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2026/09/09

Opinión: La complicidad del silencio y la afrenta a la memoria histórica de Chile


Por: Rodolfo Varela
Sobreviviente de la tortura, exonerado, ex preso político y defensor de los Derechos Humanos.

Las recientes declaraciones emitidas en Santiago por el presidente argentino, Javier Milei, constituyen un agravio inadmisible que violenta la dignidad de nuestro país y la memoria de quienes padecimos en carne propia los horrores de la dictadura militar. Referirse en términos despectivos y degradantes a las víctimas y a los sectores que defienden la verdad histórica no es solo una provocación ordinaria; es una muestra de profunda miseria moral y un acto de violencia discursiva que ningún Estado soberano debería tolerar.


Javier Milei, basura humana


Como sobreviviente de la prisión política y la tortura, sé perfectamente que el dolor de Chile no es un mito. Los secuestros, las desapariciones forzadas, los asesinatos y la persecución estatal ocurrieron; están ampliamente documentados y dejaron heridas abiertas en miles de familias chilenas. Asimismo, es una verdad histórica innegable que el derrocamiento del presidente Salvador Allende fue un proceso orquestado y ejecutado con la intervención y el financiamiento de los Estados Unidos. 


A estos crímenes brutales se suma una de las tramas más oscuras y desgarradoras del régimen: el secuestro sistemático y la venta ilegal de miles de niños y niñas chilenos enviados al extranjero. Mediante engaños a madres vulnerables a las que se les mentía diciendo que sus bebés habían muerto al nacer, redes criminales compuestas por jueces, médicos, trabajadores sociales y agentes del Estado traficaron con la infancia de nuestro país. 



Golpe militar en Chile y el asesinato de Salvador Allende (11/09/1973)



Estas adopciones forzadas e irregulares son, junto a la falta de justicia total, una herida abierta y una inmensa deuda moral, judicial y de reparación que el Estado chileno aún no salda con las víctimas de la dictadura. Que un mandatario extranjero venga a nuestro propio suelo a relativizar estos crímenes de lesa humanidad y a insultar a nuestros compatriotas es una aberración diplomática y humana. 


Sin embargo, lo más doloroso e indignante no es solo la insolencia de Milei, sino la sumisión de quien hoy ostenta la máxima magistratura de nuestra nación. El actual presidente de Chile, José Antonio Kast, ha demostrado una alarmante falta de carácter y de patriotismo al negarse a defender a sus propios compatriotas frente a estos insultos. Al asumir el cargo, un presidente se convierte en el representante de todos los chilenos, sin importar su color político. Su deber primordial es proteger la dignidad nacional.


La respuesta displicente de Kast, argumentando que prefiere no opinar para resguardar la diplomacia, es una excusa inaceptable. No se trata de diplomacia; se trata de una alarmante complicidad ideológica que pone sus afinidades partidistas internacionales por encima del respeto a los ciudadanos de su propio país. Callar ante la ofensa a las víctimas de la dictadura es, en la práctica, avalar el negacionismo.


José Antonio Kast, es el presidente de todos los chileno?



Guardo un profundo respeto y hermandad por el pueblo argentino, una nación hermana con la que compartimos historia y futuro. Sin embargo, no puedo guardar silencio ante el actual gobierno de ese país, cuyas provocaciones y discursos de odio vulneran la convivencia democrática de la región.


La memoria de Chile costó sangre, exilio, la separación forzada de familias y un dolor incalculable. Ningún discurso negacionista, por estridente que sea, podrá borrar la verdad de lo que vivimos. Y ninguna omisión presidencial, por calculada que sea, logrará que los sobrevivientes dejemos de exigir la dignidad, la justicia y el respeto que nuestro país se merece.