolongada no necesariamente producen los cambios políticos que sus promotores esperan.


Por el contrario, cuando se cierran las posibilidades de cooperación económica, intercambio tecnológico y entendimiento diplomático, se reducen también las oportunidades para construir confianza y abrir espacios de transformación.


El dólar toca los cielos en Cuba 


No podemos olvidar que detrás de cada decisión geopolítica existen millones de personas que necesitan alimentarse, acceder a medicamentos, trabajar, educarse y vivir dignamente.


Ninguna disputa entre gobiernos debería convertir a la población civil en rehén de intereses estratégicos.


Estados Unidos también debe responder por sus decisiones


Estados Unidos es una de las principales potencias económicas, políticas y militares del mundo. Esa posición implica responsabilidades internacionales que no pueden limitarse a defender sus propios intereses nacionales.


La política hacia Cuba debe ser examinada no solamente desde la perspectiva de Washington, sino también desde sus consecuencias humanitarias, económicas y diplomáticas.


Relaciones entre EE.UU.y Cuba

Las restricciones financieras y comerciales, especialmente aquellas que dificultan las operaciones de terceros países y empresas, generan incertidumbre y obstáculos adicionales para el desarrollo económico de la isla.


La administración Trump puede argumentar que busca presionar al Gobierno cubano y promover transformaciones políticas. Sin embargo, ninguna finalidad política puede justificar automáticamente cualquier instrumento utilizado para alcanzarla.


La soberanía de los pueblos no es una concesión de las grandes potencias, ni la libertad puede imponerse mediante la dependencia económica o la amenaza permanente.


Tampoco podemos aceptar que las preocupaciones de seguridad de una potencia se conviertan en una autorización ilimitada para condicionar la vida de otra nación.


Cuba necesita cambios, pero también necesita oportunidades


Considero que una alternativa de largo plazo debe partir de un principio fundamental: la cooperación no puede confundirse con la sumisión, y el diálogo no significa renunciar a los principios democráticos.


Cuba necesita transformaciones económicas, institucionales y políticas que permitan ampliar las oportunidades de sus ciudadanos, garantizar las libertades fundamentales y construir un futuro con mayor participación democrática.


Cuba acusa a EE.UU. de "obstaculizar" su proceso de reformas económicas con nuevas sanciones


Pero esos cambios deben tener como protagonistas a los propios cubanos, no ser impuestos desde el exterior mediante mecanismos de presión económica.


Una política de cooperación tecnológica, intercambio comercial, asistencia humanitaria y desarrollo productivo podría abrir espacios diferentes para la relación bilateral.


Asimismo, el respeto a los derechos humanos debe ser una exigencia universal, tanto para el Gobierno cubano como para cualquier otra administración del mundo.


No podemos exigir democracia en Cuba mientras ignoramos las consecuencias humanitarias de determinadas políticas internacionales. Tampoco podemos denunciar las acciones de Washington y guardar silencio ante las restricciones de libertades dentro de la isla.


La coherencia es indispensable cuando se habla de derechos humanos.


Mi posición: contra todas las dictaduras, por la paz y la libertad


Como ciudadano latinoamericano que ha vivido las consecuencias de una dictadura, considero que tenemos una responsabilidad moral de defender la democracia, la libertad de expresión, la soberanía de los pueblos y el respeto irrestricto a los derechos humanos.


Conozco el significado de la persecución política y de las consecuencias que deja una dictadura en la vida de las personas y sus familias.


La crisis económica en Cuba causada por el régimen agrava la pobreza y la indigencia en La Habana


Por eso, mi posición no responde a simpatías ideológicas incondicionales ni a intereses de ninguna potencia.


No defiendo al Gobierno cubano por ser contrario a Estados Unidos, así como tampoco acepto que Estados Unidos pretenda decidir unilateralmente el futuro de Cuba.


Rechazo las dictaduras de izquierda y de derecha, las intervenciones arbitrarias, las amenazas militares, las imposiciones económicas y cualquier política que anteponga los intereses del poder a la dignidad humana.


El mundo necesita menos confrontación y más diplomacia; menos amenazas y más entendimiento; menos imposiciones y más respeto por la autodeterminación de los pueblos.


La verdadera fortaleza de una nación no se demuestra únicamente mediante su poder económico o militar, sino también por su capacidad de contribuir a la paz, respetar la soberanía de otros países y promover condiciones dignas para la humanidad.


Cuba tiene derecho a construir su propio destino. Sus ciudadanos tienen derecho a vivir sin privaciones, sin miedo y con libertad. Y Estados Unidos tiene la responsabilidad de comprender que la influencia internacional no se construye asfixiando a otros pueblos, sino mediante el respeto, la cooperación y la diplomacia.





Porque mi compromiso no es con una ideología, un gobierno o una potencia mundial.


Mi compromiso es con la humanidad, la democracia, la paz, la soberanía de los pueblos y los derechos humanos, sin excepciones ni dobles estándares.


Rodolfo Varela Locutor profesional | Publicista | Director de Radio y Televisión Más de 50 años de trayectoria en las comunicaciones.


#Chile #Cuba #DerechosHumanos #Soberanía #Democracia #LibertadDeExpresión #Paz #JusticiaSocial #NoALasDictaduras

2026/09/28

La «Democracia» como negocio: el tablero imperialista en América Latina y el mundo

Por: Rodolfo Varela
Blog de Rodolfo Varela — Directo al Punto

Cuando la defensa de la libertad se convierte en una herramienta de poder


Para Rubio, América Latina es el patio trasero de EE. UU.


La historia reciente de América Latina y la geopolítica mundial nos obligan a formular una pregunta incómoda, pero absolutamente necesaria: ¿qué busca realmente Estados Unidos cuando interviene, presiona o condiciona la soberanía de otras naciones bajo la bandera de la libertad y la democracia?

La respuesta no puede encontrarse únicamente en los discursos oficiales. Debemos examinar también los antecedentes históricos, los intereses económicos, las decisiones estratégicas y, fundamentalmente, las consecuencias que estas políticas han tenido sobre los pueblos.

Durante décadas, Estados Unidos ha presentado su política exterior como una defensa de la democracia, los derechos humanos y la estabilidad internacional. Sin embargo, su historial en América Latina demuestra que esos principios no siempre han sido aplicados de manera coherente.

Cuando los intereses estratégicos, económicos o militares entran en conflicto con los principios democráticos, surge una contradicción que merece ser denunciada.


Cuando Estados Unidos lleva la democracia a otros países


Porque la democracia no puede convertirse en una herramienta diplomática que se utiliza contra determinados gobiernos mientras se toleran gobiernos autoritarios cuando estos resultan convenientes para los intereses de una potencia.

La democracia no puede tener un precio, ni la soberanía de los pueblos puede depender de la conveniencia de Washington.


1. El doble rasero del discurso democrático

Para las grandes potencias, la democracia parece adquirir diferentes significados dependiendo de las circunstancias políticas y económicas.

Estados Unidos ha intervenido históricamente en los asuntos internos de América Latina, apoyando determinadas fuerzas políticas, ejerciendo presiones económicas y participando en estrategias de desestabilización.

Chile constituye uno de los ejemplos históricos más dolorosos.

Los documentos estadounidenses desclasificados sobre el período de Salvador Allende registran esfuerzos para desestabilizar económicamente a Chile y aislar diplomáticamente a su gobierno entre 1970 y 1973.


EE. UU. debe pedir disculpas por el golpe de Pinochet en Chile.



No se trata de una interpretación construida únicamente desde la memoria de quienes vivimos aquella época. Existen documentos oficiales que permiten reconstruir responsabilidades, decisiones y estrategias.

La pregunta continúa vigente: ¿cómo puede una potencia presentarse como defensora universal de la democracia cuando su propia historia registra actuaciones que contribuyeron a debilitar gobiernos democráticamente elegidos?

El problema no consiste en negar que existan gobiernos autoritarios ni en desconocer las violaciones de derechos humanos cometidas por distintos Estados.

El problema es la selectividad.

Los derechos humanos deben defenderse siempre, independientemente de quién gobierne, de su orientación ideológica o de sus relaciones comerciales con las grandes potencias.

De lo contrario, dejan de ser principios universales y se transforman en instrumentos de conveniencia política.

2. América Latina: entre la dependencia y la desilusión política


 Nuestra región continúa atrapada entre dos problemas que se alimentan mutuamente: la injerencia extranjera y la incapacidad de numerosos liderazgos nacionales para responder a las necesidades de sus pueblos.

No podemos responsabilizar exclusivamente a Estados Unidos de todos nuestros problemas. Sería una simplificación histórica y política.

También debemos reconocer la responsabilidad de nuestras propias élites.

Una parte de la izquierda latinoamericana, que llegó al poder prometiendo justicia social, igualdad y dignidad, terminó alejándose de sus bases populares. En distintos países, determinados gobiernos han sido cuestionados por c
corrupción, oncentración del poder, debilitamiento institucional y utilización de las estructuras del Estado para preservar intereses particulares.

Pero tampoco podemos ignorar a una derecha que, en determinadas circunstancias, ha utilizado esos fracasos para justificar políticas de subordinación económica y estratégica a intereses extranjeros.

Ambos fenómenos merecen cuestionamiento.

La izquierda no tiene un cheque en blanco por proclamarse defensora de los trabajadores, así como la derecha no puede presentarse automáticamente como defensora de la libertad por invocar la democracia.

La corrupción no tiene ideología. El abuso del poder tampoco.

Y cuando los intereses particulares se imponen sobre las necesidades colectivas, quienes terminan pagando las consecuencias son los ciudadanos.


Corrupción en América Latina y el Caribe


América Latina necesita superar esa falsa disyuntiva entre una izquierda que ha perdido credibilidad y una derecha que, en determinadas experiencias, ha confundido cooperación internacional con subordinación.

Nuestros pueblos necesitan gobiernos que respondan a sus ciudadanos, no a las instrucciones de las élites económicas, políticas o extranjeras.

3. La Operación Cóndor: una memoria que América Latina no puede olvidar


Para quienes vivimos las consecuencias de las dictaduras militares latinoamericanas, hablar de seguridad regional no es un asunto menor.

La Operación Cóndor representa una de las páginas más oscuras de nuestra historia contemporánea.

Durante las décadas de 1970 y 1980, los aparatos represivos de distintas dictaduras del Cono Sur coordinaron actividades de inteligencia, persecución y operaciones clandestinas contra opositores políticos, incluso fuera de sus fronteras nacionales.

Documentos desclasificados estadounidenses registran la existencia de esa coordinación y las discusiones sobre operaciones de asesinato en el extranjero.

Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia y Brasil estuvieron vinculados a diferentes etapas de esa estructura represiva.


Operación Cóndor: historia de la persecución contra la izquierda en América Latina



La persecución política dejó miles de víctimas: detenidos desaparecidos, ejecutados, torturados, exiliados y familias destruidas.

No podemos olvidar que aquella maquinaria no funcionó únicamente mediante armas y uniformes. También necesitó complicidades civiles, estructuras de inteligencia, colaboración internacional y una doctrina que convirtió al adversario político en enemigo de la nación.

Como chileno y víctima de la dictadura, considero que nuestra memoria histórica debe servir para impedir que cualquier proyecto político o militar vuelva a poner en peligro las libertades fundamentales.

El Escudo de las Américas: seguridad regional y soberanía

La creación del denominado Escudo de las Américas, impulsado por Donald Trump en marzo de 2026, merece un análisis cuidadoso.

Su objetivo oficialmente presentado es combatir los carteles y fortalecer la cooperación de seguridad regional. Sin embargo, también aparece asociado a la intención estadounidense de limitar la influencia de potencias extrarregionales, particularmente China y Rusia.

Aquí surge una preocupación que no podemos ignorar.

Combatir el narcotráfico y el crimen organizado es una responsabilidad legítima de los Estados. Pero ninguna política de seguridad puede situarse por encima de la soberanía nacional, los derechos humanos y los controles democráticos.

La historia nos enseñó que las doctrinas de seguridad nacional pueden convertirse en instrumentos de persecución cuando se confunde al delincuente con el opositor político y se transforma la discrepancia ideológica en una amenaza para el Estado.

No estoy afirmando que el Escudo de las Américas sea una nueva Operación Cóndor. Establecer esa equivalencia sin pruebas sería históricamente irresponsable.

Lo que sostengo es que América Latina tiene el deber de exigir garantías antes de entregar atribuciones militares, información estratégica o capacidad operativa a estructuras de seguridad internacional.


No podemos permitir que América Latina y el Caribe retrocedan a los tiempos oscuros de la Operación Cóndor


La seguridad de los pueblos no puede construirse sacrificando sus libertades.

Y mucho menos cuando la historia demuestra que los mecanismos de cooperación entre aparatos represivos pueden terminar convertidos en instrumentos de persecución política.

4. Los discursos en Naciones Unidas y la disputa por la hegemonía


La Asamblea General de Naciones Unidas continúa siendo uno de los escenarios donde se manifiestan las contradicciones del orden internacional.

Gobiernos como los de Cuba, Venezuela, Nicaragua, Irán y Rusia han utilizado históricamente ese espacio para denunciar lo que consideran políticas imperialistas estadounidenses.

Estados Unidos y sus aliados occidentales, por su parte, defienden sus actuaciones argumentando que buscan proteger la seguridad internacional, promover la democracia y responder a violaciones de derechos humanos.

Históricamente el gobierno de Cuba le ha llamado bloqueo a las sanciones económicas estadounidenses.


Pero una cosa es escuchar los discursos y otra muy distinta es examinar sus consecuencias.

Tampoco podemos aceptar automáticamente las denuncias de unos gobiernos ni las justificaciones de otros.

Un gobierno que denuncia el imperialismo estadounidense no queda exento de responder por sus propias violaciones de derechos humanos.

Y una potencia que invoca la democracia no queda exenta de responder por sus intervenciones y decisiones internacionales.

Los principios deben ser universales o dejan de ser principios.

La Carta de Naciones Unidas establece la igualdad soberana de los Estados y prohíbe, como principio general, la amenaza o utilización de la fuerza contra la integridad territorial o independencia política de otro Estado.

Por eso, la discusión sobre sanciones unilaterales, intervenciones y presiones económicas no puede reducirse a una disputa ideológica. También exige un análisis jurídico sobre sus fundamentos, alcances y consecuencias.

5. Los recursos estratégicos y el verdadero tablero geopolítico


El mundo atraviesa una disputa cada vez más compleja por el control económico, tecnológico, comercial y militar.

Petróleo, gas, cobre, litio, tierras raras y minerales críticos forman parte de una competencia internacional en la que Estados Unidos, China, Rusia y otras potencias buscan preservar o ampliar sus posiciones estratégicas.

América Latina posee recursos fundamentales para el desarrollo tecnológico y energético del futuro.

Sin embargo, nuestros países continúan enfrentando una contradicción: disponen de riquezas naturales, pero una parte importante de sus poblaciones sigue viviendo en condiciones de pobreza y desigualdad.


Pobreza en América Latina, la brecha entre pobres y ricos


La pregunta que debemos formular no es solamente quién controla esos recursos, sino quién se beneficia realmente de su explotación.

¿Los pueblos propietarios de esas riquezas o las grandes empresas y los intereses financieros que participan en su comercialización?

La soberanía económica no significa cerrar las puertas al comercio internacional ni rechazar las inversiones extranjeras.

Significa establecer relaciones de cooperación en condiciones de igualdad, con transparencia, beneficios compartidos y respeto por las decisiones democráticas de cada nación.

Lo mismo ocurre con las tensiones internacionales.

La competencia entre Estados Unidos y China, las disputas por las rutas comerciales estratégicas y los conflictos en Medio Oriente, incluido el estrecho de Ormuz, tienen consecuencias que trascienden las fronteras de los países directamente involucrados.

Europa, América Latina y el resto del mundo terminan enfrentando repercusiones económicas, energéticas y diplomáticas de decisiones adoptadas por grandes potencias.

Mientras tanto, las necesidades cotidianas de millones de personas continúan relegadas.



Guerra comercial entre Estados Unidos y China



La política internacional no puede reducirse a una competencia permanente por la hegemonía.

La paz, la cooperación y el desarrollo humano deberían ocupar el centro de las relaciones internacionales.

6. La responsabilidad de nuestras propias democracias


Sería un error histórico denunciar la injerencia extranjera y guardar silencio frente a la corrupción interna.

La soberanía también se pierde cuando los gobernantes utilizan las instituciones para proteger sus propios intereses.

Se pierde cuando la justicia deja de actuar con independencia.

Se pierde cuando la corrupción se convierte en una práctica tolerada.

Se pierde cuando los partidos políticos abandonan a sus electores y transforman sus organizaciones en instrumentos de conservación del poder.

Y se pierde cuando los ciudadanos dejan de creer que su participación democrática puede cambiar sus condiciones de vida.

Por eso, mi crítica no está dirigida exclusivamente a Estados Unidos, ni pretende justificar a gobiernos que se presentan como sus adversarios.

Mi cuestionamiento es mucho más amplio.

Rechazo cualquier forma de imperialismo, venga de donde venga.

Rechazo la subordinación de los pueblos a las grandes potencias, pero también la subordinación de los ciudadanos a sus propias élites políticas.

“Este sistema neoliberal nos trata como basura”



No existe verdadera soberanía cuando un país cambia de dependencia, pero no consigue recuperar el control democrático de su destino.

7. La verdadera independencia comienza con la dignidad de los pueblos


América Latina no necesita elegir entre Washington, Pekín, Moscú o cualquier otra capital para determinar su futuro.

Necesita construir una política exterior independiente, basada en la cooperación internacional, el respeto mutuo y la defensa de sus intereses nacionales.

Necesita gobiernos transparentes, instituciones independientes, justicia social y una ciudadanía capaz de fiscalizar permanentemente el ejercicio del poder.



Trump, "No voy a aprender su maldito idioma"


La independencia no consiste en cambiar de protector.

Consiste en dejar de necesitar protectores.

La historia de nuestros pueblos demuestra que la democracia no puede sostenerse únicamente mediante elecciones. Necesita justicia, libertad, igualdad ante la ley, respeto a los derechos humanos y una distribución más equitativa de las oportunidades.

Y sobre todo necesita memoria.

Porque quienes hemos vivido las consecuencias de las dictaduras sabemos que la libertad no es una concesión de los gobiernos ni una mercancía que pueda negociarse en los despachos del poder.

Es un derecho.

Conclusión: la democracia no puede ser el negocio de las potencias

La llamada democracia no puede convertirse en una fachada para justificar intereses económicos, estratégicos o militares.

Tampoco puede utilizarse como argumento para encubrir las responsabilidades de gobiernos que, mientras hablan de libertad, restringen derechos y concentran el poder.

Estados Unidos tiene derecho a defender sus intereses nacionales, como cualquier otro Estado. Pero ese derecho no le otorga autoridad para decidir unilateralmente el destino de otros pueblos.

Y América Latina tiene la obligación de defender su soberanía sin convertirla en una excusa para tolerar autoritarismos, corrupción o abusos internos.

La verdadera independencia exige dos luchas inseparables: contra la injerencia extranjera y contra quienes, desde dentro, utilizan el poder para beneficio propio.


No podemos continuar condenados a escoger entre quienes prometen liberarnos mientras nos someten y quienes prometen defendernos mientras negocian nuestra soberanía.

La salida no está en los extremos ni en las lealtades ciegas a determinados líderes o ideologías.

Está en una ciudadanía consciente, organizada, informada y dispuesta a exigir responsabilidades.


América Latina debe abordar la pobreza, la corrupción y la inseguridad



Porque ningún país puede llamarse verdaderamente libre cuando sus decisiones fundamentales dependen de intereses ajenos, ni ninguna democracia puede considerarse legítima cuando abandona a su propio pueblo.

La soberanía no se negocia. La democracia no se vende. Los derechos humanos no tienen ideología. Y la memoria de nuestros pueblos no debe someterse al silencio de ninguna potencia.

Por Rodolfo Varela

2026/09/25

LA IDENTIDAD NO SE ENVÍA COMO UN PAQUETE: ¿HASTA CUÁNDO LAS VÍCTIMAS TENDRÁN QUE SEGUIR ESPERANDO?

Por: Rodolfo Varela
Blog de Rodolfo Varela — Directo al Punto

Hay cosas que simplemente no deberían ocurrir cuando hablamos de derechos humanos.

Una de ellas es tratar la historia, la identidad y los antecedentes familiares de una persona como si fueran un simple documento administrativo que puede ser introducido en un sobre y enviado por correo común.


"Mi mamá fue forzada a aceptar que yo sería arrebatada de sus brazos": el drama de los niños robados en Chile en la dictadura de Pinochet


Por eso me llamó profundamente la atención la denuncia publicada por Stichting Chilean Adoptees, organización que representa a personas chilenas adoptadas en los Países Bajos.

La denuncia es concreta: después de haber planteado en mayo de 2025 a Wereldkinderen su preocupación por la forma en que se enviaban expedientes de ascendencia con información extremadamente sensible, se habría acordado que esos documentos serían enviados posteriormente mediante correo certificado y con mayores medidas de cuidado.


Sin embargo, según la organización, más de un año después dos adoptados chilenos volvieron a recibir sus expedientes de la misma manera: directamente en el buzón.

Y entonces surge una pregunta que va mucho más allá de un sobre:

¿Qué valor tienen los acuerdos cuando las instituciones no los cumplen?


UNA HISTORIA DE VIDA NO ES UN PAPEL CUALQUIERA


Un expediente de ascendencia puede contener el nombre de una madre biológica, la identidad de un padre, antecedentes de nacimiento, documentos judiciales, información familiar y circunstancias que explican por qué un niño terminó separado de su familia.

Para quien busca sus orígenes, ese expediente puede representar algo que esperó durante décadas.

Puede contener la respuesta a una pregunta que lo acompañó durante toda su vida:


¿Quién soy realmente y de dónde vengo?


Por eso resulta difícil comprender que información de semejante importancia pueda ser tratada como correspondencia ordinaria.

No estamos hablando solamente de privacidad.

Estamos hablando de dignidad, identidad, memoria y derechos humanos.


Daniel cuenta que se enfrentó a comentarios, burlas y apodos por su color de piel y por ser adoptado.


CHILE NO PUEDE MIRAR PARA OTRO LADO


Y aquí está el problema que nos lleva directamente a Chile.

El propio Estado chileno reconoció en febrero de 2026 que existen miles de denuncias relacionadas con adopciones ocurridas entre las décadas de 1950 y 2000 y que estos hechos constituyen graves vulneraciones del derecho a la identidad y a la vida familiar.

Por lo tanto, ya no estamos solamente ante testimonios aislados de personas que buscan a sus familias.

Existe un reconocimiento institucional de que estamos frente a un problema de derechos humanos.

Y cuando hablamos de derechos humanos, la respuesta del Estado no puede limitarse a crear mesas de trabajo, elaborar informes o anunciar medidas.

Las víctimas necesitan resultados.

Necesitan acceso a los archivos.

Necesitan investigaciones.

Necesitan cooperación internacional.

Necesitan saber qué ocurrió con sus madres, sus padres, sus hermanos y sus hijos.

Y, sobre todo, necesitan conocer su propia historia.


NO ES UN PROBLEMA DEL PASADO


Algunos podrían preguntarse:

¿Para qué seguir hablando de hechos ocurridos hace décadas?

La respuesta es sencilla.

Porque para quien todavía busca a su madre, su hijo, su hermano o su familia biológica, el tiempo no cerró la herida.

El paso de los años no devuelve automáticamente la identidad.

Una persona puede tener 40, 50, 60 o más años y continuar buscando respuestas sobre su nacimiento.

Por eso el derecho a la identidad no tiene fecha de vencimiento.

Y tampoco debería tenerla la obligación de investigar.


LOS ANTECEDENTES SON DEMASIADO SERIOS


Una investigación publicada por CIPER en agosto de 2024 documentó antecedentes sobre al menos 155 niños chilenos enviados irregularmente a los Países Bajos desde el Hogar Las Palmas entre 1970 y 1990. El reportaje también señaló que una investigación judicial chilena había identificado más de 20 mil menores adoptados irregularmente por extranjeros entre 1970 y 1990, aunque las causas judiciales siguen caminos diversos y no todos esos casos tienen la misma situación procesal.


Más recientemente, en agosto de 2026, CIPER informó sobre un informe del Comité Noruego de Investigaciones sobre Adopciones Irregulares que revisó 61 adopciones de niños chilenos realizadas entre 1987 y 2010. El informe describió casos de madres a quienes se habría hecho creer que sus hijos habían muerto, además de otros antecedentes de engaño o amenazas. También cuestionó la profundidad de los controles realizados por autoridades noruegas, especialmente durante el período de la dictadura chilena.

Y en septiembre de 2026 apareció otro antecedente que merece atención.

CIPER reveló documentos sobre una investigación reservada realizada entre 1981 y 1983 por la entonces ministra de Justicia Mónica Madariaga, después de recibir antecedentes relacionados con adopciones irregulares y tráfico de niños chilenos hacia Estados Unidos e Italia.


Entonces cabe preguntarse:


¿Cuánto tiempo más tendremos que esperar para conocer toda la verdad?


Los bebés robados de la dictadura chilena


LAS MADRES TAMBIÉN TIENEN DERECHO A SABER


Detrás de cada expediente existe una historia humana.

Una madre que pudo haber sido engañada.

Una familia que pudo haber recibido información falsa.

Un niño que creció lejos de sus raíces.

Un adulto que décadas después comienza a buscar.

Y muchas veces, una persona que descubre que aquello que le contaron durante toda su vida simplemente no correspondía con la verdad.



La agrupación Hijos y Madres del Silencio (HMS) busca a niños adoptados irregularmente durante la dictadura de Augusto Pinochet.

Eso no es una cuestión burocrática.

Eso es una tragedia humana.

Y cuando existen antecedentes de irregularidades, el Estado tiene la responsabilidad de hacer todo lo razonablemente posible para reconstruir esas historias.


MI SOLIDARIDAD COMO VÍCTIMA


Yo no soy una persona adoptada y no pretendo hablar en nombre de quienes vivieron esa experiencia.

Pero sí soy una víctima de violaciones de derechos humanos cometidas durante la dictadura militar chilena.

Conozco personalmente lo que significa que una parte de tu vida quede marcada por decisiones tomadas por otros.

Conozco el dolor de tener que buscar respuestas.

Conozco lo que significa que el Estado reconozca oficialmente una parte de lo ocurrido y, al mismo tiempo, que muchas heridas permanezcan abiertas durante décadas.

Por eso puedo solidarizar con quienes todavía buscan a sus familias sin apropiarme de su historia.

No hablo por ellos. Hablo junto a ellos.

Y creo que Chile tiene una obligación moral e institucional con estas personas.


Madres chilenas en larga búsqueda de bebés robados durante la dictadura de Pinochet


LA MEMORIA TAMBIÉN ES IDENTIDAD


Chile ha avanzado en el reconocimiento de algunas de sus deudas históricas.

Pero avanzar no significa que la deuda esté saldada.

En febrero de 2026 el Gobierno presentó recomendaciones de una Mesa Interinstitucional sobre adopciones forzadas o irregulares, orientadas a verdad, justicia y derecho a la identidad.

Ese paso debe ser valorado como un antecedente institucional.

Pero precisamente por eso también debemos exigir que las recomendaciones se transformen en acciones concretas, permanentes y verificables.

Porque las víctimas no pueden vivir eternamente esperando que una nueva administración, una nueva comisión o una nueva mesa vuelva a comenzar desde cero.


UN EXPEDIENTE NO ES UN PAQUETE


Por eso quiero volver al comienzo.

Un expediente de ascendencia no es un paquete cualquiera.

No es una publicidad.

No es una factura.

No es un documento administrativo sin importancia.

Puede contener la identidad de una persona.

Puede contener la historia de una familia.

Puede contener la última posibilidad de reconstruir una verdad.

Y por eso la denuncia de Stichting Chilean Adoptees debería servirnos para abrir una conversación mucho más profunda.

Si una institución invoca la privacidad para proteger información personal, entonces debe aplicar ese mismo principio de cuidado cuando entrega esa información a quien tiene derecho a conocerla.

La privacidad no puede ser una excusa para ocultar información cuando se solicita, y después desaparecer cuando finalmente esa información es entregada.

La privacidad implica responsabilidad.

La identidad implica dignidad.

Y la verdad exige compromiso.


¿Un archivo así se mete en un sobre y se empuja por el buzón?


¿HASTA CUÁNDO?


Entonces vuelvo a la pregunta que dio origen a estas palabras:

¿Hasta cuándo tendrán que esperar las víctimas?

¿Hasta cuándo una madre tendrá que preguntarse qué ocurrió con su hijo?

¿Hasta cuándo un hijo tendrá que preguntarse quiénes fueron sus padres?

¿Hasta cuándo una familia tendrá que vivir con documentos incompletos, contradictorios o inaccesibles?

¿Hasta cuándo Chile permitirá que la búsqueda de una identidad dependa de la voluntad, capacidad o buena disposición de instituciones nacionales o extranjeras?

No estoy pidiendo privilegios.

Estoy hablando de derechos.

Y los derechos humanos no deberían depender del lugar donde nació una persona, del país donde terminó viviendo ni de cuántas décadas hayan pasado.


Entre 1970 y 1990, Geertruida Kuijpers no sólo gestionó adopciones irregulares de chilenos a Países Bajos,


La identidad pertenece a cada ser humano.

Y la verdad sobre el origen de una persona no debería ser tratada como una mercancía, un trámite burocrático ni un simple paquete que alguien deja caer dentro de un buzón.

Chile tiene una deuda con estas víctimas.

Y una deuda de derechos humanos no desaparece porque pase el tiempo.

La memoria no se archiva.
La identidad no prescribe.
La verdad no puede ser enviada al olvido.

Por: Rodolfo Varela
Blog de Rodolfo Varela — Directo al Punto

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