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2025/12/30

NO FUE UN GOLPE INSTITUCIONAL: FUE UN GOLPE CONTRA LA DEMOCRACIA

Por Rodolfo Varela

En las elecciones presidenciales chilenas de 1970, Salvador Allende obtuvo el 36,2% de los votos, alcanzando la primera mayoría relativa en una contienda con tres candidaturas fuertes.


El Congreso Pleno ratifica a Salvador Allende como Presidente de Chile


Al no existir mayoría absoluta, la Constitución de 1925 establecía que la decisión debía ser tomada por el Pleno del Congreso Nacional.


Resultados electorales de 1970


  • Salvador Allende (Unidad Popular): 36,2%1.070.334 votos

  • Jorge Alessandri (Derecha): 34,9%

  • Radomiro Tomic (Democracia Cristiana): 27,8%

El 24 de octubre de 1970, el Congreso ratificó la victoria de Allende por 153 votos contra 35, respetando plenamente la voluntad popular expresada en las urnas.

Por lo tanto, señor Johannes Kaiser, no hubo golpe, ni fraude, ni dictadura en 1970.
Lo que usted repite en programas de televisión y redes sociales es falso.
Le contaron mal la historia o, peor aún, usted decide mentir.


Johannes Kaiser



Usted no vivió el gobierno de Allende.

Nació en 1976.

No tiene experiencia directa del golpe militar ni de la dictadura que, de forma irresponsable, llama “gobierno militar”.


Allende no preparaba un golpe: preparaba un plebiscito


Otra falsedad grave es afirmar que Salvador Allende planeaba dar un golpe de Estado.
Eso es mentira.

La verdad histórica, confirmada por audios inéditos, documentos y testimonios de sus asesores más cercanos, es que Salvador Allende planeaba convocar a un plebiscito nacional el 11 de septiembre de 1973.


Áudio inédito revela que Allende convocaria plebiscito 



El objetivo del plebiscito era:

  • Consultar al pueblo chileno sobre el respaldo a su gobierno

  • Buscar una salida democrática y constitucional a la crisis política

  • Definir el futuro institucional de Chile a través del voto popular

Allende:

  • No llamó a las armas

  • No disolvió el Congreso

  • No suspendió la Constitución

  • No persiguió opositores

  • No cerró medios de comunicación

  • Hizo exactamente lo contrario de un golpista:

apeló al pueblo soberano.

El golpe militar del 11 de septiembre de 1973 no solo derrocó a un presidente legítimo:
impidió deliberadamente que el pueblo chileno se expresara en un plebiscito democrático.

Decir que Allende planeaba un golpe es una manipulación perversa de la historia, usada para justificar lo injustificable:
la destrucción de la democracia y la instauración de una dictadura criminal.


Yo sí estuve ahí


Yo sí viví el golpe militar de 1973.
Fui detenido, torturado y exonerado.
Fui perseguido por pensar diferente, no por cometer delitos.
Nunca maté a nadie. Nunca torturé a nadie.

En 1973 trabajaba en Radio Corporación de Chile, donde era director regional de la red de emisoras del norte del país.
Después del golpe, no pude volver a trabajar en ningún medio de comunicación.

Esto no es ideología.
Es testimonio.


La dictadura sí existió y fue patrocinada desde el exterior

La dictadura militar chilena contó con el apoyo directo del gobierno de Estados Unidos, bajo la presidencia de Richard Nixon, hecho plenamente comprobado por documentos oficiales desclasificados.


Una memoria enrarecida: la dictadura rozagante de Pinochet


Chile no fue una excepción.


Todas las dictaduras militares de América Latina fueron patrocinadas o respaldadas por Estados Unidos.

Principales formas de intervención en Chile

  • Financiamiento a medios de comunicación
    La CIA financió con millones de dólares al diario El Mercurio y a otros medios para ejecutar campañas de propaganda y desinformación.

  • Apoyo encubierto a partidos y organizaciones privadas
    Se aprobaron al menos 1 millón de dólares en ayuda secreta semanas antes del golpe.

  • Interferencia económica deliberada
    La administración Nixon decidió “hacer gritar la economía chilena”, bloqueando créditos internacionales y profundizando la crisis.

  • Apoyo militar y de inteligencia
    Las Fuerzas Armadas chilenas recibieron apoyo previo y mantuvieron contacto con agencias estadounidenses.

  • Planificación del caos
    Documentos desclasificados confirman que se evaluó crear el caos interno para justificar la intervención militar.

No fue una teoría conspirativa.
Fue una operación encubierta de desestabilización que destruyó la democracia chilena e instauró la dictadura sangrienta de Augusto Pinochet.


La responsabilidad de la izquierda actual


El reciente triunfo de la derecha en Chile no cayó del cielo.
Fue consecuencia directa de una izquierda incapaz, deficiente e incompetente.


Derrumbe de Chile, obra de la izquierda.


  • Se olvidaron de:
  • La deuda histórica con las víctimas de la dictadura

  • Los restos sin identificar en el Instituto Médico Legal

  • Los niños secuestrados, que aún buscan a sus familias

Prefirieron:

  • Satisfacer egos personales

  • Acomodarse financieramente

  • Mantener una clase política que hoy es una de las más caras del mundo

A esto se suman:

  • La corrupción

  • La violencia

  • El crimen organizado instalado en Chile desde hace años

Los chilenos no votaron por amor, votaron por rabia y cansancio.
Por venganza frente a discursos vacíos y promesas incumplidas.

La historia no se reescribe con ignorancia ni con mala fe.
Se enfrenta con verdad, memoria y dignidad.

2025/12/24

Chile como ejemplo para América Latina: cuando la justicia deja de ser intocable

Por Rodolfo Varela

La politización de las Cortes Supremas en América Latina no es un mito ni una exageración ideológica: es una realidad comprobable. 


Simpertigue, viajó en crucero con abogado del consorcio bielorruso redactó el fallo que entregó $1.026 millones a esa empresa


En distintos países de la región, el Poder Judicial ha dejado de actuar como árbitro independiente para convertirse, en muchos casos, en actor político, capturado por intereses partidarios, económicos o corporativos, sin importar si estos provienen de la derecha o de la izquierda.


Hoy vemos tribunales que legislan desde la toga, destituyen parlamentarios, interfieren en la voluntad popular y vulneran el principio básico del debido proceso. Jueces que investigan, acusan y sentencian, concentrando un poder incompatible con cualquier democracia moderna. Jueces que no rinden cuentas, que operan con impunidad y que se blindan tras el falso argumento de la “autonomía judicial”.


Chile rompe el molde


En este contexto regional preocupante, Chile está dando una señal clara y potente:
en una democracia sana, ningún poder del Estado es intocable.


La reciente destitución del ministro de la Corte Suprema Diego Simpertigue, aprobada por el Senado por “notable abandono de deberes”, no es un ataque a la independencia judicial. Es exactamente lo contrario: es la defensa de la probidad, la transparencia y la igualdad ante la ley.


Los hechos son graves y están documentados:
un juez supremo que no se inhabilita pese a mantener vínculos personales con abogados involucrados en una causa millonaria; una sentencia redactada por él que benefició a un consorcio extranjero ligado a presuntos delitos de corrupción; indemnizaciones millonarias pagadas por el Estado chileno; y abogados hoy en prisión preventiva por lavado de activos, cohecho y soborno.

Esto no es una opinión política. Es un escándalo institucional.


El Senado funcionando como debe


Lo relevante —y aquí está el punto central— es que el Poder Legislativo chileno sí funcionó.
Ejerció su rol constitucional de control y fiscalización, incluso frente a uno de los poderes más cerrados y resistentes al escrutinio público: el Judicial.


Senado chileno destituye a otro juez de Corte Suprema


En poco más de un año, cinco jueces han sido removidos, incluyendo ministros de la Corte Suprema y de Cortes de Apelaciones. No por revancha política, no por ideología, sino por hechos concretos, probidad vulnerada y conflictos de interés evidentes.


Vivanco, Muñoz y Simpertigue: la caída de los tres supremos destituidos por acusaciones


Esto contrasta brutalmente con otros países de América Latina, donde las cortes supremas actúan como supra poderes, sin control ciudadano, sin contrapesos reales y muchas veces al servicio de proyectos políticos o redes de corrupción.


Una advertencia para Chile… y para la región


Este proceso no debe ser leído como una “crisis del Poder Judicial”, sino como una oportunidad histórica de saneamiento institucional.
La verdadera crisis no es destituir jueces corruptos;
la verdadera crisis es permitir que sigan fallando impunemente.


Chile está demostrando que la soberanía popular también se defiende exigiendo jueces probos, que la democracia no se debilita cuando se fiscaliza al poder, sino cuando se le deja actuar sin control.


Un llamado directo a la ciudadanía chilena


La población chilena debe despertar de una vez:
no existe justicia social sin justicia imparcial,
no existe democracia cuando un poder se cree superior al resto,
no existe Estado de Derecho cuando los jueces olvidan que también están sujetos a la ley.


Chile hoy está dando un ejemplo que incomoda, pero que dignifica.
Un ejemplo que
América Latina y el mundo deberían observar con atención.

2025/12/22

La derrota de la izquierda desconectada: ¿y hacia dónde mirar ahora?

Por Rodolfo Varela

El 14 de diciembre de 2025, Chile vivió un giro político profundo. José Antonio Kast, candidato del Partido Republicano, obtuvo el 58% de los votos en segunda vuelta y asumirá la presidencia en marzo de 2026, poniendo fin a cuatro años de un gobierno que llegó prometiendo transformaciones históricas y terminó administrando el statu quo.


Boric, de líder estudantil ao primeiro presidente millennial do Chile


Este resultado no surge de la nada, ni puede explicarse como un simple “giro conservador” del electorado. Es, ante todo, la consecuencia directa de una izquierda desconectada de su pueblo, más preocupada de la respetabilidad institucional, el poder y el estatus, que de responder a las urgencias materiales de millones de chilenos.


Presidentes de Izquierda y Centro Iquierda de Chile.


Durante décadas, gobiernos de izquierda y centroizquierda administraron un modelo que el propio pueblo rechazó en las calles: salarios indignos, pensiones miserables que no alcanzan ni el 50% del salario mínimo, un sistema de salud colapsado, educación desigual, corrupción política y judicial, y una deuda histórica jamás saldada con las víctimas de la dictadura.


El Estallido Social de 2019 no fue un accidente. Fue una advertencia. Y el plebiscito de 2020, donde cerca del 80% votó por cambiar la Constitución, fue un mandato claro. Sin embargo, el gobierno de Gabriel Boric —electo precisamente para encarnar ese cambio— fue incapaz de liderarlo.


Se nos dirá, como siempre, que la correlación de fuerzas en el Congreso lo impedía. Es cierto: no hubo mayorías. Pero también es cierto que nunca hubo voluntad política real para dar la pelea, ni siquiera para instalar debates, tensionar al poder o movilizar a la sociedad. Por el contrario, el oficialismo terminó defendiendo el mismo statu quo que prometió cambiar, bailando al ritmo que le impuso la derecha.


Boric, El distanciamiento de la ciudadanía hacia el estallido social


El fracaso del proceso constitucional no puede entenderse sin esa ausencia de liderazgo. Un gobierno cuyo bloque se llamaba “Apruebo Dignidad” se marginó de la campaña más importante desde el retorno a la democracia, dejando el terreno libre a una ofensiva comunicacional feroz de la derecha, mientras el Ejecutivo optaba por la timidez, el cálculo y la pasividad.


A ello se sumó una rendición explícita ante la tecnocracia neoliberal. La negativa a políticas de alivio económico en 2022, la defensa dogmática del sistema de pensiones y la escasa ayuda frente al alza del costo de la vida terminaron por romper el vínculo con una población que no vive de indicadores macroeconómicos, sino de sueldos que no alcanzan.


La derrota del progresismo no es, entonces, cultural: es material. La moderación no trajo estabilidad; trajo frustración. Y en ese vacío, las ultraderechas avanzan, porque al menos dicen querer cambiar algo, aunque sea para peor.


La candidatura de Jeannette Jara fue víctima de este contexto. Más que su militancia comunista, lo que pesó fue haber sido ministra de un gobierno percibido como continuidad. Su campaña terminó secuestrada por sectores derrotados, discursos anacrónicos y una estrategia diseñada para un electorado que ya no existe.


Jeannette Jara representante de los pobres?


Lo ocurrido es, en esencia, un voto castigo. Así como Boric fue elegido en 2021 como castigo a Piñera, Kast triunfa hoy como castigo a un gobierno que prometió dignidad y entregó administración.


¿Y hacia dónde mirar ahora?


Si la izquierda insiste en la autocomplacencia, en proteger cuotas de poder y en evitar una autocrítica real, el malestar social volverá a estallar. La pregunta no es si ocurrirá, sino cuándo. Y una vez más, la clase política podría no verlo venir.

2025/12/17

Petro, Kast y los límites del respeto entre democracias

Por Rodolfo Varela

Las críticas políticas son legítimas cuando son constructivas, fundamentadas y responsables. Lo que resulta inaceptable es la descalificación gratuita, basada en insultos, exageraciones o desconocimiento de la realidad ajena. Menos aún cuando proviene de un jefe de Estado.


Los dichos de Petro contra Kast por los que diputados de oposición exigen a Cancillería una nota de protesta


El presidente de Colombia, Gustavo Petro, ha cruzado reiteradamente esa línea al referirse al presidente electo de Chile, José Antonio Kast, a quien ha calificado de “nazi”, “fascista” y “amenaza para la humanidad”, incluso después de que el Gobierno chileno presentara una nota de protesta formal por considerar sus declaraciones una intromisión indebida en asuntos internos.


Chile enfrenta hoy problemas graves y estructurales: corrupción extendida, precariedad en la salud pública, inseguridad, desigualdad social y una deuda histórica no resuelta con las víctimas de la dictadura. Estos problemas no nacieron ayer ni pueden atribuirse a una sola persona: son el resultado de décadas de gobiernos —principalmente de izquierda— que prometieron cambios profundos y no los cumplieron.


Desde esa realidad, resulta especialmente ofensivo que un mandatario extranjero, que no conoce en profundidad la historia política chilena ni el sufrimiento de su pueblo, se arrogue el derecho de deslegitimar una decisión soberana tomada democráticamente en las urnas.


Petro y la falta de autoridad moral


Antes de emitir juicios lapidarios sobre Chile, el presidente Petro debería mirarse al espejo. Su gobierno enfrenta graves cuestionamientos éticos, judiciales y políticos que han debilitado seriamente su credibilidad internacional.


Estados Unidos sanciona a Gustavo Petro y lo vincula con”tráfico ilícito mundial de drogas”

El caso más grave es el de su hijo, Nicolás Petro, detenido en agosto de 2023, quien admitió ante la Fiscalía haber recibido dinero de personas vinculadas al narcotráfico, incluyendo a un exnarcotraficante conocido como “el Hombre Marlboro”. Parte de esos recursos, según su propia confesión, habrían sido utilizados de forma irregular en la campaña presidencial de Gustavo Petro en 2022, y otra parte destinada a su enriquecimiento personal.


A ello se suman crisis diplomáticas y tensiones con Estados Unidos. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha sido especialmente crítico, acusando a Petro de no hacer lo suficiente para combatir el narcotráfico. Más allá de los estilos, estos hechos han dañado objetivamente la imagen internacional de Colombia.

En ese contexto, Petro carece de autoridad moral para dar lecciones de democracia o derechos humanos a otro país.


No soy kastista, pero respeto la democracia


No concuerdo con las ideas de José Antonio Kast. Las razones son muchas y conocidas. No espero grandes avances en materia de reparación a las víctimas de Pinochet bajo su gobierno. Sin embargo, desearle el fracaso a un presidente electo es desearle el fracaso al país.

Espero —y exijo como ciudadano— que Kast gobierne para todos los chilenos, sin odio ni revanchismo, y que tenga la grandeza política de contribuir a que Chile salga del estancamiento en que se encuentra.
Si logra avances reales en justicia, salud, seguridad y derechos humanos, será un buen gobierno, aunque no comparta su ideología.


Petro insiste y agrava el conflicto


Pese a la protesta diplomática de Chile, Petro volvió a calificar a Kast de “nazi” y “fascista”, afirmando que su triunfo representa “la muerte” para América Latina. Estas declaraciones no solo son irresponsables y ofensivas, sino que constituyen una grave falta de respeto a la decisión soberana del pueblo chileno.


El contraste con México


Muy distinta fue la postura de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, quien expresó críticas claras a la reivindicación de Augusto Pinochet, pero lo hizo con respeto institucional, reconociendo el carácter democrático de la elección chilena.

Esa es la diferencia entre crítica política responsable y provocación ideológica.


La presidenta de México, Claudia Sheinbaum

Conclusión

Chile no necesita insultos ni tutelajes externos.

Necesita respeto, memoria, justicia y soluciones reales.

2025/12/16

Derrota histórica para la izquierda chilena

Por Rodolfo Varela

La izquierda chilena atraviesa hoy uno de los momentos más críticos desde el retorno a la democracia. Los recientes reveses electorales, que culminaron con la contundente victoria de la derecha y la elección de José Antonio Kast como presidente de la República, quien asumirá en marzo de 2026, han dejado al descubierto una crisis profunda, estructural y moral del sector.


 


Desde mi análisis político, esta derrota no es circunstancial ni producto exclusivo de una coyuntura electoral. Es el resultado de años de desconexión con el pueblo, de promesas incumplidas, de una gobernanza distante y de una elite política que terminó pareciéndose demasiado a aquello que decía combatir.

Una derrota aplastante

La victoria de José Antonio Kast, con aproximadamente el 58,3% de los votos frente al 41,7% de la candidata de izquierda Jeannette Jara, constituye una de las derrotas más duras sufridas por la izquierda chilena desde la redemocratización. El amplio margen sorprendió incluso a analistas experimentados y profundizó la polarización política del país, dejando a la izquierda sin relato, sin liderazgo claro y sin conexión real con las mayorías sociales.

Agotamiento social tras más de tres décadas

Este resultado expresa un agotamiento social acumulado durante más de treinta años, que terminó por estallar bajo el actual gobierno de centroizquierda encabezado por Gabriel Boric. La ciudadanía evaluó con dureza la gestión en áreas clave como la economía, la pobreza, la salud, la educación, las pensiones miserables, la inseguridad pública, la inmigración descontrolada y, especialmente, la deuda histórica con las víctimas de la dictadura, aún impaga y sistemáticamente postergada.

El pueblo chileno, cansado de discursos vacíos y soluciones cosméticas, optó por un giro político radical en busca de respuestas concretas.

Críticas internas y crisis de gobernanza

Las críticas dentro del propio oficialismo no tardaron en emerger. Figuras relevantes del gobierno, como la ministra del Interior y Seguridad Pública, Carolina Tohá, realizaron cuestionamientos públicos a la gestión, generando tensiones internas y evidenciando la falta de rumbo, coordinación y liderazgo político. La izquierda no solo perdió en las urnas; perdió también su capacidad de gobernar con claridad y convicción.

La urgente necesidad de una reevaluación estratégica

La izquierda chilena enfrenta hoy el desafío ineludible de revisar sus dilemas históricos, abandonar la soberbia ideológica y replantear seriamente su proyecto político. El debate ya no puede girar en torno a consignas ni relatos épicos, sino a cómo responder de manera honesta, eficaz y sin mentiras a las demandas reales de la población.

La desconexión con su base social es evidente. Millones de chilenos que alguna vez confiaron en la izquierda optaron esta vez por el extremo opuesto, como un grito de protesta ante el abandono y la frustración.

Polarización y responsabilidad política

La campaña estuvo marcada por una intensa polarización, pero es necesario decirlo con claridad: la principal responsable de este escenario es la propia izquierda, incapaz de cumplir sus compromisos y de ofrecer soluciones reales a los sectores más humildes. El cansancio social frente a promesas reiteradamente incumplidas terminó por sepultar su credibilidad.


Jeannette Jara                                        José Antonio Kast


Una oposición que debe mirarse al espejo

Tras la derrota, Jeannette Jara anunció que la izquierda ejercerá una “oposición proactiva” frente al nuevo gobierno. Sin embargo, antes de pensar en oponerse, el sector debería mirarse al espejo, revisar sus privilegios, sus altos salarios, sus vidas acomodadas y su distancia con un pueblo empobrecido, humillado y cansado de ser utilizado solo en tiempos electorales.

Conclusión

En síntesis, esta izquierda chilena —que ya no representa al pueblo y que parece más preocupada de sus intereses personales que del bien común— se encuentra en una encrucijada histórica. Su creciente impopularidad, marcada por la corrupción, el elitismo y la falta de autocrítica, exige una transformación profunda y urgente.

Si no es capaz de reconectarse con la realidad de un país herido, desigual y decepcionado, seguirá siendo desplazada por una nueva correlación de fuerzas en el escenario político chileno. El mensaje del pueblo fue claro, contundente y democrático. Ignorarlo sería, una vez más, un acto de soberbia imperdonable.


2025/12/15

Las grandes claves que explican el contundente triunfo de Kast en Chile (y qué dicen de los desafíos que enfrenta)

Por Rodolfo Varela


No hubo sorpresas. Chile eligió este domingo al ultraderechista José Antonio Kast como su próximo presidente, un resultado que marca un giro importante en la política del país, con implicaciones profundas para su futuro.


José Antonio Kast es elegido presidente de Chile.

Desde 2010, Chile había mantenido una alternancia constante entre la izquierda y la derecha, con presidentes de centroizquierda y centro-derecha que consolidaron la estabilidad política y económica del país. Sin embargo, esa estabilidad se quebró en octubre de 2019, con el estallido social que desnudó una serie de frustraciones acumuladas, entre ellas la deuda histórica con las víctimas de la dictadura de Pinochet, la corrupción, la inseguridad y la pobreza generalizada.

El triunfo de Kast, quien obtuvo un 58,16% de los votos frente al 41,84% de la candidata de izquierda, Jeannette Jara, revela varios factores claves que explican su victoria, pero también plantea preguntas sobre los desafíos que se avecinan.

1. El miedo como motor del voto

Sin duda, uno de los principales factores detrás de este resultado es el miedo. El miedo a la delincuencia, a la migración descontrolada y al aumento de la pobreza y la inseguridad económica fueron aspectos clave que moldearon el voto. La sensación de inseguridad aumentó significativamente en los últimos años, con un repunte en delitos comunes y la presencia de grupos criminales internacionales, lo que afectó directamente la gestión del gobierno de Gabriel Boric.

Kast supo capitalizar este temor con un discurso de "mano dura" contra el crimen organizado y la migración irregular, cuestiones que se convirtieron en prioridades para muchos chilenos. La vinculación entre crimen organizado y migración irregular, especialmente con la presencia de grupos como el Tren de Aragua, le permitió conectar con un electorado que percibe estos temas como problemas urgentes a resolver.

2. Un giro hacia la moderación (¿o solo una estrategia electoral?)

Si bien Kast fue históricamente un defensor del pinochetismo y adoptó posturas extremas en sus anteriores intentos presidenciales, en esta campaña su discurso fue claramente más moderado. En lugar de insistir en los temas que lo habían caracterizado en el pasado, como la oposición al aborto y los derechos LGBTIQ+, su foco estuvo en un "gobierno de emergencia" centrado en la seguridad y el control de la migración. Esta moderación le permitió atraer votantes del centro y de la derecha tradicional, incluyendo figuras clave como el expresidente Eduardo Frei y el exministro de Sebastián Piñera, Evelyn Matthei.

Esta táctica le permitió a Kast arrastrar votos que en otra coyuntura habrían ido a parar a otros candidatos de la derecha, incluyendo el 20% de los votos obtenidos por el populista Franco Parisi. A diferencia de su postura anterior, esta estrategia más pragmática fue clave para su victoria histórica.

3. La derrota de la izquierda y la falta de renovación

La derrota de Jeannette Jara no puede entenderse sin considerar el desgaste de la izquierda, especialmente del gobierno de Boric, cuya gestión ha sido marcada por críticas por su falta de capacidad para cumplir con las promesas sociales de cambio que le permitieron llegar al poder. A pesar de los esfuerzos del gobierno para responder a algunas de estas demandas, la falta de respuestas oportunas y la inestabilidad interna provocaron un clima de desconfianza.


Jeannette Jara: “Chile tiene dolores que deben recomponerse con mayor justicia y cohesión

Jara, además, representaba la continuidad de ese gobierno, lo que jugó en su contra. Su militancia comunista fue otro lastre importante, un factor que muchos consideran fundamental en su derrota. Aunque Jara intentó distanciarse de su origen, el estigma del comunismo, especialmente en ciertos sectores de la población, le pasó factura. En las comunas más acomodadas y en el mundo rural, Kast se impuso con contundencia.

4. ¿Qué le espera a Kast?

Con una victoria histórica, Kast se enfrenta a un panorama lleno de desafíos. Aunque logró captar el apoyo de una coalición diversa, desde la derecha tradicional hasta sectores más liberales y libertarios, su gobierno no contará con mayorías en el Congreso. Esto significa que tendrá que hacer malabares para asegurar la gobernabilidad, negociando con la oposición y ajustando sus políticas.

Además, las expectativas que él mismo ha generado sobre el control de la delincuencia y la migración son altas. En su primer discurso, fue claro al moderar esas expectativas, advirtiendo que los resultados no llegarán de la noche a la mañana. Pero, a medida que el tiempo pase, se verá si podrá cumplir con las promesas que lo llevaron al poder, o si el desgaste de su gestión terminará afectando su popularidad.

El futuro de Chile bajo su liderazgo no es aún claro, pero su victoria marca un cambio significativo en la política del país. Con un discurso alineado con tendencias autoritarias en algunos aspectos, y guiños hacia figuras como Javier Milei y Nayib Bukele, la pregunta es si Kast será capaz de mantenerse dentro de los márgenes democráticos o si optará por una agenda más radical.

Al final, su éxito se debe en gran medida a la disconformidad con la izquierda y el deseo de un cambio profundo. La pregunta ahora es si ese cambio será efectivo y si la coalición que lo apoya será capaz de mantener su cohesión a largo plazo.

2025/12/10

La Ingeniería Total de la Dependencia

Cómo la Nueva Izquierda Latinoamericana Fabrica Pueblos Enteros para Servir al Estado

Por Rodolfo Varela 

Locutor, comunicador y columnista


América Latina gira hacia una nueva izquierda



Algo está ocurriendo en América Latina y ya no puede seguir siendo ignorado: una operación política calculada, silenciosa pero devastadora, que ha logrado lo que ninguna dictadura del siglo XX consiguió jamás.


La nueva izquierda —la que se disfrazó de salvadora— ha perfeccionado una ingeniería total de la dependencia, un sistema diseñado para fabricar ciudadanos ignorantes, pobres, temerosos y eternamente agradecidos al mismo poder que los oprime.

Y lo más grave es esto:

la misión está siendo ejecutada con un éxito aterrador.

Mire a su alrededor.

Las escuelas públicas se parecen cada vez más a cárceles abandonadas, lugares donde las personas son almacenadas, no educadas. Mientras tanto, los congresos rebalsan de lujos, buffets de langosta, privilegios obscenos y beneficios que un ciudadano común jamás verá en toda su vida.

¿Por qué?

Porque la gente educada piensa, cuestiona y se rebela.
Y ese es el peor terror para esta izquierda fabricada en laboratorio que gobierna un continente podrido.


Ellos no quieren educación de calidad.


Quieren máquinas humanas capaces de apretar tornillos, pero incapaces de comprender el sistema que los encadena. La educación se ha convertido en un ritual torpe, donde nadie reprueba, todos son empujados hacia adelante y el objetivo ya no es formar mentes: es neutralizarlas.


49% de los chilenos considera "mala" la calidad del sistema educativo


Un cerebro que funciona es una amenaza.


Mucho más seguro mantener a la población hipnotizada con TikTok, chismes de celebridades, reality shows y ese pan de cada día llamado entretenimiento vacío, mientras la pobreza se cultiva como un jardín —podada, administrada, jamás permitida a desaparecer.


Porque una población pobre no piensa en libertad; piensa en sobrevivir.


Mientras millones luchan por alimentar a sus familias, los políticos queman fortunas en enmiendas secretas, tarjetas corporativas, jets privados y privilegios financiados con el sudor de la misma gente que mantienen de rodillas.     A fin de mes llega una transferencia mínima —una limosna calculada.


Apenas suficiente para que muchos digan:“Bueno… al menos es algo.”

Y así, queda asegurado otro dependiente leal.

Es el mismo mecanismo del narcotráfico:
primero te quiebran,luego te dan una “dosis”,
y por último te convencen de que te salvaron.

Pero la dependencia que están construyendo no es solo económica —es emocional.


Manos solidarias que alivian la necesidad en Iquique, Chile.

Naciones enteras se han convertido en huérfanos del Estado: 

Ciudadanos que creen que los políticos son sus padres, que el gobierno es su salvador, y que obedecer es la única manera de sobrevivir.

Porque el objetivo no es crear ciudadanos.
Es crear devotos.

Y cuando la devoción no basta, utilizan el miedo.


Aquí se esconde la capa más perversa del sistema:


la instrumentalización de las Cortes Supremas y del poder judicial.

El poder judicial se ha transformado en una herramienta para intimidar, silenciar y castigar a quienes se atreven a disentir.


Ni siquiera las dictaduras del pasado lograron un método tan refinado:


Silenciar a la población no con balas, sino con jueces; no con cárceles, sino con amenazas “legales”; no con censura explícita, sino con fallos disfrazados de justicia.

Hablas demasiado fuerte, criticas demasiado directo, expones demasiado —y la toga se convierte en látigo.


Por encima del Poder Legislativo y del Ejecutivo


Mientras tanto, los hijos de ellos estudian en el extranjero, con educación de primer nivel, lejos de las ruinas que sus propios padres crearon.
Usted, si tiene suerte de entrar a una universidad, egresará endeudado y sin empleo.

Ellos disfrutan salud de élite, sueldos millonarios, choferes privados, guardaespaldas y hasta viáticos para comprar ropa interior.

Usted muere esperando en una fila de hospital, viaja en buses repletos y agradece a Dios cuando el Estado le tira unas migajas a su cuenta.


La verdad, sin maquillaje, es esta:


No les interesas tú ni tu familia.
Te necesitan ignorante, para que no entiendas.
Pobre, para que no elijas.
Con miedo, para que no resistas.
Y dependiente, para que nunca escapes.

Ese es el proyecto político.
Esa es la estrategia.
Y en gran parte de América Latina,
está funcionando con una perfección que da escalofríos.

2025/12/09

Chile: La Izquierda que Abandonó al Pueblo y la Derecha que No Tiene Respuestas

Por Rodolfo Varela

Este martes, José Antonio Kast, del Partido Republicano, y Jeannette Jara, representante de una izquierda que hace décadas dejó de representar al pueblo trabajador, se enfrentarán en un programa organizado por la Asociación Nacional de Televisión (Anatel). A su lado, la socialdemocracia y la Democracia Cristiana —siempre acomodadas “donde calienta el sol”— completan el cuadro político de un país cansado de promesas incumplidas.


Hoy es el último debate presidencial


Jara llega con el impulso de haber ganado la primera vuelta. Sin embargo, Kast aparece como favorito en la mayoría de las encuestas, impulsado por la derecha y la extrema derecha.
Aun así, los estudios de opinión indican un porcentaje alto de indecisos, especialmente en un escenario de voto obligatorio.


Las contradicciones de Kast


Kast evitó debates durante la campaña y, cuando participó —como en el encuentro de la Asociación de Radiodifusores— quedaron expuestas varias debilidades, incluso en áreas que él mismo instaló como pilares, como la migración.
Su propuesta de expulsar masivamente a 350 mil migrantes carece de fundamentos técnicos y es simplemente populismo duro.


Marcha antimigrante en Chile


Además, su postura de indultar a presos de Punta Peuco por crímenes de lesa humanidad contradice los compromisos internacionales de Chile, donde esos delitos son imprescriptibles.

Habla de combatir el crimen organizado, pero al mismo tiempo envía una señal de indulgencia hacia quienes cometieron atrocidades durante la dictadura (1973–1990).
Eso no es coherencia: es cálculo político.


Las promesas repetidas de Jara


Por su parte, Jeannette Jara habla de construir un Estado que proteja a la sociedad, que garantice derechos sociales y redistribuya la riqueza. Son promesas que la izquierda —esta izquierda elitizada que se enriqueció mientras el pueblo se empobrecía— ha hecho durante décadas sin cumplir.


Hablan de derechos, pero entregaron una educación mediocre, una salud colapsada, precarización laboral, pensiones de miseria y, lo más grave, una deuda histórica inmoral con las víctimas de la dictadura.
Décadas de discursos y ningún resultado concreto para quienes más sufrieron.


"Es una humillación": adultos mayores


Seguridad: gritos, slogans y poca solución real


Kast promete mano dura, como si con eso bastara para resolver un problema estructural. La seguridad no se arregla solo con policía; requiere atacar las condiciones sociales que empujan al delito.
Y eso él no lo aborda.


Jara propone levantar el secreto bancario para seguir la ruta del dinero del crimen organizado y crear políticas de integración social. Ideas razonables, pero que vienen desde una izquierda que ya no genera confianza porque dejó abandonados a los mismos sectores que dice defender.


La comunista Jara y el ultraderechista Kast se disputarán la Presidencia de Chile


La mentira populista que recorre América Latina


La nueva izquierda latinoamericana se presenta como defensora de los pobres, pero gobierna como una élite desconectada que se beneficia del poder. Prometen igualdad, pero entregan corrupción, autoritarismo, sistemas de salud precarios y un abandono imperdonable a las víctimas de las dictaduras militares.
Hablan de justicia social, pero viven como realeza.

Esta “izquierda elitizada” engaña a un pueblo que ha cargado con décadas de sacrificio, trabajo duro y pago de impuestos. Y cuando el pueblo exige resultados, le ofrecen ideología, no soluciones.


El debate de hoy: una oportunidad para despertar


Los pocos debates realizados han tenido alta audiencia. La ciudadanía observa, compara y comienza a despertar del engaño.
Este debate de Anatel puede marcar un punto de inflexión: la gente quiere respuestas reales, no consignas vacías. Quiere honestidad, no marketing político.

Chile llega al domingo con dos caminos opuestos:

  • una izquierda que perdió su conexión con el pueblo,

  • y una derecha que ofrece soluciones simplistas y contradictorias.

Entre esas dos mentiras, el pueblo chileno —trabajador, pagador de impuestos y golpeado por décadas de engaños— tendrá que decidir.


Ojalá esta vez sin olvidar a quienes siguen esperando justicia: las familias que aún buscan a sus hijos secuestrados por la dictadura y vendidos como mercancía.
Esa es la verdadera deuda moral que ni la izquierda ni la derecha han tenido el coraje de saldar.


2025/12/08

La nueva izquierda latinoamericana y la humillación de los más pobres: promesas que empobrecen

 

Por Rodolfo Varela

Locutor chileno, sobreviviente de la dictadura de 1973


En el Chile de 2025, mientras miles buscan techo y dignidad en campamentos como Placilla y Cerro Centinela, la retórica gubernamental vuelve a repetir las mismas palabras mágicas: “salir de la pobreza”, “salud de calidad”, “vivienda para todos”. 


Chile. Campamento Placilla de San Antonio: la batalla por la radicación definitiva

Sin embargo, la experiencia cotidiana de las familias expulsadas, de los exonerados políticos y de las víctimas de la represión muestra otra realidad: promesas vacías, trámites burocráticos interminables y decisiones que, más que resolver, perpetúan la dependencia y la humillación de la gente humilde. El caso del campamento Placilla de San Antonio —organizado, con viviendas sólidas y servicios, y hoy enfrentado a medidas de desalojo— es una muestra dolorosa de cómo las palabras del poder no se traducen en justicia social. 


1) Un ejemplo doloroso: Placilla y Centinela


Las familias que han hecho del predio de Placilla y del Cerro Centinela un barrio vivo no esperaron caridades: construyeron escuelas, calles y vida. A pesar de ello, enfrentan órdenes judiciales y la amenaza de desalojo, mientras el Estado discute proyectos, expropiaciones y planes que llegan tardíamente o con toques que buscan administrar la emergencia más que resolverla. El gobierno anunció recientemente un proyecto habitacional para “dar una solución definitiva” al megatoma del Cerro Centinela, pero la tensión entre medidas judiciales y soluciones administrativas revela que la respuesta pública siempre corre detrás de la crisis y nunca la previene. interior.gov.cl/+1


Chile. Campamento Placilla de San Antonio: la batalla por la radicación definitiva



2) Justicia en crisis: cómo la corrupción y la desconfianza agravan el problema


No podemos analizar la tragedia habitacional sin mirar la crisis institucional que la acompaña. Las recientes imputaciones, destituciones y escándalos en la cúpula judicial (casos que han salpicado a ministros como Ángela Vivanco y Sergio Muñoz) alimentan la sospecha de que decisiones capitales —entre ellas órdenes de desalojo— se toman en contextos donde la legitimidad ha sido erosionada por redes de influencia y corrupción. La consecuencia es brutal: comunidades enteras ven su destino decidido en tribunales cuestionados, mientras las soluciones públicas permanecen lentas o simbólicas.  BioBioChile+


3) Promesas que encadenan: la retórica de la “nueva izquierda” y su efecto social


La crítica que planteo no es al tema “izquierda” versus “derecha” en abstracto, sino a una práctica recurrente en varios gobiernos latinoamericanos que se autodenominan “progresistas”: usar la agenda social como discurso hegemónico mientras se perpetúan recetas administrativas y políticas que mantienen a los pobres en estado de dependencia.

Puntos claros:

  • Promesas sin entregas: programas anunciados con fanfarrias que luego se transforman en concursos, formularios y listas de espera interminables.

  • Burocracia como control: requisitos y trámites que más que ordenar la ayuda terminan seleccionando quién merece vivir y quién no —y muchas veces penalizan al más necesitado.

  • Clientelismo y permanencia en el poder: incentivos que empujan a las familias a mantenerse atadas a un gobierno que no les da autonomía real (vivienda segura, empleo estable, salud efectiva).

  • Hipocresía moral: élites del poder que viven con holgura y repiten el lenguaje de la pobreza como discurso simbólico, pero no cambian las estructuras de acceso ni priorizan la reparación histórica (exonerados, presos políticos, desaparecidos).

Esto no es mera ideología: es una lectura política construida sobre la frustración de barrios que luchan por quedarse en la tierra que habitaron y por el reconocimiento mínimo que el Estado, por obligación, debe darles.




4) La memoria olvidada: reparación, verdad y dignidad


Mientras algunos dirigentes declaman justicia transicional y memoria, muchas víctimas —exonerados, presos políticos, familiares de desaparecidos— siguen sin reparación efectiva. La política de la promesa electoral revive la memoria sólo en campañas; luego, cuando hay que pagar deudas históricas o habilitar programas de reparación, aparecen trabas burocráticas, falta de financiamiento real o la excusa de “prioridades” que nunca coinciden con la urgencia de la gente afectada. Esto es una doble violencia: la material y la simbólica.



5) Qué hacer: exigencias mínimas y urgentes


Una crítica no alcanza si no propone medidas concretas. Propongo, en términos claros:

  1. Radicación definitiva y programas de regularización acelerada para campamentos con catastro y participación directa de las comunidades. (Las experiencias de Placilla demuestran que hay ciudadela y organización para sostenerlo). www.liberacion.cl                     

  2. Transparencia judicial inmediata en procesos que impliquen desalojos masivos: audiencias públicas, peritajes independientes y suspensión de órdenes hasta que se garantice el debido proceso. BioBioChile
  3. Planes de expropiación con prioridad social, no negociación de mercado; que el Estado deje de pensar en la vivienda como mercancía y la considere derecho. Emol

  4.  Programas de reparación histórica que no sean discursos: pensiones dignas, reintegración laboral prioritaria, acceso preferente a vivienda y salud para exonerados y víctimas.

  5.  Empoderamiento comunitario real: fondos y autonomía para los comités vecinales que han demostrado capacidad de gestión y solidaridad.

  6.  Cierre — Una pregunta para Chile y para América Latina                                                ¿Seguiremos permitiendo que las palabras y las ceremonias sustituyan a las políticas efectivas? ¿Hasta cuándo la “nueva izquierda” podrá usar el sufrimiento de la gente como retórica y no como agenda? Urge que los ciudadanos exijan coherencia: que las promesas se traduzcan en casas, empleos, salud y reparación. Si no, el resultado será siempre el mismo: más dependencia, más humillación y más dolor para quienes ya lo han perdido casi todo.