El Consejo Nacional de Televisión de Chile (CNTV) decretó una medida histórica e inédita en la pantalla local: la suspensión unánime de las transmisiones de La Red por 10 días corridos [La Red]. El motivo de fondo es una multa administrativa impaga de 200 UTM (aproximadamente $14,1 millones de pesos chilenos) derivada de no entregar a tiempo sus balances financieros ante la Comisión para el Mercado Financiero (CMF) [La Red].
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Sin embargo, la pantalla en negro que verán los televidentes no es un hecho aislado. Es el síntoma terminal de una profunda crisis estructural, provocada por gestiones ejecutivas deficientes y un modelo de propiedad que tiene a los medios de comunicación chilenos en manos de capitales extranjeros sin ningún compromiso real con el país.
El detonante de la sanción
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Este millonario descuido financiero se suma a un pasivo total que arrastra la estación y que supera los $73 mil millones de pesos chilenos. Hoy, lo que alguna vez fue una alternativa programática vibrante, sobrevive de manera automatizada transmitiendo infomerciales, televentas y series envasadas extranjeras.
Ejecutivos de paso y falta de competencia
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Cuando los ingresos publicitarios se desplomaron, la gestión local careció de la autonomía, la visión y la pericia técnica para frenar la sangría. En lugar de buscar soluciones sostenibles, los ejecutivos optaron por la vía de la precarización, acumulando deudas y dejando de pagar los sueldos e imposiciones de sus propios trabajadores para usarlos como un "salvavidas" desesperado. Una planta laboral que en su época de gloria contaba con cientos de profesionales, hoy ha quedado reducida al mínimo histórico de cerca de 35 operarios que han denunciado pasar hasta cinco meses sin recibir sus remuneraciones [El Mostrador].
El peligro de los medios sin arraigo local: El fin de nuestra identidad
Para estas corporaciones multinacionales, la televisión no es un servicio público ni un compromiso social; es una simple planilla de costos y un negocio inmobiliario de frecuencias. Al gestionarse desde el extranjero, estas empresas demuestran una total falta de compromiso con la cultura, las tradiciones y las costumbres de los chilenos. No les interesa reflejar nuestra identidad nacional, promover a nuestros artistas locales ni educar a nuestras audiencias. El resultado es el vaciado de las pantallas, donde la programación nacional es reemplazada por contenidos enlatados y genéricos que nada tienen que ver con la realidad de las familias en Chile.
Una reflexión urgente
Los grupos que controlan la media en Chile
El apagón de La Red no es solo el castigo a una morosidad financiera. Es una advertencia urgente sobre el peligro de entregar la soberanía informativa y cultural del país a capitales que no valoran nuestra idiosincrasia. Cuando la televisión se gestiona sin alma, a la distancia y despreciando nuestras costumbres, los primeros que pierden el empleo son los trabajadores de las comunicaciones, pero el que verdaderamente pierde su identidad y su voz es todo el pueblo chileno.