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2026/09/23

Opinión: Ideología, soberanía y seguridad: el debate que Brasil no puede eludir

Por: Rodolfo Varela

El crimen organizado transnacional ya no conoce fronteras. Sus redes atraviesan países, utilizan rutas internacionales, movilizan enormes cantidades de dinero, trafican drogas y armas y aprovechan las diferencias entre las legislaciones nacionales para ampliar su poder.


El desafío del crimen organizado transnacional en América Latina


Por eso, la decisión de Brasil de mantenerse fuera del “Escudo de las Américas”, una iniciativa de cooperación regional impulsada por Estados Unidos para enfrentar el crimen organizado y el narcotráfico, merece una reflexión seria y sin consignas partidarias.


El 22 de septiembre de 2026, Estados Unidos y otros 14 países de América Latina y el Caribe anunciaron en Naciones Unidas una acción conjunta contra 24 organizaciones criminales. Entre ellas fueron incluidos el Primeiro Comando da Capital (PCC) y el Comando Vermelho, dos de las principales organizaciones criminales brasileñas. Brasil, sin embargo, no forma parte de esta iniciativa.


La cuestión, entonces, no debería reducirse a si la propuesta viene de Washington o de otro lugar. La pregunta fundamental es otra: ¿cómo puede un país enfrentar organizaciones criminales que operan internacionalmente si la cooperación internacional no acompaña la dimensión internacional del problema?


Defender la soberanía nacional es legítimo y necesario. Pero soberanía no debería significar aislamiento. Un Estado puede conservar plenamente el control de sus instituciones, de sus fuerzas de seguridad y de sus decisiones políticas y, al mismo tiempo, compartir información, inteligencia, tecnología y mecanismos de persecución financiera con otros países.


La erosión silenciosa de la soberanía por parte del crimen organizado



De hecho, Brasil ya mantiene cooperación bilateral con Estados Unidos en materia de seguridad. En abril de este año, ambos países formalizaron un acuerdo para combatir redes delictivas internacionales y el tráfico de armas, incluyendo mecanismos de intercambio de información aduanera.



Entonces surge una pregunta que merece respuesta: si Brasil puede cooperar bilateralmente con Estados Unidos contra el crimen transnacional, ¿por qué mantenerse fuera de una iniciativa regional que busca precisamente ampliar la coordinación entre varios países?


No se trata de entregar la soberanía brasileña a ninguna potencia extranjera. Tampoco de convertir la seguridad pública en una cuestión ideológica. Se trata de evaluar, con pragmatismo, qué herramientas pueden ayudar a proteger a millones de ciudadanos.


Brasil y Estados Unidos unen fuerzas para combatir el crimen transnacional


El crimen tampoco tiene ideología


Las grandes organizaciones criminales no preguntan si una víctima vota por la izquierda, por el centro o por la derecha.

No respetan fronteras, gobiernos ni colores partidarios.

Su lógica es el dinero, el control territorial, el tráfico de drogas y armas y la capacidad de corromper instituciones.

Por eso, la respuesta del Estado tampoco debería quedar atrapada en disputas ideológicas.

Brasil tiene una de las mayores economías y poblaciones de América Latina y enfrenta organizaciones criminales con capacidad de operar mucho más allá de una ciudad o incluso de un estado. El PCC y el Comando Vermelho, además, fueron incluidos por los países participantes del Escudo de las Américas entre las organizaciones consideradas una amenaza narcoterrorista dentro de la declaración conjunta de septiembre.

Eso no significa que Brasil deba aceptar automáticamente todas las definiciones o estrategias de otros gobiernos. Significa que el problema existe y que merece una respuesta proporcional a su dimensión.


El “Novo Cangaço” y el dominio de ciudades


Brasil también conoce desde hace años una modalidad criminal que la prensa, investigadores y agentes de seguridad han denominado “Novo Cangaço”.

Son ataques en los que grupos numerosos y fuertemente armados sitian ciudades, atacan bancos o transportadoras de valores, utilizan explosivos, bloquean carreteras, enfrentan a las fuerzas policiales y, en algunos casos, utilizan a civiles como rehenes o escudos humanos. Investigaciones académicas y estudios vinculados a la seguridad pública han documentado este fenómeno en diferentes regiones del país.

El «nuevo cangaço» en Varginha


El ataque de Araçatuba, en São Paulo, en 2021, mostró hasta dónde podía llegar esta modalidad: hombres armados con fusiles, vehículos preparados para la acción, explosivos, drones, vehículos incendiados y personas utilizadas como escudos humanos.

Víctimas son utilizadas como escudos humanos tras un asalto a un banco en la ciudad de Vidal Ramos, Santa Catarina (Brasil).


Incluso existe un debate técnico dentro de los organismos de seguridad brasileños sobre la expresión “Novo Cangaço”, y algunos especialistas consideran más preciso hablar de “domínio de cidades”. Pero más allá del nombre, la realidad es la misma: grupos criminales capaces de paralizar temporalmente comunidades enteras mediante el uso coordinado de violencia y armamento pesado.



Delincuentes utilizan a personas como escudos humanos durante un asalto a bancos en Araçatuba, São Paulo.


Y cuando una población civil queda atrapada entre delincuentes fuertemente armados y fuerzas de seguridad, lo que existe es una amenaza concreta contra el Estado de derecho y contra la vida de ciudadanos inocentes.

Seguridad sin sometimiento


Cooperar internacionalmente no significa entregar las decisiones nacionales.

Brasil puede y debe defender sus intereses, controlar sus fronteras y exigir que cualquier cooperación respete su Constitución y sus leyes.

Pero tampoco debería convertir la soberanía en una barrera automática frente a toda iniciativa internacional.

La propia declaración del Escudo de las Américas establece que las acciones de los países participantes deben realizarse de acuerdo con sus respectivas obligaciones jurídicas nacionales e internacionales.

Por eso, el debate debería ser mucho más serio que una simple disputa entre izquierda y derecha.


Marcos Camacho, Markola, es el líder del PCC, actualmente preso en una cárcel en Brasil.


La pregunta no es quién tiene la bandera correcta.

La pregunta es qué instrumentos concretos pueden salvar vidas, cortar las rutas del narcotráfico, perseguir el dinero del crimen organizado, combatir el tráfico de armas y proteger a las comunidades.

El crimen organizado ya se globalizó.

La cooperación internacional también tendrá que hacerlo.

La soberanía es un derecho de los Estados. La seguridad de los ciudadanos es un deber de los gobiernos. Una cosa no debería utilizarse como excusa para abandonar la otra.


El mundo, bajo amenaza del crimen organizado trasnacional


Porque frente al crimen organizado, la ideología no puede estar por encima de la vida humana.

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