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2026/07/16

El rescate de nuestra esencia: Del potrero al micrófono, el fútbol sudamericano pide auxilio



Por Rodolfo Varela



Con más de cinco décadas dedicadas a la comunicación, viviendo la pasión del fútbol entre Chile y Brasil, asisto hoy con profunda preocupación al desmoronamiento de nuestra identidad futbolística. Lo que antes era sinónimo de orgullo, arte e improvisación se ha transformado en un sistema burocrático, gestionado por incompetentes y comentado por profesionales que perdieron el respeto por el público.


Chile está fuera del Mundial de 2026. Cabe destacar que los chilenos se perdieron los dos últimos Mundiales (2018 y 2022).


Lo que antes era sinónimo de orgullo, arte e improvisación se ha transformado en un sistema burocrático, gestionado por incompetentes y comentado por profesionales que perdieron el respeto por el público.



La raíz de nuestra decadencia comienza en las bases. Destruímos las canchas de tierra y los clubes de barrio, el verdadero hogar donde nacía el fútbol sudamericano de garra, regate corto y picardía. En nombre de una modernización forzada, pasamos a copiar ciegamente el modelo europeo, estructurando a nuestros jóvenes en tácticas rígidas. 


      
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El resultado son atletas que emigran prematuramente a Europa y pierden por completo la conexión afectiva con su patria. Vestir la camiseta de la selección nacional se convirtió en un compromiso comercial secundario, generando un distanciamiento doloroso con una hinchada que ya no se ve representada en la cancha.


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Sin embargo, hay quienes nos demuestran que mantener la esencia es posible. La selección de Argentina en este Mundial de 2026 es el ejemplo más claro de patriotismo y temperamento. A pesar de que casi todo su plantel milita y trabaja en el fútbol europeo, los jugadores saltan a la cancha con un hambre de gloria y un orgullo por su bandera que conmueven al mundo. Su histórica y sufrida victoria frente a Inglaterra para meterse en la final no fue fruto de un pizarrón ajeno, sino del alma, de la garra y de la picardía legítimamente nuestras.


Los argentinos sienten una admiración genuina por los ídolos del deporte que aman.



Esta fuerza cultural es la que desprecian las dirigencias corruptas e incompetentes de nuestras federaciones, como vemos históricamente en la CBF y en otras entidades del continente. Los dirigentes humillan y descartan a los entrenadores nacionales, olvidando que los cinco títulos mundiales de Brasil fueron conquistados exclusivamente por técnicos brasileños, jugando un fútbol puramente sudamericano. Es una lección evidente: todos los países de América del Sur que han sido campeones del mundo vencieron sin técnicos europeos. Nuestra escuela es autosuficiente en talento y conducción.


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Para agravar este escenario, la crisis ética ecoa en los estudios de televisión y radio. Es intolerable ver a exjugadores, hoy transformados en comentaristas y conductores de programas, usar el micrófono para ofender a los atletas y agredir la inteligencia de los televidentes y radioescuchas. Mandar al hincha a "cambiar de canal" ante críticas legítimas es un acto de arrogancia inaceptable, muchas veces respaldado por la omisión de los patrocinadores. Peor aún: estos espacios han sido utilizados para mezclar la política con el deporte, dividiendo a la audiencia en lugar de unir al pueblo a través del fútbol.


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El micrófono y la pelota exigen respeto. Necesitamos blindar al deporte de la política, profesionalizar las gestiones institucionales, valorar a nuestros entrenadores y proteger el fútbol callejero. Solo exigiendo una prensa deportiva que vuelva a educar y a valorar las raíces, enseñando a las nuevas generaciones el amor a la patria, es que América del Sur volverá a ser la verdadera dueña del fútbol mundial.

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