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2026/07/17

Chile : Cincuenta y tres años después: la justicia tardía también es una forma de injusticia

Por: Rodolfo Varela

La reciente sentencia de la Corte Suprema de Chile que confirmó la condena contra un exoficial de Carabineros Carlos Gastón Manterola Miranda por el homicidio calificado de José Andrés García Lazo y Jorge Rodrigo Muñoz Mella, ejecutados el 18 de septiembre de 1973 y arrojados al Zanjón de la Aguada, obliga a una profunda reflexión sobre el verdadero significado de la justicia.


Corte Suprema confirma condena de ex oficial de Carabineros por crimen de jóvenes pobladores arrojados al Zanjón de la Aguada en 1973




Los hechos quedaron acreditados. Dos jóvenes fueron sacados por la fuerza de una vivienda, ejecutados cuando se encontraban indefensos y sus cuerpos arrojados a un canal para hacerlos desaparecer. Décadas más tarde, sus restos fueron encontrados en el Patio 29 del Cementerio General, confirmando lo que sus familias siempre denunciaron.




La pregunta es inevitable: ¿puede llamarse justicia a una sentencia que llega más de medio siglo después de cometido el crimen?




Durante cincuenta y tres años, las familias esperaron una respuesta que el Estado fue incapaz de entregar con la rapidez y la firmeza que exigían delitos de lesa humanidad. Muchos padres y madres murieron sin conocer una condena. Muchos sobrevivientes envejecieron esperando que los responsables respondieran ante la justicia.


Exsubtente Carlos Gastón Manterola Miranda deberá cumplir 15 años y un día de presidio efectivo,




Los crímenes de lesa humanidad no prescriben, pero el tiempo sí deja cicatrices irreparables. La justicia tardía no devuelve la vida, no borra la tortura, no repara el exilio ni elimina el sufrimiento de quienes perdieron a sus seres queridos. Puede establecer responsabilidades, pero jamás recuperará los años robados a miles de víctimas.




Es imposible escribir estas líneas desde la neutralidad. Yo también fui una de las víctimas de aquella tragedia nacional. Fui detenido, encarcelado, torturado y exonerado por la dictadura militar. En septiembre de 1973 trabajaba en Radio Corporación, una emisora comprometida con la democracia, que fue silenciada tras el golpe de Estado. Como tantos otros chilenos, me vi obligado a abandonar mi país y aún hoy continúo viviendo en el exilio.




No escribo movido por el odio. Escribo desde la memoria.





Escribo porque sé lo que significa perder la libertad, ver destruida una vida construida con esfuerzo y comprobar que el paso del tiempo parece favorecer más a los victimarios que a las víctimas.



Jorge Rodrigo Muñoz Mella- Detenido Desaparecido




La sentencia de la Corte Suprema constituye un reconocimiento jurídico importante, pero también deja al descubierto una realidad que Chile no puede seguir ignorando: la extraordinaria lentitud con que el Estado ha enfrentado muchos de los crímenes cometidos durante la dictadura.



José Andrés García Lazo- Detenido Desaparecido



Una democracia sólida no solo se construye mediante elecciones. También se fortalece cuando sus instituciones son capaces de responder con oportunidad frente a las violaciones más graves de los derechos humanos. Cuando esa respuesta tarda medio siglo, la confianza en la justicia se debilita y las víctimas sienten que el Estado volvió a abandonarlas.


Pero existe otra preocupación que me inquieta profundamente.



Con el paso de los años, una parte importante de la sociedad chilena parece haber optado por la comodidad del olvido. Las nuevas generaciones conocen poco de lo ocurrido; muchos prefieren mirar únicamente el presente, mientras otros relativizan o incluso justifican los crímenes cometidos durante la dictadura. La memoria colectiva se debilita cuando la historia deja de enseñarse con honestidad y cuando el sufrimiento de miles de compatriotas se transforma en una simple nota al pie.


Un país que olvida su historia corre el riesgo de repetirla.



No puede existir una democracia plenamente saludable mientras permanezcan deudas morales e históricas con miles de exonerados políticos, ex presos políticos, torturados, familiares de ejecutados y detenidos desaparecidos. Chile aún mantiene compromisos pendientes con quienes pagaron un precio altísimo por defender la democracia y la libertad.


La memoria no busca venganza.

Busca verdad.

Busca justicia.


Busca impedir que las futuras generaciones vuelvan a vivir el horror que marcó para siempre la historia de nuestro país.



La memoria del horror de 1973, en el Estado Nacional de Chile



Después de cincuenta y tres años, esta sentencia representa un paso importante, pero también deja una pregunta que la conciencia nacional no debería eludir:




¿Cuántas víctimas murieron esperando una justicia que llegó demasiado tarde?



Chile: las víctimas de la dictadura de Pinochet, medio siglo después




Porque la justicia que tarda medio siglo en llegar deja de ser una reparación plena. Se convierte en el doloroso recordatorio de una deuda que Chile todavía no ha terminado de saldar con su propia historia.