Por Rodolfo Varela
Los pueblos latinoamericanos parecen condenados a una peligrosa amnesia histórica. Una amnesia que no es casual, sino inducida. Se nos pide olvidar las dictaduras, los golpes de Estado, los centros de tortura, las desapariciones forzadas y el exilio. Se nos pide olvidar quiénes financiaron, entrenaron y protegieron a los verdugos. Se nos pide creer, una y otra vez, en la palabra mágica: “democracia”.
Pero yo no puedo olvidar.
No debo olvidar.
No quiero olvidar.
Fui preso político en Chile. Fui torturado. Fui exonerado. Perdí mi trabajo, mi dignidad institucional, mi país. Fui obligado a vivir más de la mitad de mi vida en el extranjero porque la “nueva democracia” nunca garantizó condiciones reales de vida para quienes sobrevivimos a la dictadura. Hoy, la pensión que recibo no alcanza ni al 50% de un salario mínimo. Esta es la realidad que queda después de la euforia, de los discursos, de los aplausos internacionales y de la “libertad” patrocinada desde Washington.
Dictaduras con sello estadounidense
Durante la Guerra Fría, los gobiernos de Estados Unidos apoyaron activamente dictaduras militares en América Latina: Chile, Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y gran parte de Centroamérica. Bajo la Doctrina Monroe y el pretexto del “peligro comunista”, se promovieron golpes de Estado, se financiaron ejércitos, se entrenaron fuerzas represivas y se coordinó el terrorismo de Estado mediante operaciones como el Plan Cóndor.
El resultado fue devastador:
– Prisiones clandestinas
– Desapariciones forzadas
– Centros de tortura
– Niños y niñas secuestrados y vendidos al extranjero
– Familias destruidas para siempre
Todo en nombre de la “defensa de la democracia”.
El “patio trasero” y el desprecio histórico
Estados Unidos nunca ha ocultado su visión colonial de América Latina. Para ellos, seguimos siendo el “patio trasero”. Una región que debe obedecer, alinearse y entregar sus recursos. Donald Trump lo expresó sin pudor, con brutal honestidad imperial: habló de “recuperar” influencia, de controlar, incluso de gobernar países soberanos como Venezuela. No es una anomalía: es la continuidad de una mentalidad histórica.
No respetan la soberanía de nuestros pueblos.
No respetan la voluntad popular.
Respetan únicamente sus intereses.
Cúpula da Amazônia e a Soberania Nacional
¿Intervenciones por democracia o por recursos?
Seamos claros:
Las intervenciones estadounidenses en América Latina no son altruistas.
Litio.
Cobre.
Hierro.
Tierras raras.
Petróleo.
Amazonía.
Chile posee las mayores reservas de cobre del mundo y una de las mayores concentraciones de litio. ¿Y qué ocurre en el norte chileno? Pobreza estructural, abandono estatal, contaminación y cero perspectivas de desarrollo real para su población. Décadas de explotación y la riqueza nunca llegó al pueblo.
¿De verdad alguien cree que el petróleo venezolano no interesa?
¿De verdad alguien cree que el litio no es estratégico?
La historia demuestra lo contrario.
Maduro, Venezuela y la hipocresía internacional
La detención del narcotraficante Nicolás Maduro no respetó la soberanía de Venezuela. Eso debe decirse con claridad. Pero incluso así, el camino debe ser democrático y soberano, sin intervención extranjera. Para eso existen organismos internacionales como la ONU. No para legitimar invasiones, sanciones que matan pueblos de hambre o guerras híbridas.
Los pueblos deben decidir su destino. No las potencias.
Gobiernos locales: complicidad y traición
Pero no todo es responsabilidad externa.
Nuestros propios gobernantes latinoamericanos han sido cómplices, incompetentes o corruptos. Se someten, se enriquecen, negocian el sufrimiento de sus pueblos y traicionan las esperanzas de quienes los eligieron. Mientras tanto, millones viven en la miseria, el abandono y la exclusión.
Memoria, dignidad y advertencia
La historia no es pasado.
La historia es advertencia.
Olvidar las dictaduras impuestas y respaldadas por Estados Unidos es abrir la puerta para que se repitan. Yo no hablo desde la ideología. Hablo desde la experiencia. Desde el cuerpo. Desde el exilio. Desde la vejez sin reparación.
No fue democracia.
Fue intervención.
Fue saqueo.
Fue terrorismo de Estado.
Y mientras no lo digamos con claridad, seguirán llamándolo “libertad”.
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