Por Rodolfo Varela
La llegada del Presidente Gabriel Boric a Rapa Nui, en el último mes de su mandato, no fue un acto de reparación histórica. Fue un gesto tardío. Y en política, lo tardío muchas veces se convierte en burla.
La comunidad lo dejó claro. Protestó. No con violencia, sino con dignidad. Con memoria. Con cansancio acumulado.
Porque no se trata solo de una visita. Se trata de décadas de abandono.
Ni la derecha ni la izquierda: el abandono ha sido transversal
Chile debe asumir una verdad incómoda: el desprecio hacia los pueblos originarios no tiene color político.
Gobernó la dictadura de Augusto Pinochet.
Gobernó la centroizquierda con Michelle Bachelet.
Gobernó la derecha empresarial con Sebastián Piñera.
Gobierna hoy la izquierda con Gabriel Boric.
¿Y qué cambió estructuralmente para Rapa Nui?
¿Dónde está la verdadera autonomía?
¿Dónde está el respeto a la libre determinación?
¿Dónde están las soluciones concretas en conectividad, salud, infraestructura y soberanía administrativa?
El 87% de la comunidad rechazó el Estatuto Especial propuesto. Eso no es un matiz político. Es un mensaje rotundo.
Una visita que llega cuando el mandato ya termina
¿Es compromiso real o simple gesto para la fotografía final?
La política no puede tratar a los pueblos originarios como si fueran un escenario turístico ni un decorado cultural para actos protocolares.
Rapa Nui no es una postal. Es un pueblo con historia, identidad y derechos.
La deuda histórica que nadie quiere pagar
Mientras se habla de agenda indígena, la deuda con las víctimas de la dictadura sigue abierta.
Mientras se promete justicia social, las pensiones siguen siendo humillantes.
Mientras se levantan discursos progresistas, la reforma previsional no resolvió la angustia de los jubilados.
Chile sigue teniendo pensiones que no alcanzan el 50% de un salario mínimo para miles de víctimas y adultos mayores.
¿Dónde está la justicia social real?
No basta con discursos. No basta con símbolos. No basta con visitas tardías.
La política desconectada del pueblo
Lo más grave no es el error. Lo más grave es la desconexión.
Creer que el pueblo no entiende.
Creer que la memoria es frágil.
Creer que la ciudadanía es manipulable.
Chile despertó hace años.
Y Rapa Nui también.
El rechazo a la visita no fue falta de educación. Fue una señal política clara: el respeto no se improvisa en el último mes de gobierno.
Autocrítica o más pérdida de credibilidad
Si la izquierda quiere recuperar confianza, debe comenzar por la autocrítica.
Y la derecha también.
Porque el problema no es solo este gobierno.
El problema es una clase política que, durante décadas, administró el poder sin transformar estructuralmente la relación con los pueblos originarios.
Chile no necesita gestos simbólicos de despedida.
Necesita compromisos cumplidos.
Necesita verdad.
Necesita reparación.
Necesita dignidad.
Y eso no se logra bajando de un avión en el último mes de mandato.
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