Por Rodolfo Varela
Durante décadas se nos dijo que el periodismo era el “quinto poder”.Que su misión era fiscalizar al poder político, económico e institucional en nombre de la ciudadanía. Hoy, en gran parte de América Latina, esa definición suena casi irónica.

Lo que domina no es el periodismo verdadero, sino un periodismo de conveniencia, subordinado a intereses económicos, ideológicos y partidarios. Un periodismo que cambia de discurso según quién gobierne. Que grita o calla según quién paga. Que traiciona a la ciudadanía que lo financia, lo consume y lo legitima.
El pueblo paga estos medios —con impuestos, con audiencia, con publicidad indirecta— para ser engañado.
La mentira como modelo editorial
No se trata de errores aislados. Se trata de un sistema.
Las noticias se construyen de forma tendenciosa, emocionalmente apelativa, diseñadas para provocar odio, miedo o fanatismo. Los llamados “programas de entretención” son, en realidad, basura televisiva y radial: vacíos, alienantes, repetitivos, sin valor cultural ni informativo. No educan, no cuestionan, no liberan. Adormecen.
El objetivo ya no es informar.
Es manipular.
Polarización política y medios militantes
Entre 1990 y 2025, el periodismo latinoamericano sufrió una mutación peligrosa: dejó de observar el poder y pasó a disputarlo.
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Medios que abandonan la neutralidad para convertirse en actores políticos.
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Gobiernos de izquierda y de derecha que usan a la prensa como enemigo, o como aliado, según convenga.
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Audiencias encerradas en cámaras de eco, consumiendo solo aquello que confirma sus prejuicios.
El resultado es devastador: la verdad ya no importa, solo importa el bando.
La crisis económica como excusa para la rendición
La independencia periodística fue vendida con la excusa de la supervivencia financiera.
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Concentración mediática en manos de grandes grupos económicos que dictan líneas editoriales.
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Publicidad estatal como chantaje silencioso: quien critica, pierde pauta; quien obedece, sobrevive.
Así, el periodismo dejó de ser fiscalizador para convertirse en empleado del poder, sin contrato visible pero con obediencia garantizada.

Del quinto poder al activismo digital
Con la digitalización, el problema se agravó.
El periodismo verdadero —basado en hechos, verificación y responsabilidad— fue desplazado por:
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Narrativas extremistas.
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Desinformación disfrazada de opinión.
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Activismo político presentado como noticia.
Las redes sociales no ampliaron la verdad: la fragmentaron.
El llamado “periodismo ciudadano”, aunque necesario en algunos contextos, muchas veces carece de ética, rigor y verificación, convirtiéndose en un arma perfecta para la manipulación partidaria.
Cuando decir la verdad se paga con exilio o muerte
En algunos países, la degradación ya es abierta represión:
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Nicaragua: persecución sistemática, cierre de medios, periodistas exiliados.
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El Salvador: acoso judicial y propaganda oficial como norma.
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México: uno de los países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo.
Aquí, la polarización no es solo discurso: es violencia real.
Un fenómeno regional, con nombres y cifras
La polarización mediática no es una percepción: es un hecho medible.
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Chile: burbujas informativas profundas, diálogo social fracturado.
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Brasil: uno de los mayores índices de polarización en redes; heridas aún abiertas tras el bolsonarismo.
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Argentina: 45% de la población evita las noticias por fatiga y desconfianza.
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Perú: descrédito total de los medios tradicionales.
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Costa Rica: retroceso histórico en libertad de prensa tras décadas de prestigio.
Brasil está experimentando una “mezcla tóxica de odio personal y polarización política”.
La verdad no se negocia
Hoy ya no existe un periodismo verdaderamente libre en gran parte de América Latina. Existe un periodismo alineado, financiado, condicionado.
Y frente a eso, callar es complicidad.
Este texto no pretende convencer a los poderosos.
Pretende despertar al pueblo.
Porque mientras la ciudadanía no entienda que es manipulada, seguirá defendiendo a quienes la engañan.
Y porque la verdad, aunque intenten enterrarla, no prescribe.
