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2026/09/15

Chile, Cansado De Promesas

De la decepción de la izquierda a la desilusión con la derecha


Las grandes decepciones: como los gobiernos de izquierda y de derecha.


Por: Rodolfo Varela

Hay momentos en la historia de un país en que las encuestas dejan de ser solamente números y comienzan a convertirse en una señal de cansancio social.


Chile parece estar viviendo uno de esos momentos.

La reciente encuesta Cadem sobre los primeros seis meses del Gobierno de José Antonio Kast entrega cifras que deberían preocupar a La Moneda: 62% de los consultados considera que el Gobierno ha sido peor de lo esperado y la evaluación promedio alcanza apenas un 3,4. La desaprobación del Presidente llega al 62%, mientras la aprobación se sitúa en 34%.

Pero sería demasiado fácil —y políticamente cómodo— interpretar estos resultados solamente como un fracaso de la derecha.

El problema de Chile es mucho más profundo.

La pregunta que debemos hacernos es otra:

¿Por qué tantos chilenos han perdido la confianza en la política, independientemente del color del Gobierno de turno?

Durante décadas, la izquierda y la centroizquierda gobernaron Chile y prometieron transformaciones sociales, mayor igualdad, mejores pensiones, salud digna, educación de calidad y oportunidades para quienes habían quedado al margen del desarrollo.



Desde el retorno a la democracia en 1990, ¿cuál ha sido, en su opinión, la evaluación de estos gobiernos?



Algunas reformas importantes se hicieron. Sería injusto negarlo.

Pero también sería injusto negar que muchas promesas quedaron inconclusas y que millones de chilenos continuaron esperando soluciones que nunca llegaron a la profundidad necesaria.

Después vino la derecha con otro discurso.

Orden.

Seguridad.

Crecimiento.

Empleo.

Menos burocracia.

Un Estado más eficiente.

Una nueva oportunidad para Chile.

Y una parte importante de la ciudadanía decidió creer nuevamente.

No necesariamente porque se hubiera convertido en gente de derecha.

Muchos simplemente estaban cansados de esperar.

Cansados de la delincuencia.

Cansados de las listas de espera.

Cansados de las pensiones insuficientes.

Cansados de la precariedad laboral.

Cansados de los altos costos de la vida.

Cansados de escuchar promesas electorales que después se transformaban en explicaciones, excusas o enfrentamientos políticos.

Y entonces votaron por una alternativa diferente.

Pero seis meses después, la propia encuesta Cadem muestra que la decepción comienza a aparecer.

Y aquí debemos ser justos:

Kast no puede ser responsabilizado por todos los problemas históricos de Chile.

Pero tampoco puede gobernar permanentemente mirando hacia atrás.

Un Gobierno tiene derecho a explicar la herencia que recibe.

Lo que no puede hacer es convertir esa explicación en una respuesta permanente para justificar aquello que no logra solucionar.

Porque ahora gobierna la derecha.

Y gobernar significa hacerse responsable.

La misma ciudadanía que castigó a gobiernos de izquierda y centroizquierda por no cumplir sus promesas también tiene derecho a exigirle resultados al Gobierno de derecha.


El gobierno de Patricio Aylwin, en Chile estuvo marcado por la famosa máxima de la "justicia en la medida de lo posible".



Eso se llama democracia.

EL CHILENO NO COME IDEOLOGÍA

Hay un dato de Cadem que considero especialmente importante.

El 79% de los encuestados señala que la prioridad del Gobierno debe ser la economía y el empleo, muy por encima de seguridad, delincuencia y narcotráfico, que aparecen con 33%.

Esto debería hacer reflexionar a toda la clase política.

Porque la seguridad importa.

Por supuesto que importa.

Pero una sociedad no vive solamente de policías, cárceles y fronteras.

También necesita trabajo.

Necesita empresas que produzcan.

Necesita inversión.

Necesita industria.

Necesita innovación.

Necesita educación.

Necesita salud.

Necesita oportunidades para sus jóvenes.

Necesita que una persona pueda trabajar toda una vida sin llegar a la vejez preguntándose cómo va a sobrevivir con su pensión.

El ciudadano común no come ideología.

Come cuando tiene trabajo.

Se atiende cuando tiene acceso a salud.

Estudia cuando existe una educación que le abre oportunidades.

Vive dignamente cuando sus ingresos alcanzan para llegar a fin de mes.

Y duerme tranquilo cuando sabe que sus hijos tendrán un futuro mejor que el suyo.

Eso es lo que debería medir cualquier Gobierno.


Promesas electorales incumplidas del gobierno Frei, democratización total y reformas constitucionales.



LA DEUDA QUE CHILE TODAVÍA NO PAGA

Y existe otra deuda que no puede desaparecer de la discusión nacional.

La deuda con las víctimas de la dictadura.

Durante décadas, Chile ha hablado de reconciliación, democracia y futuro.

Pero todavía existen familias buscando a sus desaparecidos.

Todavía existen sobrevivientes esperando verdad, justicia y reparación.

Todavía existen víctimas que sienten que el Estado les ha entregado respuestas insuficientes.

Y ahora, cuando el Gobierno decide que el 11 de septiembre debe pasar sin un acto oficial, bajo el argumento de mirar hacia el futuro, surge una pregunta inevitable:

¿Cómo se puede construir un futuro democrático si todavía existen heridas que el Estado no ha cerrado?

Mirar hacia adelante no significa borrar el pasado.

Recordar no significa vivir en el pasado.

Significa aprender de él.

Yo lo digo desde mi propia experiencia.

El 11 de septiembre de 1973 no es para mí una fecha del calendario.

Es parte de mi vida.

Yo estaba trabajando en Radio Corporación de Chile cuando nuestra democracia fue destruida. Estaba allí junto a colegas como Sergio Campos, Miguel Ángel San Martín y Luis Hernán Schwaner, bajo la dirección de Erich Schnake.

Lo que ocurrió después cambió nuestras vidas para siempre.

Por eso no acepto que la memoria sea utilizada solamente cuando conviene políticamente.

La memoria debe ser patrimonio de Chile.

De la izquierda.

Del centro.

De la derecha.

De quienes nacieron después.

De quienes piensan distinto.

Porque una democracia madura no tiene miedo de mirar su propia historia.


Reforma del sistema de previsión social y salud: no realizada.




NO SE TRATA DE DERECHA O IZQUIERDA

Yo no escribo estas líneas para defender a la izquierda.

Tampoco para atacar a la derecha.

He sido crítico de unos y de otros.

Y seguiré siéndolo.

Porque Chile necesita algo mucho más difícil que cambiar de gobierno:

necesita cambiar la manera de gobernar.

Necesita políticos capaces de reconocer sus errores.

Necesita menos propaganda y más resultados.

Menos peleas ideológicas y más soluciones.

Menos promesas y más cumplimiento.

Chile no puede seguir siendo un país donde cada cuatro años se le pide al ciudadano que vuelva a tener esperanza, para después explicarle por qué esa esperanza tendrá que esperar nuevamente.

La encuesta Cadem demuestra que la decepción con el Gobierno actual ya es significativa. Pero esa decepción no pertenece exclusivamente a la derecha.

Es también el resultado acumulado de años de frustraciones.

La izquierda tuvo su oportunidad.

La centroizquierda tuvo la suya.

La derecha también la está teniendo.

Y ninguna puede pedirle eternamente paciencia al pueblo chileno.

Porque el pueblo ya esperó demasiado.

Esperó por pensiones dignas.

Esperó por salud.

Esperó por educación.

Esperó por seguridad.

Esperó por empleos dignos.

Esperó por una economía que produzca oportunidades y no solamente cifras macroeconómicas.

Esperó por justicia.

Esperó por verdad.

Esperó por reparación.

Y también esperó que la democracia significara algo más que votar cada cuatro años.

Los gobiernos de Bachelet: escándalo, corrupción y baja popularidad.



EL VERDADERO DESAFÍO


El desafío de Chile no es demostrar si la derecha puede derrotar a la izquierda o si la izquierda puede volver a derrotar a la derecha.

Ese es el juego de los partidos.

El verdadero desafío es saber si la política chilena puede volver a recuperar la confianza de una ciudadanía cansada.

Porque cuando una persona vota por un candidato esperando un cambio y seis meses después considera que ese Gobierno es peor de lo que esperaba, como muestra la encuesta Cadem, no necesariamente está cambiando de ideología.

Puede estar diciendo algo mucho más profundo:


Gobiernos de Sebastián Piñera, el caso Dominga y los Pandora Papers.



“Estoy cansado de que me prometan y no me cumplan.”

Y ese mensaje debería ser escuchado por todos.

Por Kast.

Por la derecha.

Por la izquierda.

Por la centroizquierda.

Por el Congreso.

Por los empresarios.

Por los sindicatos.

Y por toda la clase política.

Porque Chile no necesita otra guerra entre ideologías.

Chile necesita resultados.

Necesita un proyecto nacional de largo plazo.

Necesita recuperar la capacidad de producir, invertir, crear empleos y formar trabajadores para el futuro.

Necesita fortalecer la salud y la educación pública.

Necesita pensiones dignas.

Necesita seguridad, pero también oportunidades.

Y necesita entender que la democracia no termina cuando se cuentan los votos.

La democracia comienza realmente cuando el ciudadano puede vivir con dignidad.

Por eso, más que preguntarnos si Kast lo está haciendo mejor o peor que Boric, Bachelet, Piñera o cualquier otro Presidente, deberíamos hacernos una pregunta mucho más incómoda:


Gabriel Boric: lo que no cumplió, nueva Constitución, condonación del CAE, reformas estructurales profundas, crecimiento económico y orden público.



¿Cuántos gobiernos más tendrán que pasar antes de que Chile deje de vivir de promesas y comience a vivir de resultados?

Esa es la verdadera pregunta.

Y esa respuesta todavía está pendiente.

Por Rodolfo Varela
Locutor profesional, publicista y director de radio y televisión
Sobreviviente de la represión, ex preso político y exonerado político.


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