Por Rodolfo Varela
Las palabras de la senadora Beatriz Sánchez han generado debate:
“¡Ya basta de pedir perdón por ser de izquierda!”
Y es cierto.
Nadie tiene que pedir perdón por sus convicciones.
Pero aquí no estamos discutiendo ideología.
Estamos hablando de responsabilidad.
Yo no hablo desde la teoría. Yo soy la historia.
Fui preso político.
Fui torturado.
Fui exonerado.
Fui exiliado.
El 11 de septiembre de 1973, mientras Chile se quebraba bajo las bombas sobre La Moneda, yo estaba en una radio.
No me lo contaron.
Yo lo viví.
Y por eso lo digo con claridad:
Esta izquierda que gobernó Chile durante décadas no me representa.
No es orgullo. Es negación.
Defender ideales como la justicia social nunca será motivo de vergüenza.
Pero negar los errores —y las deudas— sí lo es.
Porque durante años, sectores de la izquierda y la centroizquierda:
- Administraron el modelo que prometieron cambiar
- Normalizaron abusos estructurales
- Se alejaron del pueblo que decían representar
Las deudas que nadie quiere nombrar
Porque Chile no es un discurso.
Es una herida abierta.
¿Sabe la senadora lo que significa que aún existan niños y niñas vulnerados, desaparecidos dentro del sistema, arrancados de sus familias y tratados como mercancía?
¿Sabe lo que significa para miles de familias haber sido olvidadas —no por la dictadura— sino por los gobiernos que vinieron después?
¿Sabe que hay víctimas que sobreviven con pensiones indignas, que no alcanzan para vivir con dignidad?
¿Sabe que aún existen restos humanos sin identificar en el Servicio Médico Legal de Chile, esperando verdad y justicia?
¿Sabe —o prefiere no saber— que la corrupción atravesó distintos gobiernos tras la dictadura de Augusto Pinochet?
No es pedir perdón. Es asumir la verdad
Nadie exige una izquierda arrodillada.
Se exige una izquierda honesta.
Que sea capaz de decir:
— Nos equivocamos
— No hicimos lo suficiente
— Le fallamos a nuestra gente
Eso no debilita.
Eso dignifica.
El silencio también es traición
Porque callar frente a estas realidades no es neutralidad.
Es complicidad.
Y cuando se administra la injusticia en lugar de enfrentarla,
lo que fracasa no es un gobierno.
Fracasa un proyecto moral.
El pueblo no es ganado
Durante años nos trataron como cifras.
Como votos seguros.
Como masas manipulables.
Pero no lo somos.
Somos memoria.
Somos dignidad.
Somos historia viva.
El juicio final no es hoy
La senadora Beatriz Sánchez recién comienza su mandato.
Pero la historia no se escribe con discursos.
Se escribe con hechos.
Y será el pueblo quien, una vez más, tenga la última palabra.
Porque algunos no olvidamos
Porque algunos no estudiamos la historia.
La vivimos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario