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2026/02/10

Chile, Cuba y América Latina: la misma doctrina de asfixia imperial

Por Rodolfo Varela

Cuba vuelve a ser blanco de una política criminal que no es nueva ni excepcional. Washington insiste en su vieja obsesión: provocar un llamado “cambio de régimen” a través del sufrimiento deliberado de su pueblo


Cuba respondió a las nuevas amenazas de Donald Trump: 
"Sin presiones"


La orden ejecutiva firmada por Donald Trump, que impone sanciones y aranceles a los países que suministren petróleo a la isla, no es una medida económica: es castigo colectivo, es tortura económica, es humillación imperial.


Esta política no apunta a la dirigencia cubana. Apunta directamente al pueblo. Al trabajador, al anciano, a la madre, al niño. Desde Eisenhower hasta Trump, demócratas y republicanos han aplicado la misma receta: asfixiar a la población para quebrar su voluntad.


Dignidad frente al castigo


En entrevistas con la prensa internacional, el pueblo cubano ha agradecido la solidaridad de países como China, Rusia y otros gobiernos que han expresado respaldo en este momento crítico. Frente a la agresión, la respuesta ha sido clara y firme: defender la soberanía, el proyecto social y la dignidad nacional, sin someterse al chantaje de Estados Unidos.


Asfixia, tortura y cinismo imperial


Lo que Washington llama “presión” es, en los hechos, asfixia económica planificada. No es una novedad histórica. Chile lo vivió en 1973, cuando el entonces gobierno de Estados Unidos impulsó el bloqueo financiero, la desestabilización económica y política y el sabotaje interno contra un gobierno legítimo, preparando el terreno para una dictadura sangrienta.


La intervención de Kissinger y la CIA en Chile


Hoy, Trump, Marco Rubio y esa cúpula política profundamente corrupta repiten el mismo libreto: provocar hambre, escasez y desesperación, para luego culpar al propio pueblo y a su gobierno de las consecuencias. Ayer fue Chile. Hoy es Cuba. Mañana, cualquier país que se atreva a ejercer su soberanía.


Un pueblo que sabe resistir


El pueblo cubano ha sobrevivido a la Crisis de Octubre, a Playa Girón, a la Ley Torricelli, a la Helms-Burton y al colapso del socialismo europeo. Es un pueblo acostumbrado a escenarios duros y dolorosos. Y hoy responde, una vez más, con unidad, dignidad y memoria histórica.


Las masivas movilizaciones populares, como la Marcha de las Antorchas, son un mensaje directo a Washington: Cuba no se rinde.


Mentira, guerra psicológica y redes sociales


Estados Unidos ha hecho de la mentira una herramienta central de su política exterior. Acusar a Cuba de patrocinar el terrorismo es una falsedad grotesca. Cuba ha sido víctima del terrorismo de Estado impulsado desde Washington: sabotajes, atentados, guerra biológica y agresiones encubiertas.


Guerra mediática contra Cuba



A esto se suma una ofensiva digital permanente: campañas en redes sociales, memes, operaciones psicológicas y manipulación simbólica que buscan dividir, desmoralizar y promover el anexionismo. El resultado ha sido el contrario: más unidad y más resistencia.


La ONU y la impotencia del sistema internacional


En febrero de 2026, la ONU expresó su “profunda preocupación” por el endurecimiento de las sanciones contra Cuba, alertando incluso sobre un posible colapso humanitario. Pero la preocupación no cambia la realidad.


Ante la ONU, el mundo exige nuevamente el fin del bloqueo contra Cuba

La ONU carece de mecanismos reales para sancionar a las grandes potencias. El sistema internacional fue diseñado para proteger a los poderosos y limitar a los débiles. Las condenas existen; la acción, no.


Conclusión


Chile en 1973 y Cuba hoy son capítulos de una misma historia: la doctrina de la asfixia imperial aplicada contra pueblos soberanos. América Latina conoce bien ese método. Hambre, bloqueo, mentira y luego dictaduras o sometimiento.

Pero también conoce la resistencia.

Yo no callo.
Yo denuncio.
Y esta deuda histórica, por más que intenten enterrarla, no prescribe.