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2026/07/08

El fútbol secuestrado: Entre el negocio geopolítico y la prensa del linchamiento



Por: Rodolfo Varela

El fútbol ha dejado de pertenecerle a la gente. Lo que nació en las calles como una fiesta comunitaria e inclusiva, hoy se ha transformado en una fría corporación transnacional donde mandan los billetes, los intereses políticos y una prensa que prefiere el escándalo moral sobre el análisis táctico. La Copa Mundial de la FIFA 2026 es, lamentablemente, la prueba definitiva de esta metamorfosis.


Fútbol de la vieja escuela: una imagen que encapsula una época en la que el talento se imponía sobre cualquier otra cosa.

El negocio por encima del hincha



El torneo actual pasará a la historia no por el juego, sino por la exclusión. La implementación por parte de la FIFA de un sistema de precios dinámicos convirtió las entradas en un lujo prohibitivo, alejando al hincha tradicional de las gradas para sustituirlo por corporaciones. Además, el juego mismo se interrumpe con "pausas de hidratación" obligatorias —incluso en estadios con aire acondicionado— diseñadas exclusivamente para meter comerciales de televisión. El espectáculo comercial devoró al deporte.



El Mundial más sobrevendido de la historia: el negocio le gana a la pelota


La cancha de la geopolítica y el arbitraje bajo sospecha


La pureza competitiva saltó por los aires con escándalos políticos sin precedentes. El ejemplo más obsceno ocurrió tras el partido de los dieciseisavos de final en el que Estados Unidos venció 2-0 a Bosnia y Herzegovina. El delantero norteamericano Folarin Balogun anotó el primer gol, pero posteriormente recibió una tarjeta roja directa por una dura falta sobre el defensor Tarik Muharemovic, una expulsión ratificada tras la revisión del VAR.


La primera vergüenza de un Mundial con todo bajo control hasta que el control dio la cara: La presencia de Folarin Balogun en el partido de cuartos fue el descaro



Lo que debió ser una sanción reglamentaria e inapelable se convirtió en un tablero geopolítico: la interferencia directa del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, presionó a la FIFA para levantar el castigo al jugador. Utilizando desde la Casa Blanca el insólito argumento de "seguridad nacional" para forzar la presencia del atleta en la siguiente fase, se sentó un precedente nefasto en la historia de los mundiales: el reglamento ya no es igual para todos; se dobla ante el poder del anfitrión.


Trump pidió a la FIFA que revisara la suspensión de un jugador de EE. UU.



Esta jerarquía de mercado se refleja en el césped, donde las selecciones de menor peso comercial son descaradamente perjudicadas para proteger el negocio televisivo de las potencias. Lo vimos con los escandalosos errores del árbitro Raphael Claus que dejaron fuera a la histórica selección de Cabo Verde frente a Argentina, coronado con la vergonhosa imagen del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, celebrando el pase albiceleste en el palco. Días después, la historia se repitió con un arbitraje sumamente cuestionado que frenó la hazaña de Egipto frente al mismo rival. Si el destino de los partidos se decide en los despachos o en el silbato condicionado, el fútbol ha muerto.

Periodismo de barricada: El linchamiento a los ídolos


Este ecosistema corrupto se alimenta de un periodismo deportivo que abandonó la crónica para convertirse en un apéndice de las agendas políticas y morales. Tras la sorpresiva eliminación de Brasil ante Noruega, figuras mediáticas y exjugadores utilizaron los micrófonos no para evaluar el rendimiento técnico, sino para destilar antipatías personales.


El ensañamiento contra Neymar Junior es el ejemplo perfecto de esta "cultura del lacrador". Comentaristas como Juca Kfouri atacaron al jugador con insultos personales como "pequeno cafajeste", mientras que Walter Casagrande calificó al astro como la "cereja podre" de un bolo azedo.


Juca Kfouri y Casagrande contra Brasil



Lo preocupante no es la crítica deportiva, la cual es válida, sino la ceguera selectiva de estos micrófonos. Esta prensa oculta deliberadamente el lado humano del ídolo porque el bien no genera clics. Raras veces se habla de su millonaria ayuda humanitaria a las víctimas de los terremotos en Venezuela, su masivo apoyo económico al sur de Brasil durante las inundaciones, o el impacto social del Instituto Proyecto Neymar Jr. que rescata a miles de niños de la vulnerabilidad. Prefieren el linchamiento moral para alimentar el algoritmo de la indignación.



Neymar Jr. visita su instituto y recuerda su infancia en el barrio donde su proyecto social atiende actualmente a más de 3.000 jóvenes.


Recuperar la esencia



El fútbol-negocio y la prensa militante intentan arrebatarnos el juego. Al silenciar a los países pequeños, arrodillarse ante los presidentes de turno y deshumanizar a los ídolos populares para conseguir visualizaciones, están matando la esencia del deporte más hermoso del mundo. Es hora de que el periodismo independiente y los verdaderos aficionados volvamos a poner el balón, y la honestidad, en el centro de la cancha.