La llegada de José Antonio Kast a la Presidencia de Chile marca un nuevo capítulo en la historia política del país.
No se trata solamente de una alternancia democrática en el poder, sino también del ascenso de un proyecto político que muchos consideran profundamente ligado a la matriz ideológica y económica instalada durante la dictadura de Augusto Pinochet.
Kast ha construido su liderazgo político defendiendo un programa que combina la reducción del gasto público, un Estado más pequeño, una economía fuertemente liberalizada y una agenda de seguridad basada en la mano dura, junto con un discurso crítico hacia la inmigración y hacia diversos movimientos sociales.
Sin embargo, más allá del debate político contemporáneo, su llegada al poder vuelve a abrir una discusión que Chile nunca ha logrado cerrar completamente: la relación entre la democracia actual y el legado político, económico y moral de la dictadura militar.
Un vínculo histórico con el régimen de Pinochet
Su hermano, Miguel Kast, fue ministro durante la dictadura y posteriormente presidente del Banco Central en ese mismo período. Además, diversas figuras cercanas a su entorno político han tenido vínculos históricos con el aparato jurídico y político que defendió al régimen militar.
En más de una ocasión, Kast ha señalado que si el dictador Pinochet estuviera vivo, votaría por él, una declaración que inevitablemente genera controversia en un país que aún busca verdad, justicia y reparación para miles de víctimas de violaciones a los derechos humanos.
Durante la dictadura, organismos represivos como la Dirección de Inteligencia Nacional y posteriormente la Central Nacional de Informaciones fueron responsables de persecuciones políticas, torturas, ejecuciones y desapariciones forzadas.
Para quienes vivimos ese período —y para quienes fuimos perseguidos, encarcelados o obligados al exilio— cualquier intento de relativizar los crímenes de la dictadura no es solo una interpretación histórica: es una ofensa a la memoria de las víctimas y una herida que Chile aún no ha logrado cerrar.
El modelo económico que nunca desapareció
Otro de los pilares del proyecto político de Kast es la defensa del modelo económico heredado de los llamados Chicago Boys.
Este grupo de economistas impulsó durante la dictadura profundas reformas basadas en privatizaciones, apertura radical de los mercados y una fuerte reducción del rol del Estado.
Entre las instituciones más representativas de ese modelo se encuentra el sistema de pensiones administrado por las Administradoras de Fondos de Pensiones, ampliamente cuestionado por amplios sectores de la sociedad chilena debido a las bajas pensiones que reciben millones de jubilados.
Las posiciones de Kast en este tema han sido claras: defender el sistema actual y resistir reformas estructurales profundas.
Incluso investigaciones recientes han señalado vínculos entre asesores cercanos a su entorno económico y organizaciones financiadas por la industria de las AFP, como la fundación “Ciudadanos en Acción”, encabezada por el economista Bernardo Fontaine.
El alineamiento con la nueva derecha internacional
La victoria de Kast también debe entenderse dentro de un fenómeno político más amplio.
Su discurso y su estrategia se alinean con el ascenso de una nueva derecha global, que ha tenido como una de sus figuras más influyentes al presidente estadounidense Donald Trump.
En materia de seguridad e inmigración, Kast ha adoptado un discurso similar: control más estricto de las fronteras, expulsión de inmigrantes en situación irregular y la construcción de barreras en la frontera norte de Chile, iniciativa conocida como “Escudo Fronterizo”.
Mi pensamiento es que este posicionamiento podría representar un nuevo alineamiento automático con Washington, algo que la historia latinoamericana ha demostrado muchas veces tener costos políticos, económicos y estratégicos para la soberanía de los países de la región.
Al mismo tiempo, su visión geopolítica busca reforzar la cooperación con Estados Unidos en áreas estratégicas, como la seguridad y los minerales críticos —especialmente el cobre y el litio— en un contexto de creciente competencia internacional con China.
Un debate que va más allá de la política
Más allá de las disputas partidarias, el ascenso de Kast plantea preguntas profundas para la sociedad chilena.
¿Está Chile dispuesto a enfrentar su historia reciente con honestidad y memoria?
¿Puede el país avanzar hacia el futuro sin resolver plenamente las heridas del pasado?
Las intervenciones extranjeras, las rupturas democráticas y las violaciones sistemáticas de los derechos humanos dejaron cicatrices profundas en la sociedad chilena y en sus instituciones.
El desafío de esta nueva etapa política no es solamente económico o institucional.
Es también un desafío moral, histórico y democrático.
Porque un país que olvida su historia siempre corre el riesgo de repetirla.
✍️ Rodolfo Varela
Locutor profesional chileno
Testigo y sobreviviente de la dictadura militar