Por: Rodolfo Varela
El Presidente de Chile, José Antonio Kast, habló ante la 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas y presentó ante la comunidad internacional su visión sobre el presente y el futuro de nuestro país.
El presidente de Chile, José Antonio Kast, generó una fuerte controversia durante su primer discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU).
Su mensaje estuvo marcado por conceptos como seguridad, inversión, crecimiento y recuperación.
Uno de los conceptos centrales de su intervención fue que “Chile está de vuelta”.
Como ciudadano chileno, creo que nadie debería oponerse a que Chile vuelva a crecer, genere empleo, atraiga inversiones, recupere la seguridad y entregue mejores condiciones de vida a sus habitantes.
Pero existe una obligación que está por encima de cualquier gobierno: la obligación de hablarle con honestidad al país y también al mundo.
Y aquí comienza mi preocupación.
¿DISCURSO POLÍTICO O REALIDAD COMPROBABLE?
Un Presidente tiene todo el derecho de defender su gestión.
Pero cuando habla ante las Naciones Unidas no está hablando solamente ante sus partidarios ni ante la oposición chilena.
Está hablando ante el mundo.
Por eso sus afirmaciones deben poder ser contrastadas con información pública, estadísticas oficiales y hechos verificables.
Y hoy eso es más fácil que nunca.
Vivimos en una época en que una declaración pronunciada en Nueva York puede ser conocida en Santiago, Valparaíso, Antofagasta, Punta Arenas o en cualquier parte del mundo prácticamente en el mismo instante.
Las comunicaciones cambiaron.
Internet cambió.
La información ya no puede ser controlada como en otras épocas.
Las palabras quedan registradas y los datos están disponibles.
Por eso, los discursos presidenciales también deben someterse al examen de la realidad.
Un Presidente tiene todo el derecho de defender su gestión.
Pero cuando habla ante las Naciones Unidas no está hablando solamente ante sus partidarios ni ante la oposición chilena.
Está hablando ante el mundo.
Por eso sus afirmaciones deben poder ser contrastadas con información pública, estadísticas oficiales y hechos verificables.
Y hoy eso es más fácil que nunca.
Vivimos en una época en que una declaración pronunciada en Nueva York puede ser conocida en Santiago, Valparaíso, Antofagasta, Punta Arenas o en cualquier parte del mundo prácticamente en el mismo instante.
Las comunicaciones cambiaron.
Internet cambió.
La información ya no puede ser controlada como en otras épocas.
Las palabras quedan registradas y los datos están disponibles.
Por eso, los discursos presidenciales también deben someterse al examen de la realidad.
La comunicación en tiempo real
“CHILE ESTÁ DE VUELTA”
El Presidente Kast afirmó ante la ONU que “Chile está de vuelta” y presentó a nuestro país como una nación que comienza a recuperar su camino hacia el crecimiento y el desarrollo.
Pero existe un detalle que resulta imposible ignorar.
El propio Presidente reconoció ante la Asamblea General que la economía todavía no despega y que el desempleo continúa siendo alto.
Entonces aparece una pregunta legítima:
¿Chile ya está de vuelta o todavía está intentando regresar?
No es una pregunta partidista.
Es una pregunta que debe responderse con cifras.
El Instituto Nacional de Estadísticas informó que la tasa de desocupación llegó al 9,5% durante el trimestre mayo-julio de 2026.
Y el Banco Central, en su informe de septiembre, redujo sus perspectivas de crecimiento económico para 2026.
Estos datos no significan que Chile esté condenado al fracaso.
Tampoco significan que todas las políticas del actual Gobierno sean equivocadas.
Significan algo mucho más sencillo:
la realidad económica todavía presenta dificultades importantes.
Y reconocerlas no es atacar a Chile.
Al contrario.
Es respetar a los chilenos.
El Presidente Kast afirmó ante la ONU que “Chile está de vuelta” y presentó a nuestro país como una nación que comienza a recuperar su camino hacia el crecimiento y el desarrollo.
Pero existe un detalle que resulta imposible ignorar.
El propio Presidente reconoció ante la Asamblea General que la economía todavía no despega y que el desempleo continúa siendo alto.
Entonces aparece una pregunta legítima:
¿Chile ya está de vuelta o todavía está intentando regresar?
No es una pregunta partidista.
Es una pregunta que debe responderse con cifras.
El Instituto Nacional de Estadísticas informó que la tasa de desocupación llegó al 9,5% durante el trimestre mayo-julio de 2026.
Y el Banco Central, en su informe de septiembre, redujo sus perspectivas de crecimiento económico para 2026.
Estos datos no significan que Chile esté condenado al fracaso.
Tampoco significan que todas las políticas del actual Gobierno sean equivocadas.
Significan algo mucho más sencillo:
la realidad económica todavía presenta dificultades importantes.
Y reconocerlas no es atacar a Chile.
Al contrario.
Es respetar a los chilenos.
Hombres y mujeres asisten a una feria laboral en busca de empleo en Pudahuel, Santiago, en julio de 2026.
LA INVERSIÓN NO COMENZÓ EL DÍA EN QUE ASUMIÓ UN PRESIDENTE
Otro aspecto del discurso merece una reflexión.
Existen inversiones y proyectos que efectivamente se están desarrollando en Chile.
Eso debe reconocerse.
Pero también debemos recordar que las grandes inversiones no aparecen de un día para otro.
Un proyecto puede necesitar años de estudios, permisos, financiamiento, decisiones empresariales, infraestructura y planificación.
Por eso, ningún Gobierno debería apropiarse automáticamente de todos los resultados positivos de la economía producidos durante su administración.
Del mismo modo, tampoco corresponde atribuirle automáticamente todos los problemas.
La economía de un país tiene memoria.
Los gobiernos pasan.
Los proyectos continúan.
Las instituciones permanecen.
Y las inversiones muchas veces atraviesan diferentes administraciones.
Por eso, cuando se habla de “volver a la confianza”, corresponde preguntar:
¿Qué parte de ese resultado pertenece a las decisiones de los últimos seis meses y qué parte corresponde a procesos iniciados mucho antes?
Es una pregunta legítima.
La inseguridad se ha convertido en una de las mayores preocupaciones de la población chilena.
SEGURIDAD: AVANZAR NO SIGNIFICA HABER RESUELTO EL PROBLEMA
La seguridad constituye otra de las grandes banderas del Gobierno de Kast.
Y nadie puede negar que la delincuencia y el crimen organizado constituyen una preocupación real para millones de chilenos.
El Gobierno ha implementado y anunciado diversas medidas destinadas a fortalecer el control fronterizo, enfrentar el crimen organizado y recuperar espacios públicos.
Todo eso puede y debe ser evaluado.
Pero una cosa es implementar políticas de seguridad.
Otra muy distinta es presentar la recuperación del orden como si el problema estuviera definitivamente solucionado.
Chile todavía enfrenta homicidios, narcotráfico, tráfico de armas, crimen organizado y problemas de seguridad que preocupan diariamente a la ciudadanía.
Por eso, cualquier reducción de determinados delitos debe ser reconocida.
Pero también deben reconocerse aquellos indicadores que continúan siendo preocupantes.
Gobernar no consiste en escoger solamente las cifras favorables.
Gobernar consiste en mirar todas las cifras.
EL PROBLEMA DE LAS VERDADES A MEDIAS
Y aquí llegamos al punto que considero más importante.
Una mentira no siempre consiste en inventar completamente un hecho.
También puede existir una distorsión cuando se seleccionan solamente aquellos datos que favorecen un determinado relato y se dejan fuera aquellos que muestran una realidad más compleja.
Por eso debemos ser extremadamente cuidadosos.
Esto vale para Kast.
Pero también valía para Boric.
Valía para Piñera.
Valía para Bachelet.
Y debe valer para cualquier futuro Presidente de Chile.
La verdad no cambia porque cambie el color político del Gobierno.
El problema de la verdad en política
LA AUTOCRÍTICA TAMBIÉN ES PARTE DE GOBERNAR
Hace pocas semanas, al ser consultado sobre cuál había sido su principal error durante sus primeros seis meses de Gobierno, el Presidente Kast respondió que no sabía señalar cuál había sido el mayor error y que tendría que pensarlo para establecer una jerarquía.
No considero que esa respuesta sea, por sí sola, una prueba de fracaso.
Pero sí plantea una reflexión.
Un Gobierno que exige confianza a los ciudadanos también debe demostrar capacidad para reconocer sus errores.
Porque ningún Gobierno es perfecto.
Ningún Presidente tiene siempre la razón.
Y ningún proyecto político puede confundirse con la verdad absoluta.
La autocrítica no debilita una democracia.
La fortalece.
CHILE NO ES UN GOBIERNO
Hay algo que algunos políticos parecen olvidar.
Chile no es Kast.
Pero tampoco fue Boric.
Chile no fue Piñera.
Chile no fue Bachelet.
Chile es mucho más grande que cualquier Presidente.
Chile son sus trabajadores.
Sus jubilados.
Sus estudiantes.
Sus empresarios.
Sus pobladores.
Sus profesionales.
Sus agricultores.
Sus pescadores.
Sus pueblos originarios.
Sus niños.
Sus adultos mayores.
Sus millones de ciudadanos que todos los días levantan este país.
Por eso, cuando un Presidente habla ante el mundo, debe recordar que está representando a una nación completa.
No solamente a quienes votaron por él.
LA INFORMACIÓN YA NO TIENE FRONTERAS
Durante décadas, los gobiernos podían construir relatos que demoraban años en ser contrastados.
Hoy es diferente.
Una declaración presidencial puede ser grabada, difundida, archivada y comparada con las estadísticas oficiales en cuestión de minutos.
La ciudadanía puede acceder a los datos.
Los periodistas pueden investigar.
Los especialistas pueden analizar.
Y cualquier ciudadano puede preguntar.
Por eso, la política moderna necesita algo que no se puede reemplazar con propaganda:
credibilidad.
Y la credibilidad no se exige.
Se construye.
El "micrófono de la verdad" contra las "fake news"
NO ES DERECHA NI IZQUIERDA: ES HONESTIDAD
Como hombre que ha vivido buena parte de la historia política contemporánea de Chile, aprendí algo que considero fundamental:
No debemos entregar nuestra conciencia política a ningún partido.
No debemos convertir a ningún Presidente en dueño de la verdad.
Y tampoco debemos aceptar que alguien pretenda convencernos de que cuestionar al Gobierno significa estar contra Chile.
Criticar al Gobierno no es criticar a Chile.
Exigir transparencia no es ser enemigo de Chile.
Preguntar por las cifras no es ser enemigo de Chile.
Contrastar un discurso con los hechos no es ser enemigo de Chile.
Al contrario.
Es una forma de defender nuestra democracia.
Por eso, ante el discurso del Presidente Kast en Naciones Unidas, mi pregunta no es si debemos creerle a la derecha o a la izquierda.
Mi pregunta es mucho más sencilla:
¿Qué dicen los hechos?
Porque Chile no necesita gobiernos que solamente sepan construir buenos discursos.
Chile necesita gobiernos capaces de enfrentar la realidad, reconocer sus dificultades, mostrar sus resultados y asumir también sus errores.
Y eso vale para todos.
No es derecha.
No es izquierda.
Es honestidad.
Porque cuando se habla en nombre de Chile ante el mundo, la verdad no puede ser una cuestión de conveniencia política.
La verdad debe ser un compromiso con los ciudadanos.
Por: Rodolfo Varela
Blog de Rodolfo Varela — Directo al Punto
Porque Chile no necesita gobiernos que solamente sepan construir buenos discursos.
Chile necesita gobiernos capaces de enfrentar la realidad, reconocer sus dificultades, mostrar sus resultados y asumir también sus errores.
Y eso vale para todos.
No es derecha.
No es izquierda.
Es honestidad.
Porque cuando se habla en nombre de Chile ante el mundo, la verdad no puede ser una cuestión de conveniencia política.
La verdad debe ser un compromiso con los ciudadanos.
Por: Rodolfo Varela
Blog de Rodolfo Varela — Directo al Punto
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