Por Rodolfo Varela
Hablar hoy del sistema político chileno es, para mí, un ejercicio de profunda frustración y dolor cívico. No exagero cuando afirmo que la clase política se ha transformado en un cáncer social, una enfermedad persistente que carcome la confianza, la dignidad y el futuro del país.

Lo más grave no es solo su existencia, sino que gran parte de la población aún cree en sus promesas vacías, atrapada en un ciclo de mentiras que se repite elección tras elección.
Chile lleva décadas prisionero de un sistema político que, bajo el rótulo de democracia, ha fallado sistemáticamente en cumplir sus compromisos fundamentales. Derecha, izquierda y centro han gobernado con discursos distintos, pero con resultados dolorosamente similares: más pobreza, más desigualdad, precariedad laboral, crisis en salud y educación, déficit habitacional y una ciudadanía cada vez más desinformada y resignada.
La ignorancia no es un error del sistema: es parte de su estrategia.
Un pueblo mal informado y empobrecido es un pueblo dependiente del Estado, y esa dependencia se traduce en votos cautivos.
Democracia sin rendición de cuentas
Cuando la política deja de servir al bien común y pasa a servir intereses personales y partidarios, deja de ser democracia y se convierte en una simulación peligrosa.

Polarización: dividir para gobernar
La confrontación permanente no es accidental: distrae, divide y oculta la falta de soluciones concretas.
Medios concentrados, verdad fragmentada
Sin información veraz y diversa, no hay ciudadanía crítica.
Sin ciudadanía crítica, el abuso se perpetúa.
Parálisis legislativa y políticas mediocres
La lucha política consume recursos, tiempo y energía que deberían estar destinados a mejorar la vida de las personas.
El alto costo del “cáncer político”
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Presidente de la República:
Sueldo actual cercano a $5.742.240.
Desde 2026: $10.269.076 brutos mensuales. -
Ministros/as:
Aproximadamente $7.743.306 brutos mensuales. -
Subsecretarios/as:
Cerca de $7.096.720 brutos mensuales. -
Parlamentarios (diputados y senadores):
Dieta bruta mensual de $7.348.983, más asignaciones que pueden superar los $12 millones mensuales.
Todo esto en un país donde millones de personas no logran cubrir sus necesidades básicas.
¿Reformas? Sí, pero insuficientes

Una reflexión final
Chile no sufre una crisis momentánea.
Chile sufre una enfermedad política crónica.
Mientras la ciudadanía no despierte, mientras siga creyendo en promesas recicladas y discursos vacíos, este cáncer seguirá avanzando. Denunciarlo no es antipatriótico; callar sí lo es.
La historia juzgará a quienes gobernaron mal, pero también a quienes, pudiendo ver, decidieron mirar hacia otro lado.