Por Rodolfo Varela
La izquierda chilena atraviesa hoy una de las crisis políticas más profundas desde el retorno a la democracia. No se trata solo de una derrota electoral, sino de una derrota moral, social y cultural, agravada por su persistente incapacidad de hacer autocrítica.
Las elecciones presidenciales y parlamentarias de fines de 2025 marcaron un quiebre histórico. La victoria de José Antonio Kast, con un 58,16% frente al 41,84% de Jeannette Jara, fue amplia, clara y nacional. No fue un accidente ni una casualidad. Fue una señal inequívoca de desconexión profunda con la ciudadanía.
Nunca desde el fin de la dictadura la izquierda había sufrido una derrota de esta magnitud. Perdió regiones, comunas populares y, sobre todo, la confianza de sectores que durante décadas la acompañaron. Sin embargo, lejos de asumir responsabilidades, gran parte de su dirigencia prefirió refugiarse en una burbuja ideológica, convencida de que el problema fue el electorado y no su propia gestión.
La falta de autocrítica ya había quedado en evidencia tras los dos plebiscitos constitucionales. La ciudadanía habló con claridad, pero la izquierda no escuchó. Persistió el ego político, la superioridad moral y la idea de que gobernar es imponer relatos y no resolver problemas concretos.
A esto se suman divisiones internas profundas. El quiebre entre el Partido Socialista y el eje Frente Amplio–Partido Comunista revela una izquierda fragmentada, incapaz de articular un proyecto común y atrapada en disputas tardías, cuando el daño ya estaba hecho.
El castigo ciudadano tuvo causas reales y verificables:
– Una gestión fallida en seguridad y delincuencia.
– Una economía que no cumplió expectativas.
– Escándalos de corrupción.
– El abandono histórico de las víctimas de la dictadura.
– Pensiones miserables, incluyendo las de exonerados y sobrevivientes del terrorismo de Estado.
Como si fuera poco, la crisis institucional golpeó con fuerza al Poder Judicial, con destituciones y prisiones de ministros de la Corte Suprema, profundizando la pérdida de confianza en el sistema completo.
Decir esto no significa apoyar al fascismo ni a ninguna dictadura. Soy exonerado político, preso político y torturado político. Estoy del lado de la verdad, de la memoria y del pueblo. Precisamente por eso no justifico errores solo porque provengan de un sector político con el que históricamente me identifiqué.
Sin mea culpa no hay futuro.
Sin autocrítica no hay reconstrucción.
Y sin escuchar al pueblo, la izquierda seguirá perdiendo… por responsabilidad propia.
Como si fuera poco, la crisis institucional golpeó con fuerza al Poder Judicial, con destituciones y prisiones de ministros de la Corte Suprema, profundizando la pérdida de confianza en el sistema completo.
Decir esto no significa apoyar al fascismo ni a ninguna dictadura. Soy exonerado político, preso político y torturado político. Estoy del lado de la verdad, de la memoria y del pueblo. Precisamente por eso no justifico errores solo porque provengan de un sector político con el que históricamente me identifiqué.
Sin mea culpa no hay futuro.
Sin autocrítica no hay reconstrucción.
Y sin escuchar al pueblo, la izquierda seguirá perdiendo… por responsabilidad propia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario