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2026/01/07

El cáncer político en Chile: una enfermedad crónica que la ciudadanía sigue tolerando

Por Rodolfo Varela

Hablar hoy del sistema político chileno es, para mí, un ejercicio de profunda frustración y dolor cívico. No exagero cuando afirmo que la clase política se ha transformado en un cáncer social, una enfermedad persistente que carcome la confianza, la dignidad y el futuro del país. 


La política es peor que el cáncer: el cáncer mata a unas pocas personas, la política mata a una nación entera.

Lo más grave no es solo su existencia, sino que gran parte de la población aún cree en sus promesas vacías, atrapada en un ciclo de mentiras que se repite elección tras elección.

Chile lleva décadas prisionero de un sistema político que, bajo el rótulo de democracia, ha fallado sistemáticamente en cumplir sus compromisos fundamentales. Derecha, izquierda y centro han gobernado con discursos distintos, pero con resultados dolorosamente similares: más pobreza, más desigualdad, precariedad laboral, crisis en salud y educación, déficit habitacional y una ciudadanía cada vez más desinformada y resignada.

La ignorancia no es un error del sistema: es parte de su estrategia.

Un pueblo mal informado y empobrecido es un pueblo dependiente del Estado, y esa dependencia se traduce en votos cautivos.


Democracia sin rendición de cuentas

Se nos dice que la competencia política garantiza control y fiscalización. La realidad demuestra lo contrario. La rendición de cuentas es prácticamente inexistente. La corrupción se repite, los escándalos se archivan y los responsables rara vez pagan consecuencias reales. Esta impunidad sistemática ha erosionado el contrato social y ha instalado un cinismo profundo en la ciudadanía.

Cuando la política deja de servir al bien común y pasa a servir intereses personales y partidarios, deja de ser democracia y se convierte en una simulación peligrosa.


La corrupción, un cáncer que se alimenta de la crisis valórica de la sociedad.

Polarización: dividir para gobernar

La polarización política es otra metástasis de este cáncer. Los adversarios no son vistos como interlocutores, sino como enemigos. No existe voluntad de diálogo ni búsqueda de acuerdos reales. El resultado es un país paralizado, con reformas urgentes bloqueadas mientras los parlamentarios siguen recibiendo salarios y privilegios de primer mundo.

La confrontación permanente no es accidental: distrae, divide y oculta la falta de soluciones concretas.


Medios concentrados, verdad fragmentada

Chile enfrenta además una alta concentración de la propiedad de los medios de comunicación, en manos de unos pocos consorcios, algunos con capital extranjero. Esta realidad amenaza la pluralidad informativa y condiciona la línea editorial, afectando la identidad cultural y la calidad de la información que recibe la población.

Sin información veraz y diversa, no hay ciudadanía crítica.
Sin ciudadanía crítica, el abuso se perpetúa.




Parálisis legislativa y políticas mediocres

La incapacidad de llegar a acuerdos se traduce en proyectos de ley estancados: salud, educación, vivienda e infraestructura quedan relegados, mientras la clase política negocia beneficios personales. Cuando finalmente se aprueban políticas públicas, muchas veces son soluciones débiles, mal diseñadas y alejadas de las verdaderas necesidades del país.


La lucha política consume recursos, tiempo y energía que deberían estar destinados a mejorar la vida de las personas.


El alto costo del “cáncer político”

Mientras la población sobrevive con salarios mínimos y pensiones indignas, el costo de mantener esta estructura es obsceno:


  • Presidente de la República:
    Sueldo actual cercano a $5.742.240.
    Desde 2026: $10.269.076 brutos mensuales.

  • Ministros/as:
    Aproximadamente $7.743.306 brutos mensuales.

  • Subsecretarios/as:
    Cerca de $7.096.720 brutos mensuales.

  • Parlamentarios (diputados y senadores):
    Dieta bruta mensual de $7.348.983, más asignaciones que pueden superar los $12 millones mensuales.

Todo esto en un país donde millones de personas no logran cubrir sus necesidades básicas.


¿Reformas? Sí, pero insuficientes

El Estado ha impulsado leyes contra la corrupción, protección al denunciante y delitos de cuello y corbata. Sin embargo, la percepción ciudadana en 2025 es clara: estas medidas no han cambiado sustancialmente la realidad. La impunidad sigue siendo la norma.

El presupuesto total de gastos del Gobierno de Chile para el año 2026 asciende a aproximadamente 86,2 billones de pesos.


Una reflexión final

Chile no sufre una crisis momentánea.
Chile sufre una enfermedad política crónica.

Mientras la ciudadanía no despierte, mientras siga creyendo en promesas recicladas y discursos vacíos, este cáncer seguirá avanzando. Denunciarlo no es antipatriótico; callar sí lo es.

La historia juzgará a quienes gobernaron mal, pero también a quienes, pudiendo ver, decidieron mirar hacia otro lado.