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2026/01/16

La izquierda chilena frente a su peor derrota desde el retorno a la democracia

 Por Rodolfo Varela

La izquierda chilena intenta hoy comprender una derrota que, aunque anunciada, no deja de ser histórica. La excandidata presidencial y exministra del Trabajo del gobierno de Gabriel Boric, Jeannette Jara, obtuvo un 41,8% de los votos en la segunda vuelta presidencial, 16 puntos menos que el candidato de las derechas, José Antonio Kast, quien se impuso con un contundente 58% y llegará a La Moneda el 11 de marzo de 2026.


Chile no hubiera despertado si su gente estuviera más "feliz".


Si bien algunos sectores del oficialismo intentan ver el vaso medio lleno —destacando que Jara subió desde el 26,8% obtenido en la primera vuelta del 16 de noviembre—, lo cierto es que la magnitud de la derrota marca el peor resultado electoral de la izquierda desde 1990, cuando Chile recuperó la democracia.

Con el restablecimiento del voto obligatorio hace tres años, Kast se convirtió además en el presidente con mayor respaldo electoral de la historia del país, superando los 7,2 millones de votos, frente a los 5,2 millones obtenidos por Jara. No se trata solo de números: es una señal política profunda que la izquierda no puede seguir relativizando.


Governos das Américas parabenizam Kast por vitória em eleição no Chile


La autocrítica que no llega al fondo

Tras la elección, la izquierda inició un proceso de reflexión. El senador comunista Daniel Núñez, jefe estratégico de la campaña de Jara, calificó el resultado como “digno” y destacó que se evitó bajar del 40%. Sin embargo, esta lectura defensiva revela más resignación que autocrítica real.

Núñez afirmó que Chile no se ha convertido en un país ideológicamente de derecha, y atribuyó el triunfo de Kast a su capacidad para instalar con fuerza el tema de la seguridad ciudadana, la migración irregular y la delincuencia. Esa explicación, aunque parcialmente cierta, resulta insuficiente y cómoda.

El avance de la derecha no se explica solo por su discurso, sino por las promesas incumplidas de la izquierda y la centroizquierda durante décadas:
la deuda histórica con las víctimas de la dictadura;
los ex presos políticos;
los detenidos desaparecidos;
los niños y niñas robados y vendidos como mercancía;
el sistema de AFP que condena a los trabajadores a pensiones miserables que no alcanzan ni el 50% del salario mínimo;
la corrupción política y judicial;
la pobreza estructural;
y los discursos vacíos de dirigentes que, mientras predican igualdad, se enriquecen y se elitizan, alejándose del pueblo que dicen representar.

Boric, el estallido y el proyecto fallido

Este lunes, los partidos que respaldaron a Jara se reunieron con el presidente Gabriel Boric y su comité político, en el primer encuentro tras la victoria de Kast. Participó la presidenta del Partido Socialista, Paulina Vodanovic, jefa de campaña de Jara en segunda vuelta, quien reconoció que la derrota es colectiva y no responsabilidad exclusiva de la candidata.


Boric  y la izquierda del estallido 


Vodanovic llamó a ir más allá de explicaciones fáciles, como la alternancia política o el auge global de la ultraderecha, y propuso analizar causas más profundas: el periodo posterior al estallido social e incluso lo ocurrido antes. Reconoció, además, que la centroizquierda fue incapaz de defender los avances de los llamados “30 años”, permitiendo que se instalara un relato que invisibilizó progresos reales del país.

Tras el estallido social, la izquierda apostó todo a un proyecto constitucional que terminó en un fracaso rotundo, rechazado por el 62% de la ciudadanía en el plebiscito de septiembre de 2022. El gobierno de Boric había depositado en ese texto sus principales expectativas de transformación, pero al ser rechazado, optó por un giro hacia la centroizquierda tradicional y, al mismo tiempo, mostró una preocupante falta de liderazgo para empujar un nuevo proyecto, escudándose en la excusa de “no interferir”.

Una crisis más profunda que lo electoral

El próximo 17 de enero, el oficialismo realizará un cónclave para analizar los resultados y proyectarse hacia el futuro. Paulina Vodanovic afirmó que existe un compromiso con los más de cinco millones de personas que votaron por Jeannette Jara y que creen en el progresismo.

Pero la verdadera pregunta es si la izquierda está dispuesta a decir la verdad y asumir cambios reales. Reestructurarse no es solo un ejercicio discursivo: implica acabar con las promesas incumplidas, saldar de una vez la deuda histórica con las víctimas de la dictadura, terminar con las AFP, garantizar educación y salud de calidad, combatir la pobreza de manera efectiva, promover viviendas dignas, nombrar ministros técnicos y no militantes sin experiencia, enfrentar la inseguridad con políticas serias y claras, y erradicar la corrupción, el nepotismo y los privilegios.


La izquierda chilena vive una crisis.


Chile rechaza las dictaduras, sean de derecha o de izquierda. El país tiene memoria y miedo, y la izquierda no puede seguir ignorándolo.

Conclusión

El fracaso de la izquierda chilena no es solo electoral: es una crisis de proyecto, de representación y de credibilidad. La promesa refundacional del gobierno de Boric chocó con la realidad y generó frustración; la fragmentación interna y la falta de una narrativa coherente alejaron a amplios sectores del electorado; y la incapacidad de responder con hechos a las demandas históricas y sociales debilitó al progresismo frente a un escenario político cada vez más exigente y polarizado.

Mientras la izquierda no vuelva a defender con acciones —y no solo con discursos— a los pobres, a los excluidos y a quienes pasan hambre, seguirá perdiendo elecciones… y algo aún más grave: su razón de ser.

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