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2026/03/28

“Ceguera política y silencio cómplice: la vergüenza de Chile ante el respaldo internacional a Bachelet”

 Por Rodolfo Varela

Mientras el mundo observa, Chile calla. Y ese silencio —más que una omisión— comienza a transformarse en complicidad.


Brasil y México respalda a la expresidenta Michelle Bachelet para dirigir la ONU


El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, ha dado una señal clara, firme y coherente: respaldar la candidatura de Michelle Bachelet a la Secretaría General de la Organización de las Naciones Unidas. Lo hace no por afinidad ideológica ciega, sino por reconocimiento a una trayectoria internacional sólida, construida con años de experiencia en derechos humanos, diplomacia y liderazgo global.


Y aquí es donde Chile se desploma.

Porque mientras Brasil y México sostienen con dignidad una candidatura latinoamericana histórica, el propio gobierno chileno decide restarse. ¿La razón? Diferencias políticas. ¿El resultado? Una señal de pequeñez institucional y de una alarmante falta de visión de Estado.


No se trata de estar de acuerdo o no con Michelle Bachelet. Se trata de entender lo que representa: una oportunidad única para que América Latina tenga, por primera vez, una mujer liderando la ONU. Un hecho que trasciende partidos, gobiernos y coyunturas.


Desde “vergüenza mundial” a “cortina de humo”: Chilenos critica retiro de apoyo a Michelle Bachelet a la ONU


Pero en Chile, una vez más, prima la lógica mezquina.

El silencio del Congreso es ensordecedor. Ninguna voz firme. Ninguna defensa clara. Ningún gesto de unidad nacional frente a un escenario internacional que lo exigía. Parlamentarios mudos, sordos y ciegos ante una decisión que afecta la imagen del país en el mundo.


México mantiene su apoyo a Michelle Bachelet para dirigir la ONU.


Y entonces, inevitablemente, la historia vuelve.

Porque cuando un país castiga o abandona a quienes piensan distinto, cuando las diferencias políticas se transforman en vetos, cuando la mezquindad reemplaza al interés nacional… entramos en un terreno peligroso. Un terreno que Chile ya conoció.


Un terreno donde disentir tenía consecuencias.

No, no estamos en dictadura. Pero los gestos importan. Y este gesto —retirar el apoyo a una figura internacional por razones políticas internas— abre una herida que muchos creíamos cerrada.

Desde Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva da una lección de coherencia: se puede no coincidir plenamente y aun así reconocer el mérito. Se puede pensar distinto y, sin embargo, actuar con grandeza política.


Lula apoya la candidatura de la expresidenta chilena Michelle Bachelet para Secretaria General de la ONU.


En Chile, en cambio, el gobierno ha optado por lo contrario: la pequeñez.

Y lo más grave no es solo la decisión. Es el silencio que la rodea.

Un silencio que incomoda.
Un silencio que duele.
Un silencio que, en política, también es una forma de decir.

Hoy, Chile perdió una oportunidad de mostrarse al mundo como un país maduro, capaz de anteponer el interés nacional por sobre las disputas ideológicas.

Y eso, más que un error político, es una vergüenza histórica.