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2026/01/14

Cómo la izquierda y la derecha polarizan al pueblo chileno y a América Latina

Por Rodolfo Varela

La polarización política se ha transformado en uno de los principales males de la democracia chilena y latinoamericana. Tanto la izquierda como la derecha han contribuido, por acción u omisión, a dividir a la sociedad en bandos irreconciliables, instalando una peligrosa lógica de “nosotros contra ellos” que debilita el diálogo, erosiona la confianza pública y paraliza las soluciones a los problemas reales de la población.

"¡Despierta Chile, despierta América Latina!"

Esta polarización no surge de manera espontánea. Es alimentada por discursos ideológicos rígidos, por el uso político del miedo, por la manipulación informativa y, sobre todo, por la profunda desconexión entre la clase política y la ciudadanía.

El discurso de la izquierda: de los derechos sociales al olvido histórico

Históricamente, la izquierda chilena y latinoamericana se definió por la defensa del Estado de bienestar y de los derechos sociales fundamentales: salud, educación, vivienda, trabajo digno y pensiones justas. También fue portadora de una lucha ética irrenunciable: la defensa de los derechos humanos.

Sin embargo, la llamada “nueva izquierda” ha traicionado gran parte de ese legado. Ha abandonado la deuda histórica con las víctimas de la dictadura, con los exonerados, los presos políticos, los torturados y sus familias. Ese abandono no es menor: es una herida abierta que sigue sangrando en la memoria colectiva del país.

Pasado reciente y debates públicos en el Chile postdictatorial

En lugar de construir políticas universales que respondan al malestar social, esta nueva izquierda ha priorizado discursos fragmentados, alejados de la vida cotidiana de la mayoría de la población. El resultado es una ciudadanía cansada, escéptica y profundamente desconfiada, que ya no cree en discursos moralistas ni en promesas incumplidas.

Peor aún, bajo el argumento de combatir la desinformación, algunos gobiernos de izquierda han intentado controlar o presionar a los medios de comunicación, debilitando la libertad de prensa y contribuyendo, paradójicamente, a una mayor desinformación. No es casual que una amplia mayoría de los chilenos perciba hoy la desinformación como una amenaza real para la democracia.

El discurso de la derecha: orden, mercado y negacionismo

Por su parte, la derecha ha construido su discurso en torno a la defensa del libre mercado, la inversión privada y la reducción del rol del Estado. Promueve el crecimiento económico como solución casi exclusiva a los problemas sociales, ignorando —o minimizando— las profundas desigualdades estructurales que ese mismo modelo ha generado.

En los últimos años, la derecha ha ganado apoyo al enfocarse en temas sensibles como la seguridad ciudadana y la migración, capitalizando el miedo y la frustración social. En ese contexto, sectores de ultraderecha han emergido con fuerza, apelando a una narrativa de “orden”, “patria” y “autoridad”, muchas veces deshumanizando al adversario político.

Discursos negacionistas y derechos humanos en Latinoamérica: ¿nunca más?

La dictadura militar sigue siendo un punto de quiebre profundo. Mientras parte importante de la derecha relativiza o justifica los crímenes del régimen, escudándose en el crecimiento económico, ignora deliberadamente el dolor, la muerte y la impunidad que marcaron a miles de familias chilenas. Ese negacionismo también es una forma grave de polarización.

Mecanismos que alimentan la polarización

La polarización actual no es solo ideológica; es emocional y afectiva. Entre sus principales mecanismos destacan:

  • La creación de enemigos políticos, donde el adversario es presentado como una amenaza existencial para la democracia.

  • El uso permanente de temas históricos no resueltos, como la dictadura, sin una voluntad real de verdad, justicia y reparación.

  • Discursos populistas que simplifican problemas complejos y prometen soluciones fáciles.

  • La segmentación informativa y la desinformación, que encierran a la ciudadanía en burbujas ideológicas.

  • La rigidez ideológica de las élites políticas, que castigan el diálogo y el consenso como si fueran traición.


La polarización política es un desafío para las democracias en Chile y América Latina

La corrupción: el factor común que une el rechazo ciudadano

Más allá de las diferencias ideológicas, existe un elemento que hoy pesa con enorme fuerza en la evaluación que la población hace tanto de la izquierda como de la derecha: la corrupción generalizada del sistema político.

Para amplios sectores de la ciudadanía, la corrupción dejó de ser una excepción y pasó a ser una práctica estructural. Casos de financiamiento ilegal de la política, tráfico de influencias, nepotismo, uso indebido de recursos públicos, privilegios para las élites y la permanente puerta giratoria entre el poder político y el gran empresariado han erosionado profundamente la confianza en las instituciones.

La percepción ciudadana es clara y demoledora: mientras los políticos se enfrentan con discursos ideológicos, la corrupción avanza sin castigo. Esa impunidad alimenta el desencanto, el abstencionismo electoral y el surgimiento de discursos antisistema que prometen “limpiar” la política, muchas veces sin ofrecer soluciones democráticas reales.


La lucha contra la corrupción en Chile y América Latina. Difícil y necesario a la vez


La corrupción también actúa como un poderoso motor de polarización. Cada sector denuncia los escándalos del adversario mientras minimiza o justifica los propios. Este doble estándar refuerza la sensación de que la política ha perdido toda ética y se rige únicamente por el interés y la conveniencia.

Hoy, la ciudadanía no castiga solo a un sector político: castiga al sistema completo. La demanda ya no es ideológica, es profundamente moral.

Consecuencias para la sociedad

. Las consecuencias de esta polarización y       corrupción son evidentes:

. Fragmentación social y política.


.  Desconfianza generalizada en las instituciones.

Inestabilidad democrática.

Incapacidad para resolver problemas urgentes como seguridad, salud, pensiones y crecimiento económico.

Diversos estudios muestran que la polarización es más intensa entre las élites políticas que en la ciudadanía común, donde aún existen preocupaciones compartidas y disposición al diálogo. Sin embargo, mientras la política siga capturada por los extremos y por la corrupción, esa posibilidad se debilita día a día.

Reflexión final

Chile y América Latina no necesitan más discursos ideológicos vacíos ni enemigos imaginarios. Necesitan memoria, verdad, justicia, ética pública y responsabilidad política.

La polarización no es inevitable: es una decisión. Y la corrupción no es un error: es una traición a la democracia. Quienes hoy alimentan ambas, desde la izquierda o desde la derecha, deberán responder ante la historia y ante los pueblos que dicen representar.

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