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2025/12/05

La falsa izquierda, los chupasangres de siempre y la deuda eterna con las víctimas

 Por Rodolfo Varela — 

Ex preso político, torturado y exonerado de la dictadura militar.


Durante años he guardado silencio, observando cómo en Chile los mismos grupos, las mismas organizaciones y los mismos personajes de siempre se autoproclaman defensores de los Derechos Humanos.


Las 150 organizaciones de Derechos Humanos que suscriben



Ahora fueron 152 organizaciones las que firmaron un documento rimbombante, lleno de declaraciones altisonantes y frases hechas. Firman, se reparten cuotas de poder, aparecen en cada gobierno —de izquierda o de derecha— y siempre están ahí, listos para tomar su parte de la torta. Pero cuando se trata de atender a una verdadera víctima, cuando se trata de mirar a los ojos a quienes fuimos presos, torturados, exiliados o despojados de todo, nunca están.


Yo hablo desde la verdadera izquierda, desde la militancia que se paga con cárcel, golpes, tortura y exoneración política. Yo no hablo desde una oficina con aire acondicionado ni desde ONGs financiadas por el Estado. Y por eso lo digo con vergüenza y rabia: estos chupasangres no representan a nadie, y mucho menos a las víctimas de la dictadura o de la violencia urbana actual.


Presidentes de Izquierda, Centro-Izquierda (Concertación/Nueva Mayoría)


Una izquierda que olvidó al pueblo


Hoy firman declaraciones grandilocuentes denunciando el riesgo de que gane la ultraderecha. Pero callaron —y muchos siguen callando— ante un hecho evidente:
quienes gobernaron la mayor parte de estos 35 años de democracia fueron precisamente los gobiernos de izquierda y centroizquierda.


Y esos gobiernos, que hoy se presentan como los guardianes de la democracia, fueron incapaces de:


  • entregar pensiones dignas,

  • garantizar un sistema de salud humano,

  • solucionar la pobreza habitacional,

  • ofrecer una educación de calidad,

  • cerrar la abismante desigualdad económica,

  • y sobre todo, cumplir con la deuda histórica con las víctimas de la dictadura.

Prometieron justicia, reparación, reconocimiento.
¿Y qué cumplieron? Nada o casi nada.
Justicia tardía, reparación insuficiente, víctimas olvidadas, expedientes acumulados y promesas recicladas cada cuatro años.


El negocio de las adopciones ilegales en Chile no es una historia


Los hijos robados y vendidos como mercancía


Lo más doloroso es que estas 152 organizaciones que hoy levantan la voz “en defensa de la democracia” han sido incapaces de enfrentar uno de los crímenes más inhumanos cometidos por la dictadura:
el secuestro y venta de niños chilenos al extranjero.

Madres que aún buscan a sus hijos.
Hombres y mujeres que hoy rondan los 40 o 50 años sin saber quiénes son.

Familias completas esperando un simple examen de ADN para recuperar una historia que les fue arrebatada.

¿Dónde están estas organizaciones cuando hay que exigir presupuesto?
¿Dónde están cuando hay que sentarse con el IML, cuando hay que golpear la mesa, cuando hay que presionar al Gobierno?
No están. Nunca están.


Osamentas olvidadas: la historia de la indolencia del Estado


Las cajas olvidadas en el Instituto Médico Legal


En el Instituto Médico Legal hay cajas con restos humanos sin identificar, algunos posiblemente correspondientes a víctimas de desaparición forzada, esperando desde hace años una decisión política para realizar las pericias y terminar con el abandono.

¿En qué democracia decente los muertos siguen “esperando turno”?
¿Cómo es posible que después de 50 años aún haya familias llorando solas, sin saber si su padre, hija o hermano está dentro de esas cajas apiladas?

El silencio es inaceptable.
Y más inaceptable aún es que quienes hoy se llenan la boca hablando de derechos humanos nunca han hecho nada real por esas familias.


Las organizaciones que firman: mucho discurso, poca acción


Respeto el trabajo de algunas de estas agrupaciones, especialmente las nacidas desde las propias víctimas.
Pero es un secreto a voces que muchas otras viven del Estado, de los cargos, de los fondos y de la industria de la “memoria”.
Defienden su estructura más que a las personas.

Han sido incapaces de:

  • enfrentar a los gobiernos que no cumplen,

  • denunciar los pactos de silencio,

  • exigir reparación efectiva,

  • acompañar a las nuevas víctimas de violencia estatal o urbana.


Esta no es la izquierda que yo practico


La izquierda en la que yo creo —la que muchos pagamos con sangre y vida— es otra. No es la izquierda que vive como élite mientras el pueblo sigue pobre.
No es la izquierda que aparece en cada gobierno para defender a torturadores, dictadores extranjeros o delincuentes.
No es la izquierda que llama a votar, pero nunca llama a cumplir.

Mi izquierda es la que defiende al pueblo y a las víctimas, no a los gobiernos.
La que lucha por justicia real, no por comunicados y firmas.
La que se ensucia los zapatos en la calle, no la que posa para la foto.




Conclusión


Yo no respaldo a Kast, ni a ningún proyecto autoritario o neoliberal.
Pero tampoco respaldo a los que —teniendo el poder por décadas— traicionaron las esperanzas del pueblo y dejaron abandonadas a las víctimas.

Que estas 152 organizaciones llamen hoy a defender la democracia estaría bien…
si alguna vez hubieran defendido de verdad a las víctimas, a los pobres, a los abandonados.
Pero no lo hicieron.

Por eso lo digo con claridad: esta no es la izquierda del pueblo.

Y mientras no se haga justicia con los desaparecidos, los ex presos, los exiliados, los hijos robados, las familias esperando ADN, las cajas olvidadas del IML y el pueblo traicionado,
Chile seguirá siendo una democracia incompleta, un país sin memoria real y sin justicia verdadera.

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