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2026/05/08

Chile: memoria, verdad y justicia en tiempos de retroceso

La política de Chile sobre derechos humanos y sobre las víctimas de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990) atraviesa hoy uno de sus momentos más delicados desde el retorno a la democracia. 


De Pinochet a Kast


La llegada al poder de José Antonio Kast ha reabierto heridas profundas y ha encendido las alarmas entre familiares de ejecutados políticos, detenidos desaparecidos, exonerados y sobrevivientes de la represión.


Aunque aún persisten mecanismos institucionales de reparación, el actual escenario político genera una profunda incertidumbre sobre la continuidad real de las políticas de memoria, verdad y justicia.


 Sin embargo, esta situación no nació hoy: también es consecuencia directa de décadas de omisiones por parte de los gobiernos de izquierda y de centroizquierda, que durante más de treinta años transformaron el dolor de las víctimas en un discurso electoral, sin resolver de fondo una deuda histórica que sigue siendo una vergüenza mundial en materia de derechos humanos.


Chile aún arrastra una herida abierta: miles de familias continúan esperando justicia, reparación digna y el destino final de sus seres queridos.


Chile: La urgencia de sanar las heridas y reconstruir la memoria.



Panorama actual bajo la administración de Kast (2026)

Cambios en el Plan Nacional de Búsqueda

Uno de los puntos más sensibles ha sido la modificación de las jefaturas del Plan Nacional de Búsqueda (PNB) y del Programa de Derechos Humanos. Organizaciones de familiares denuncian que estas decisiones podrían significar un verdadero estrangulamiento institucional de una política de Estado que buscaba esclarecer el destino de los detenidos desaparecidos.

La preocupación aumenta con la desvinculación de profesionales clave en el área de Verdad y Justicia, debilitando la investigación sobre las 1.469 víctimas de desaparición forzada registradas oficialmente.


Una derecha que genera temor

La figura de Kast, identificado con la derecha conservadora y asociado históricamente a sectores que relativizan el terrorismo de Estado, genera profunda desconfianza entre las agrupaciones de derechos humanos.

El temor no es infundado: su visita en el pasado a militares condenados por violaciones a los derechos humanos dejó una señal política clara para las víctimas, que hoy observan con desolación el avance de una posible impunidad institucionalizada.


Cambios en el relato histórico

El nuevo gobierno busca instalar una reinterpretación de los últimos 35 años, poniendo en cuestión consensos básicos sobre las violaciones sistemáticas a los derechos humanos cometidas entre 1973 y 1990.

Este intento de relativizar la historia no solo hiere la memoria colectiva, sino que abre espacio al negacionismo, fenómeno que sigue presente en sectores políticos que minimizan, justifican o directamente niegan los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura.

Negar la verdad también es una forma de violencia.



Chile: las víctimas de la dictadura de Pinochet, mas de medio siglo después


Fallos judiciales y beneficios penitenciarios

La controversia aumentó con resoluciones judiciales que permitieron la liberación de agentes condenados por crímenes de la dictadura, como el caso de César Manríquez, liberado por razones de salud mental.

La indignación fue mayor cuando el propio Programa de Derechos Humanos instruyó a sus abogados no apelar la resolución, marcando una diferencia significativa respecto de gobiernos anteriores.

Paralelamente, el Senado avanza en un proyecto que permitiría el cumplimiento de penas en domicilio para violadores de derechos humanos mayores de 70 años con enfermedades graves.

Para las agrupaciones de víctimas, esto no representa humanidad: representa impunidad encubierta.


Los pilares que aún resisten

Plan Nacional de Búsqueda de Verdad y Justicia

El PNB fue concebido como una política permanente del Estado chileno para determinar el destino de las personas víctimas de desaparición forzada.

Su misión sigue siendo urgente: encontrar a quienes aún faltan, reconstruir la verdad y entregar una mínima paz a las familias.


Reparación integral

El Estado mantiene el Área de Acompañamiento del Programa de Derechos Humanos, ofreciendo orientación social, apoyo institucional y beneficios a familiares de víctimas.

Actualmente se brinda atención a más de 9.107 personas relacionadas con 2.925 víctimas directas.

Pero la reparación económica y moral sigue siendo insuficiente, tardía y muchas veces humillante.

La justicia que llega después de medio siglo no puede llamarse plenamente justicia.


Procesos judiciales en marcha

Los tribunales chilenos continúan investigando causas vinculadas a desapariciones forzadas, torturas y ejecuciones políticas.

Pero el paso del tiempo favorece a los victimarios: muchos mueren impunes, otros reciben beneficios carcelarios, mientras las víctimas envejecen esperando respuestas que nunca llegan.

La justicia tardía también es una forma de injusticia.


La resistencia de las víctimas

Denuncias ante la CIDH

Más de 80 organizaciones de derechos humanos han recurrido a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para denunciar lo que consideran un desmantelamiento progresivo de la institucionalidad de memoria, verdad y justicia en Chile.

La alerta internacional demuestra que esta preocupación ya no es solo interna: el mundo observa.


La guerra interna: la manipulación de los datos de las víctimas de pinochet


La defensa de la memoria

Instituciones como el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos continúan cumpliendo un rol fundamental en la preservación documental, educativa y ética de la verdad histórica.

Porque un país que olvida, está condenado a repetir su tragedia.


Mi Reflexión final

El problema no es solo el actual gobierno.

También lo son aquellos gobiernos anteriores que prometieron justicia y entregaron administración del dolor; que hablaron de reparación mientras perpetuaban el abandono; que usaron a las víctimas como símbolo de campaña y luego las dejaron esperando décadas.

Hoy Chile enfrenta una decisión moral profunda: defender la memoria o normalizar el olvido.

La deuda con las víctimas de la dictadura no prescribe.

No se archiva.

No se negocia.

No se olvida.

Porque mientras exista un detenido desaparecido sin respuesta, una madre sin justicia y un torturador sin condena real, la democracia chilena seguirá incompleta.

Y la historia seguirá exigiendo verdad.

2026/04/17

CHILE NO ES SOLO LA ZONA CENTRAL

 Por Rodolfo Varela

La reciente declaración pública de un grupo de alcaldes y alcaldesas en Chile, en respuesta al discurso del presidente José Antonio Kast, deja en evidencia no solo una disputa política coyuntural, sino algo mucho más profundo: la persistente desconexión entre la élite política y la realidad completa del país.


Chile, país rico con el  pueblo de norte pobre


Porque aquí hay una verdad incómoda que pocos quieren reconocer: Chile no es Santiago ni su zona central.

El norte rico… con su pueblo pobre

Resulta imposible hablar de justicia social sin mirar al norte de Chile.


Allí están algunas de las mayores riquezas del mundo:

  • El cobre, motor histórico de la economía nacional
  • El litio, considerado el “oro blanco” del futuro

Ambos recursos estratégicos, explotados durante décadas, sostienen gran parte del desarrollo económico del país.


Cómo es la minería en el Norte Grande?


Y sin embargo, basta viajar por el norte para encontrarse con una realidad que golpea la conciencia:

  • Campamentos extendidos
  • Viviendas precarias y humillantes
  • Falta de servicios básicos en muchas zonas
  • Comunidades que viven al margen del progreso que ellas mismas generan
  • Es decir, de la tierra que sostiene a Chile, emerge una de las mayores desigualdades del país.

Esta no es solo una injusticia económica.
Es una injusticia moral.



DESIGUALDAD SOCIAL. Se estanca el Índice de Calidad de Vida en Antofagasta mientras las mineras obtienen miles de millones


Una crítica con memoria corta

Los alcaldes firmantes acusan al gobierno de favorecer a los sectores más ricos, de no abordar la seguridad y de impulsar medidas regresivas. Parte de esas críticas pueden ser atendibles.

Pero lo que resulta inaceptable es el tono de superioridad moral.

Porque muchos de estos sectores políticos han gobernado Chile durante años y no cambiaron esta realidad del norte.


No terminaron con la pobreza en las zonas mineras.
No redistribuyeron la riqueza de manera justa.
No dignificaron la vida de quienes generan el sustento del país.

Entonces, la pregunta es inevitable:
¿por qué ahora sí?


Hipocresía y centralismo

Aquí no solo hay hipocresía.
Hay también un centralismo profundamente arraigado.

Chile sigue siendo administrado como si su corazón estuviera únicamente en la zona central, mientras el norte produce y el sur alimenta… pero ambos quedan relegados.

Se habla de equidad, pero se gobierna con lógica centralista.
Se invoca al pueblo, pero no se lo escucha en sus territorios.


El país real vs. el país político

El Chile real no está en los discursos.

Está en el trabajador del norte que vive en condiciones indignas mientras bajo sus pies se extraen millones.
Está en las familias que no llegan a fin de mes.
Está en quienes siguen esperando justicia desde hace décadas.

El Chile político, en cambio, sigue atrapado en declaraciones, disputas y cálculos.


Kast, la memoria y la responsabilidad transversal

Es evidente la distancia con el gobierno de José Antonio Kast, especialmente por su mirada sobre la historia reciente de Chile.

Pero también es necesario decirlo con claridad:
la responsabilidad no es solo de un gobierno.

Es de toda una clase política que, durante años, administró el país sin resolver sus desigualdades más evidentes.



Declaración de Memorial Paine ante el inminente gobierno de José Antonio Kast.


Chile no se mendiga, se respeta

El norte no puede seguir siendo una zona de sacrificio.
No puede seguir siendo el lugar donde se extrae la riqueza mientras su gente vive en condiciones indignas.

Porque Chile no se construye desde Santiago.
Se construye desde cada región, desde cada trabajador, desde cada familia que sostiene este país.

Conclusión: la deuda sigue abierta

Chile tiene una deuda:

  • Con su gente del norte
  • Con sus regiones olvidadas
  • Con los trabajadores explotados
  • Y con las víctimas de su historia

Y esa deuda no se paga con declaraciones públicas.

Se paga con decisiones, con justicia y con dignidad.

2026/04/14

53 años de espera: cuando la justicia llega tarde, no es justicia

 Por Rodolfo Varela

Han pasado más de cinco décadas desde el golpe de Estado del Golpe de Estado en Chile de 1973, encabezado por Augusto Pinochet, y aún hoy seguimos hablando de “avances” judiciales como si fueran triunfos.


Pero no lo son.

Son recordatorios brutales de una verdad incómoda: la justicia en Chile ha sido lenta, indiferente y, muchas veces, cruel con las víctimas.
La reciente resolución de la ministra Marianela Cifuentes, que somete a proceso a un exmilitar por el secuestro calificado de Luis René Lobos Gutiérrez y Carlos Jerman Maldonado Torres, no puede ser celebrada sin dolor.




Carlos Jermán Maldonado Torres- Detenido Desaparecido 1973


Porque llega 53 años tarde.

¿Qué justicia puede reparar medio siglo de sufrimiento?

Desde el 21 de octubre de 1973, estas víctimas permanecen desaparecidas.
Sus familias han vivido más de cinco décadas de incertidumbre, angustia y abandono.

No hubo respuestas.
No hubo verdad.
No hubo justicia.

Y ahora, cuando finalmente el aparato judicial reacciona, lo hace con una lentitud que roza lo inhumano.


Porque la verdadera pregunta es inevitable:


¿de qué sirve una condena cuando la vida ya fue arrebatada y el tiempo lo ha destruido todo?

El Estado que llega tarde… y paga mal

En Chile, la llamada “reparación” a las víctimas de la dictadura ha sido, en muchos casos, una humillación institucionalizada.


La gran deuda social de Chile


Pensiones miserables.


Montos que no alcanzan para vivir con dignidad.
Descuentos injustos a través de FONASA.
Trámites interminables.
Burocracia que desgasta, revictimiza y degrada.

Las víctimas y sus familias no son tratadas como sujetos de derecho, sino como si estuvieran pidiendo un favor.

Y eso es inaceptable.

La violencia que no terminó en 1973


Porque no nos engañemos:
la violencia no terminó con los secuestros, ni con las ejecuciones, ni con las desapariciones.

La violencia continúa cada vez que:

  • se retrasa un proceso judicial
  • se niega una reparación digna
  • se obliga a una madre, a un hijo o a un sobreviviente a mendigar lo que le corresponde

Eso también es violencia.
Una violencia más silenciosa, pero igual de brutal.

Una deuda que el Estado chileno no ha querido saldar

Han pasado más de 50 años y el Estado chileno sigue en deuda.

No basta con procesar a un responsable cuando muchos ya han muerto en la impunidad.
No basta con pensiones simbólicas que condenan a la pobreza a quienes ya lo perdieron todo.
No basta con discursos de memoria si no hay justicia real.

Chile no puede seguir construyendo su presente sobre la base del olvido, la negligencia y la indiferencia.

Memoria, dignidad y justicia real

La resolución de la ministra Cifuentes debe ser un punto de inflexión, no un cierre.

Porque aquí no se trata solo de un caso.
Se trata de miles.


Chile necesita justicia (la justicia que tarda no es justicia).

Se trata de un país que aún no ha sido capaz de mirar de frente su historia.

Se trata de familias que envejecieron esperando justicia… y muchas murieron sin verla.

La justicia que llega tarde no es justicia.
Es apenas un gesto tardío que no repara, no consuela y no devuelve lo perdido.

Y mientras el Estado siga respondiendo con migajas, burocracia y desprecio, la herida seguirá abierta.

Porque la memoria no se negocia.
La dignidad no se mendiga.
Y la justicia… no puede seguir esperando.


2026/04/13

Chile : “Reconstrucción”: el relato político que borra responsabilidades

Por Rodolfo Varela

La frase “Es importante mantener este proyecto junto, es toda una bomba de energía”, pronunciada por el diputado y presidente de la Cámara, Jorge Alessandri (UDI), no es casual ni inocente. Surge en medio del debate sobre un supuesto “plan de reconstrucción” para Chile, impulsado desde la derecha política.


Presidente de la Cámara, Jorge Alessandri (UDI).


Pero cabe preguntarse: ¿reconstrucción de qué… y después de quién?

Porque cuando la derecha habla de “reconstruir Chile”, instala implícitamente una narrativa: que el país fue “quebrado” por gobiernos de izquierda. Y ahí comienza el problema. No es solo una interpretación política; es una construcción discursiva que no resiste el peso de los datos ni de la memoria reciente.


Pinochet, corrupción y crimen organizado


La expresión “bomba de energía” intenta transmitir unidad, impulso y cohesión dentro de su sector. Sin embargo, también revela algo más profundo: la necesidad urgente de alinear un relato político que simplifica la historia y desplaza responsabilidades.


La memoria económica que incomoda


Afirmar que Chile fue “quebrado” por la centroizquierda tras el fin de la dictadura no se sostiene con evidencia empírica.

Los datos son claros:

  • Crecimiento histórico en los años 90:
    Durante los gobiernos de la Concertación (1990–2010), Chile creció a tasas superiores al 6% anual, el mayor ciclo de expansión en su historia reciente.
  • Reducción drástica de la pobreza:
    De niveles cercanos al 45% en 1990 a cifras de un solo dígito en décadas posteriores.
  • Expansión del PIB per cápita:
    Un aumento cercano al 167% en 30 años, posicionando a Chile como país de altos ingresos.
  • Estabilidad institucional:

  • Se consolidó un modelo de apertura económica, con autonomía del Banco Central y baja deuda pública.

Estos no son relatos ideológicos, son cifras respaldadas por organismos internacionales.

¿Y la derecha no gobernó?

Aquí aparece la gran omisión del discurso actual.

Chile también fue gobernado por la derecha, particularmente bajo los dos mandatos de Sebastián Piñera:

  • 2010–2014: crecimiento promedio cercano al 5,4%
  • 2018–2022: crecimiento más bajo (2,3%–2,7%), marcado por el estallido social y la pandemia

Corrupción en venta de Dominga durante primer mandato de Piñera


Durante su segundo gobierno, la economía cayó un 6% en 2020, seguida de un rebote excepcional de 11,7% en 2021.

Entonces, si hoy se habla de “reconstrucción”, es imposible excluir a esos gobiernos de la ecuación. La realidad es más compleja: no hay un solo responsable, ni un solo ciclo político al que culpar.

El verdadero problema: confianza y gestión

Donde sí hay una crítica legítima —y necesaria— es en la gestión política y ética.

Casos como Caval y otros escándalos de financiamiento irregular dañaron profundamente la confianza en las instituciones. A esto se suma la incapacidad de concretar reformas estructurales en áreas clave como pensiones, salud y educación.

Y aquí aparece una deuda aún más dolorosa:
el abandono persistente de las víctimas de la dictadura, muchas de las cuales siguen sobreviviendo con pensiones indignas, invisibles para el poder político.

El problema, entonces, no fue una “quiebra económica”, sino una fractura moral, política y social.


Presidentes de Izquierda de Chile


Autocríticas parciales, ciudadanía distante

La centroizquierda ha hecho autocríticas, pero de manera fragmentada:

  • Se reconoce que se subestimó la desigualdad
  • Se admite que no se avanzó lo suficiente en reformas estructurales
  • Se acepta que el modelo profundizó el endeudamiento de las familias

Por su parte, las nuevas generaciones políticas que criticaron duramente esos “30 años” hoy enfrentan la complejidad real del Estado, evidenciando que gobernar es muy distinto a teorizar.

Sin embargo, el problema de fondo persiste:
estas autocríticas no se traducen en cambios concretos para la ciudadanía.

El relato versus la realidad

Hoy, el discurso de la “reconstrucción” parece más una estrategia política que un diagnóstico serio.

Porque reconstruir implica reconocer ruinas.
Y Chile no es un país en ruinas económicas.


Presidente do Chile, Boric admite erros no mandato


Es un país con:

  • instituciones relativamente sólidas
  • pero con un Estado tensionado
  • con menos margen fiscal
  • y con una ciudadanía profundamente desconfiada

Reducir todo eso a una consigna es, en el mejor de los casos, simplista. En el peor, una manipulación.

Mi Reflexión final

El debate no debería centrarse en quién “quebró” Chile, sino en quién está dispuesto a asumir responsabilidades reales.

Porque mientras la política construye relatos,
el pueblo muchas veces los compra…
aunque no reflejen su propia realidad.

Y ahí está el mayor peligro: cuando la memoria se reemplaza por conveniencia.

2026/03/31

“Colonia Dignidad: la memoria que la política quiere enterrar”


Por Rodolfo Varela

En Chile no solo se ha violado la dignidad humana.
También se ha violado la memoria.

Y lo más grave: se sigue haciendo.


Colonia Dignidad: verdad, justicia y memoria


La decisión del gobierno de José Antonio Kast de frenar la expropiación de la ex Colonia Dignidad no es un error administrativo.
Es una decisión política.
Es una señal.
Y es peligrosa.


Un enclave del horror protegido por el poder

Aquí no hay espacio para medias verdades.

Colonia Dignidad no fue solo una secta liderada por Paul Schäfer.
Fue un centro de detención, tortura, abuso sexual y desaparición forzada.

Y operó con la protección directa de la dictadura de Augusto Pinochet.


Durante años, ese lugar funcionó como un Estado paralelo, al servicio del terror.
Hubo complicidad, silencio y encubrimiento.

Intentar hoy relativizar su importancia histórica
no es ignorancia: es complicidad tardía.


Augusto Pinochet visitando Colonia Dignidad, a su derecha Paul Schäfer


El argumento del presupuesto: una excusa inmoral

El gobierno habla de falta de recursos.

Pero la pregunta es brutal y necesaria:

¿Cuánto cuesta la dignidad de un país?

Cuando se trata de memoria, justicia y verdad,
el presupuesto no puede ser excusa.

Porque cuando el Estado decide no invertir en memoria,
en realidad está invirtiendo en olvido.


La política: culpable transversal

Y aquí no hay espacio para hipocresías.

La derecha gobernó y no hizo lo suficiente.
La izquierda gobernó durante décadas y tampoco resolvió lo esencial.

Ambos sectores han jugado con la memoria.
La han usado como discurso.
La han abandonado como política.

Mientras tanto, los sobrevivientes, las familias y las víctimas
siguen esperando.


Una bofetada a las víctimas

Frenar la expropiación no es solo detener un proyecto.

Es decirle a las víctimas:
“su dolor puede esperar”.

Es decirle a los desaparecidos:
“su verdad no es prioridad”.

Es decirle al país:
“la historia se puede negociar”.

Y eso, parcero,
es inaceptable.


Recuerdos de Colonia Dignidad destapan un secreto


¿Hasta cuándo Chile?

¿Hasta cuándo el pueblo chileno va a tolerar esto?
¿Hasta cuándo la memoria seguirá dependiendo del color político del gobierno de turno?

Los que vivimos la represión no olvidamos.
No perdonamos la impunidad.
No negociamos la memoria.


Conclusión

La memoria no se negocia.
La memoria no se posterga.
La memoria no se traiciona.

Porque cuando un país entierra su historia,
termina enterrando su democracia.

Y en Chile,
eso ya lo vivimos.

2026/03/30

“No basta con no pedir perdón: la izquierda que olvidó a su propio pueblo”

 Por Rodolfo Varela

Las palabras de la senadora Beatriz Sánchez han generado debate:
“¡Ya basta de pedir perdón por ser de izquierda!”


¡Ya basta de pedir perdón por ser de izquierda!,

Y es cierto.
Nadie tiene que pedir perdón por sus convicciones.

Pero aquí no estamos discutiendo ideología.
Estamos hablando de responsabilidad.


Yo no hablo desde la teoría. Yo soy la historia.

Fui preso político.
Fui torturado.
Fui exonerado.
Fui exiliado.

El 11 de septiembre de 1973, mientras Chile se quebraba bajo las bombas sobre La Moneda, yo estaba en una radio.

No me lo contaron.
Yo lo viví.

Y por eso lo digo con claridad:

Esta izquierda que gobernó Chile durante décadas no me representa.


53 anos do golpe no Chile


No es orgullo. Es negación.

Defender ideales como la justicia social nunca será motivo de vergüenza.

Pero negar los errores y las deudas sí lo es.


Porque durante años, sectores de la izquierda y la centroizquierda:

  • Administraron el modelo que prometieron cambiar
  • Normalizaron abusos estructurales
  • Se alejaron del pueblo que decían representar


Las deudas que nadie quiere nombrar

Porque Chile no es un discurso.
Es una herida abierta.


El negocio de las adopciones ilegales en Chile no es una historia (solo) de la dictadura


¿Sabe la senadora lo que significa que aún existan niños y niñas vulnerados, desaparecidos dentro del sistema, arrancados de sus familias y tratados como mercancía?

¿Sabe lo que significa para miles de familias haber sido olvidadas —no por la dictadura— sino por los gobiernos que vinieron después?

¿Sabe que hay víctimas que sobreviven con pensiones indignas, que no alcanzan para vivir con dignidad?

¿Sabe que aún existen restos humanos sin identificar en el Servicio Médico Legal de Chile, esperando verdad y justicia?


SML ya había informado que mantiene restos de 300 presuntas víctimas sin identificar


¿Sabe —o prefiere no saber— que la corrupción atravesó distintos gobiernos tras la dictadura de Augusto Pinochet?


No es pedir perdón. Es asumir la verdad

Nadie exige una izquierda arrodillada.
Se exige una izquierda honesta.


Que sea capaz de decir:

— Nos equivocamos
— No hicimos lo suficiente
— Le fallamos a nuestra gente

Eso no debilita.
Eso dignifica.


El silencio también es traición

Porque callar frente a estas realidades no es neutralidad.

Es complicidad.

Y cuando se administra la injusticia en lugar de enfrentarla,
lo que fracasa no es un gobierno.

Fracasa un proyecto moral.


El pueblo no es ganado

Durante años nos trataron como cifras.
Como votos seguros.
Como masas manipulables.

Pero no lo somos.

Somos memoria.
Somos dignidad.
Somos historia viva.


Chile vota conscientemente


El juicio final no es hoy

La senadora Beatriz Sánchez recién comienza su mandato.

Pero la historia no se escribe con discursos.

Se escribe con hechos.

Y será el pueblo quien, una vez más, tenga la última palabra.


Porque algunos no olvidamos

Porque algunos no estudiamos la historia.

La vivimos.

2026/03/28

“Ceguera política y silencio cómplice: la vergüenza de Chile ante el respaldo internacional a Bachelet”

 Por Rodolfo Varela

Mientras el mundo observa, Chile calla. Y ese silencio —más que una omisión— comienza a transformarse en complicidad.


Brasil y México respalda a la expresidenta Michelle Bachelet para dirigir la ONU


El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, ha dado una señal clara, firme y coherente: respaldar la candidatura de Michelle Bachelet a la Secretaría General de la Organización de las Naciones Unidas. Lo hace no por afinidad ideológica ciega, sino por reconocimiento a una trayectoria internacional sólida, construida con años de experiencia en derechos humanos, diplomacia y liderazgo global.


Y aquí es donde Chile se desploma.

Porque mientras Brasil y México sostienen con dignidad una candidatura latinoamericana histórica, el propio gobierno chileno decide restarse. ¿La razón? Diferencias políticas. ¿El resultado? Una señal de pequeñez institucional y de una alarmante falta de visión de Estado.


No se trata de estar de acuerdo o no con Michelle Bachelet. Se trata de entender lo que representa: una oportunidad única para que América Latina tenga, por primera vez, una mujer liderando la ONU. Un hecho que trasciende partidos, gobiernos y coyunturas.


Desde “vergüenza mundial” a “cortina de humo”: Chilenos critica retiro de apoyo a Michelle Bachelet a la ONU


Pero en Chile, una vez más, prima la lógica mezquina.

El silencio del Congreso es ensordecedor. Ninguna voz firme. Ninguna defensa clara. Ningún gesto de unidad nacional frente a un escenario internacional que lo exigía. Parlamentarios mudos, sordos y ciegos ante una decisión que afecta la imagen del país en el mundo.


México mantiene su apoyo a Michelle Bachelet para dirigir la ONU.


Y entonces, inevitablemente, la historia vuelve.

Porque cuando un país castiga o abandona a quienes piensan distinto, cuando las diferencias políticas se transforman en vetos, cuando la mezquindad reemplaza al interés nacional… entramos en un terreno peligroso. Un terreno que Chile ya conoció.


Un terreno donde disentir tenía consecuencias.

No, no estamos en dictadura. Pero los gestos importan. Y este gesto —retirar el apoyo a una figura internacional por razones políticas internas— abre una herida que muchos creíamos cerrada.

Desde Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva da una lección de coherencia: se puede no coincidir plenamente y aun así reconocer el mérito. Se puede pensar distinto y, sin embargo, actuar con grandeza política.


Lula apoya la candidatura de la expresidenta chilena Michelle Bachelet para Secretaria General de la ONU.


En Chile, en cambio, el gobierno ha optado por lo contrario: la pequeñez.

Y lo más grave no es solo la decisión. Es el silencio que la rodea.

Un silencio que incomoda.
Un silencio que duele.
Un silencio que, en política, también es una forma de decir.

Hoy, Chile perdió una oportunidad de mostrarse al mundo como un país maduro, capaz de anteponer el interés nacional por sobre las disputas ideológicas.

Y eso, más que un error político, es una vergüenza histórica.


2026/03/27

Chile: cuando la crisis siempre la paga el mismo de siempre

No es la primera vez. Y lamentablemente, tampoco será la última.


Por Rodolfo Varela

Cada vez que el mundo entra en crisis —sea una guerra, una recesión o un conflicto geopolítico— el discurso se repite como un libreto gastado: “son factores externos”, “es la herencia del gobierno anterior”, “estamos haciendo lo posible”.


Esto es lo que pasa con la CRISIS EN CHILE


Pero en la práctica, en la vida real, en la calle… la historia es otra.

La paga, siempre, el mismo.

El trabajador que se levanta a las cinco de la mañana.
El que depende de una locomoción que no funciona.
El que vuelve a su casa de noche, después de jornadas interminables.
El que ve cómo su sueldo se evapora antes de fin de mes.


Un proyecto que suena bien… pero no cambia nada

El gobierno chileno acaba de aprobar medidas para contener el alza de la parafina. En el papel, suena responsable:

  • Aumento de 60 millones de dólares al Fondo de Estabilización del Petróleo.
  • Ajustes para mantener el precio del kerosene en niveles previos al conflicto en Medio Oriente.
  • Bonos de 100 mil pesos para transportistas.
  • Créditos tributarios diferenciados.

Todo muy técnico. Todo muy ordenado.

Pero la pregunta es simple:
¿A quién le cambia realmente la vida esto?

Porque mientras se discuten fórmulas y fondos, en los hogares más vulnerables la parafina sigue siendo un lujo. Calefaccionarse en invierno no es una opción: es una necesidad.

Y esa necesidad no está siendo resuelta.


Pobreza: el peligro que enfrenta cerca de la mitad de la población en Chile


El engaño estructural

Aquí no estamos frente a una solución.
Estamos frente a una contención política.

Una medida que busca calmar el malestar, no resolver el problema.

Se estabiliza el precio… pero en niveles que ya son altos.
Se entregan bonos… pero focalizados en sectores específicos.
Se habla de responsabilidad fiscal… mientras el costo social sigue creciendo.

Y lo más grave:
se instala nuevamente el relato de que la culpa es del pasado.

Ese discurso ya no resiste análisis.

Gobiernos de izquierda, de derecha, de centro… todos han utilizado la misma excusa. Es el refugio perfecto para no asumir responsabilidades en el presente.


La crisis global como excusa local

Sí, el mundo está en crisis.
Sí, los conflictos internacionales impactan los precios.

Pero también es cierto que los gobiernos deciden cómo se distribuye ese impacto.

Y en Chile —como en gran parte de América Latina— la decisión parece ser siempre la misma:
traspasar el costo a la ciudadanía.

A las familias.
A los trabajadores.
A los que no tienen margen para absorber más golpes.