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2026/01/09

Soberanía, hipocresía y el peligroso precedente de la intervención

Por Rodolfo Varela

Nadie en su sano juicio defiende a un dictador sanguinario, corrupto y vinculado al narcotráfico como Nicolás Maduro. Eso debe quedar absolutamente claro desde el inicio.


Nicolás Maduro se declara inocente en tribunal estadounidense tras cargos de narcoterrorismo.


Pero una cosa es denunciar una dictadura, y otra muy distinta es sobrepasar los límites de la soberanía de una nación, violando el derecho internacional y abriendo una herida que la historia de América Latina conoce demasiado bien.


Lo digo con conocimiento de causa y con experiencia propia.
Chile también fue “salvado” en nombre de la democracia.
Estados Unidos financió, apoyó y legitimó una dictadura que dejó miles de muertos, torturados, exiliados y desaparecidos. El resultado no fue democracia: fue terror de Estado.


Los venezolanos en el exterior celebran la captura de Maduro



Ese es el verdadero peligro que hoy se vuelve a normalizar.


El falso dilema moral

El debate no es Maduro sí o Maduro no.
El debate es si una potencia puede decidir unilateralmente quién gobierna otro país, capturar a un líder extranjero en territorio ajeno y justificarlo con palabras mágicas como “democracia”, “libertad” o “operación policial”.

Cuando eso ocurre, la legalidad internacional deja de existir y pasa a regir la ley del más fuerte.


Dos principios en tensión

El derecho internacional enfrenta hoy uno de sus dilemas más complejos:

1. La soberanía nacional
Consagrada en la Carta de las Naciones Unidas, establece que ningún Estado tiene derecho a intervenir en los asuntos internos de otro. Este principio existe precisamente para evitar que potencias extranjeras utilicen discursos morales como excusa para invasiones con intereses económicos, estratégicos o geopolíticos.


2. La Responsabilidad de Proteger (R2P)

Un compromiso político —no una carta blanca— que sostiene que la soberanía implica responsabilidad. Si un Estado no protege a su población frente a crímenes de lesa humanidad, la comunidad internacional puede actuar, pero siempre bajo mandato multilateral, nunca de forma unilateral.

Confundir R2P con intervenciones unilaterales es una manipulación peligrosa.


El riesgo del precedente

Normalizar operaciones militares o policiales transfronterizas sin autorización de la ONU abre una auténtica caja de Pandora.


Hoy es Venezuela.
Mañana puede ser cualquier país débil, incómodo o estratégicamente útil.

Ese precedente fractura el orden global, destruye el derecho internacional y legitima un mundo donde la fuerza sustituye a la ley.


La realidad en 2026

Hasta ahora, organismos como la OEA y la propia ONU han optado —con razón— por vías diplomáticas: presión política, sanciones, mediación y aislamiento internacional.
Una intervención militar directa no solo sería ilegal, sino que podría desencadenar un conflicto regional de gran escala.

El desafío no es invadir, sino restaurar la democracia sin provocar una tragedia mayor.


Euforia y cautela entre los venezolanos


La ilegalidad es clara

Según el derecho internacional, cualquier acción de Estados Unidos que sobrepase la soberanía venezolana para arrestar a un líder sin autorización del Consejo de Seguridad de la ONU es considerada ilegal.

Se vulneran principios fundamentales:

  • El respeto a la soberanía nacional

  • La prohibición del uso de la fuerza

  • La no injerencia en asuntos internos

No existe ningún mandato de la ONU que autorice este tipo de operaciones.

Las justificaciones de Washington —narcotráfico, terrorismo, “operaciones policiales”— no sustituyen un mandato internacional y han sido ampliamente cuestionadas por juristas y gobiernos.


Nicolás Maduro detenido por tropas de la DEA legitima la hipótesis de Narcoestado


El verdadero problema de fondo

Lo que ocurre en América Latina no es casualidad.
Es el resultado de gobiernos de derecha y de izquierda igualmente irresponsables, corruptos e incompetentes, que destruyeron la educación, la salud, la vivienda y la dignidad de sus pueblos.

Estados fallidos, poblaciones empobrecidas, desinformadas y dependientes del asistencialismo crean el escenario perfecto para que las potencias se sientan con derecho a intervenir.

Primero abandonan a los pueblos.
Después dicen venir a “salvarlos”.


Conclusión

Defender la soberanía no es defender dictaduras.
Es defender un principio básico para evitar que la historia vuelva a repetirse.

Quienes vivimos el exilio, la persecución y la dictadura sabemos cómo termina este camino.
Nunca empieza con bombas.
Siempre empieza con discursos.

Y América Latina ya pagó ese precio demasiadas veces.

2026/01/08

América Latina: la memoria herida y la falsa democracia patrocinada por Estados Unidos

Por Rodolfo Varela

Los pueblos latinoamericanos parecen condenados a una peligrosa amnesia histórica. Una amnesia que no es casual, sino inducida. Se nos pide olvidar las dictaduras, los golpes de Estado, los centros de tortura, las desapariciones forzadas y el exilio. Se nos pide olvidar quiénes financiaron, entrenaron y protegieron a los verdugos. Se nos pide creer, una y otra vez, en la palabra mágica: “democracia”.




Pero yo no puedo olvidar.
No debo olvidar.
No quiero olvidar.

Fui preso político en Chile. Fui torturado. Fui exonerado. Perdí mi trabajo, mi dignidad institucional, mi país. Fui obligado a vivir más de la mitad de mi vida en el extranjero porque la “nueva democracia” nunca garantizó condiciones reales de vida para quienes sobrevivimos a la dictadura. Hoy, la pensión que recibo no alcanza ni al 50% de un salario mínimo. Esta es la realidad que queda después de la euforia, de los discursos, de los aplausos internacionales y de la “libertad” patrocinada desde Washington.


Dictaduras con sello estadounidense

Durante la Guerra Fría, los gobiernos de Estados Unidos apoyaron activamente dictaduras militares en América Latina: Chile, Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y gran parte de Centroamérica. Bajo la Doctrina Monroe y el pretexto del “peligro comunista”, se promovieron golpes de Estado, se financiaron ejércitos, se entrenaron fuerzas represivas y se coordinó el terrorismo de Estado mediante operaciones como el Plan Cóndor.


El golpe militar de 1973 en Chile


El resultado fue devastador:
– Prisiones clandestinas
– Desapariciones forzadas
– Centros de tortura
– Niños y niñas secuestrados y vendidos al extranjero
– Familias destruidas para siempre

Todo en nombre de la “defensa de la democracia”.


El “patio trasero” y el desprecio histórico

Estados Unidos nunca ha ocultado su visión colonial de América Latina. Para ellos, seguimos siendo el “patio trasero”. Una región que debe obedecer, alinearse y entregar sus recursos. Donald Trump lo expresó sin pudor, con brutal honestidad imperial: habló de “recuperar” influencia, de controlar, incluso de gobernar países soberanos como Venezuela. No es una anomalía: es la continuidad de una mentalidad histórica.

No respetan la soberanía de nuestros pueblos.
No respetan la voluntad popular.
Respetan únicamente sus intereses.


                                       Cúpula da Amazônia e a Soberania Nacional


¿Intervenciones por democracia o por recursos?

Seamos claros:
Las intervenciones estadounidenses en América Latina no son altruistas.

Litio.
Cobre.
Hierro.
Tierras raras.
Petróleo.
Amazonía.

Chile posee las mayores reservas de cobre del mundo y una de las mayores concentraciones de litio. ¿Y qué ocurre en el norte chileno? Pobreza estructural, abandono estatal, contaminación y cero perspectivas de desarrollo real para su población. Décadas de explotación y la riqueza nunca llegó al pueblo.


El litio y el cobre


¿De verdad alguien cree que el petróleo venezolano no interesa?
¿De verdad alguien cree que el litio no es estratégico?


La historia demuestra lo contrario.

Maduro, Venezuela y la hipocresía internacional

La detención del narcotraficante Nicolás Maduro no respetó la soberanía de Venezuela. Eso debe decirse con claridad. Pero incluso así, el camino debe ser democrático y soberano, sin intervención extranjera. Para eso existen organismos internacionales como la ONU. No para legitimar invasiones, sanciones que matan pueblos de hambre o guerras híbridas.

Los pueblos deben decidir su destino. No las potencias.


EE.UU. cambió su acusación y ahora dice que Maduro no es el jefe de un cartel de la droga.

Gobiernos locales: complicidad y traición

Pero no todo es responsabilidad externa.
Nuestros propios gobernantes latinoamericanos han sido cómplices, incompetentes o corruptos. Se someten, se enriquecen, negocian el sufrimiento de sus pueblos y traicionan las esperanzas de quienes los eligieron. Mientras tanto, millones viven en la miseria, el abandono y la exclusión.


Memoria, dignidad y advertencia

La historia no es pasado.
La historia es advertencia.

Olvidar las dictaduras impuestas y respaldadas por Estados Unidos es abrir la puerta para que se repitan. Yo no hablo desde la ideología. Hablo desde la experiencia. Desde el cuerpo. Desde el exilio. Desde la vejez sin reparación.

No fue democracia.
Fue intervención.
Fue saqueo.
Fue terrorismo de Estado.

Y mientras no lo digamos con claridad, seguirán llamándolo “libertad”.



2026/01/07

El cáncer político en Chile: una enfermedad crónica que la ciudadanía sigue tolerando

Por Rodolfo Varela

Hablar hoy del sistema político chileno es, para mí, un ejercicio de profunda frustración y dolor cívico. No exagero cuando afirmo que la clase política se ha transformado en un cáncer social, una enfermedad persistente que carcome la confianza, la dignidad y el futuro del país. 


La política es peor que el cáncer: el cáncer mata a unas pocas personas, la política mata a una nación entera.

Lo más grave no es solo su existencia, sino que gran parte de la población aún cree en sus promesas vacías, atrapada en un ciclo de mentiras que se repite elección tras elección.

Chile lleva décadas prisionero de un sistema político que, bajo el rótulo de democracia, ha fallado sistemáticamente en cumplir sus compromisos fundamentales. Derecha, izquierda y centro han gobernado con discursos distintos, pero con resultados dolorosamente similares: más pobreza, más desigualdad, precariedad laboral, crisis en salud y educación, déficit habitacional y una ciudadanía cada vez más desinformada y resignada.

La ignorancia no es un error del sistema: es parte de su estrategia.

Un pueblo mal informado y empobrecido es un pueblo dependiente del Estado, y esa dependencia se traduce en votos cautivos.


Democracia sin rendición de cuentas

Se nos dice que la competencia política garantiza control y fiscalización. La realidad demuestra lo contrario. La rendición de cuentas es prácticamente inexistente. La corrupción se repite, los escándalos se archivan y los responsables rara vez pagan consecuencias reales. Esta impunidad sistemática ha erosionado el contrato social y ha instalado un cinismo profundo en la ciudadanía.

Cuando la política deja de servir al bien común y pasa a servir intereses personales y partidarios, deja de ser democracia y se convierte en una simulación peligrosa.


La corrupción, un cáncer que se alimenta de la crisis valórica de la sociedad.

Polarización: dividir para gobernar

La polarización política es otra metástasis de este cáncer. Los adversarios no son vistos como interlocutores, sino como enemigos. No existe voluntad de diálogo ni búsqueda de acuerdos reales. El resultado es un país paralizado, con reformas urgentes bloqueadas mientras los parlamentarios siguen recibiendo salarios y privilegios de primer mundo.

La confrontación permanente no es accidental: distrae, divide y oculta la falta de soluciones concretas.


Medios concentrados, verdad fragmentada

Chile enfrenta además una alta concentración de la propiedad de los medios de comunicación, en manos de unos pocos consorcios, algunos con capital extranjero. Esta realidad amenaza la pluralidad informativa y condiciona la línea editorial, afectando la identidad cultural y la calidad de la información que recibe la población.

Sin información veraz y diversa, no hay ciudadanía crítica.
Sin ciudadanía crítica, el abuso se perpetúa.




Parálisis legislativa y políticas mediocres

La incapacidad de llegar a acuerdos se traduce en proyectos de ley estancados: salud, educación, vivienda e infraestructura quedan relegados, mientras la clase política negocia beneficios personales. Cuando finalmente se aprueban políticas públicas, muchas veces son soluciones débiles, mal diseñadas y alejadas de las verdaderas necesidades del país.


La lucha política consume recursos, tiempo y energía que deberían estar destinados a mejorar la vida de las personas.


El alto costo del “cáncer político”

Mientras la población sobrevive con salarios mínimos y pensiones indignas, el costo de mantener esta estructura es obsceno:


  • Presidente de la República:
    Sueldo actual cercano a $5.742.240.
    Desde 2026: $10.269.076 brutos mensuales.

  • Ministros/as:
    Aproximadamente $7.743.306 brutos mensuales.

  • Subsecretarios/as:
    Cerca de $7.096.720 brutos mensuales.

  • Parlamentarios (diputados y senadores):
    Dieta bruta mensual de $7.348.983, más asignaciones que pueden superar los $12 millones mensuales.

Todo esto en un país donde millones de personas no logran cubrir sus necesidades básicas.


¿Reformas? Sí, pero insuficientes

El Estado ha impulsado leyes contra la corrupción, protección al denunciante y delitos de cuello y corbata. Sin embargo, la percepción ciudadana en 2025 es clara: estas medidas no han cambiado sustancialmente la realidad. La impunidad sigue siendo la norma.

El presupuesto total de gastos del Gobierno de Chile para el año 2026 asciende a aproximadamente 86,2 billones de pesos.


Una reflexión final

Chile no sufre una crisis momentánea.
Chile sufre una enfermedad política crónica.

Mientras la ciudadanía no despierte, mientras siga creyendo en promesas recicladas y discursos vacíos, este cáncer seguirá avanzando. Denunciarlo no es antipatriótico; callar sí lo es.

La historia juzgará a quienes gobernaron mal, pero también a quienes, pudiendo ver, decidieron mirar hacia otro lado.


2026/01/06

Venezuela, soberanía y el precedente peligroso

Por Rodolfo Varela

Si alguien cree que Estados Unidos intervino militarmente en Venezuela únicamente por petróleo, tierras raras o narcotráfico, está mirando el tablero equivocado. No se trató solo de recursos naturales, ni exclusivamente de Nicolás Maduro. Lo que estuvo en juego fue algo mucho más profundo y peligroso: la creación de un precedente geopolítico.


América Latina no es el patio trasero de Estados Unidos.

Quiero ser absolutamente claro desde el inicio: soy enemigo declarado del narcotráfico, de la corrupción y de la dictadura de Nicolás Maduro. Su régimen ha destruido Venezuela, ha empobrecido a su pueblo y ha violado sistemáticamente los derechos humanos. Pero una cosa no justifica la otra. Combatir a un dictador no legitima la invasión de un país soberano.


La operación estadounidense en territorio venezolano no debe analizarse por su justificación oficial, sino por el mensaje que transmite. Estados Unidos no solo dijo “Maduro es un narcotraficante”; en los hechos dijo algo mucho más grave:
la soberanía dejó de ser un límite absoluto cuando Washington decide intervenir.


A ruptura imperial e o desafio da soberania latinoamericana.


El narcotráfico funcionó como el marco legal indispensable para justificar la acción, pero no fue ni el fin ni el verdadero motivo. Fue el argumento. El mensaje fue otro: cuando Estados Unidos lo considere necesario, puede cruzar la línea.


Y ese mensaje no estaba dirigido solo a Venezuela ni únicamente a gobiernos de izquierda. Fue un mensaje para toda América Latina. El tablero regional cambió. Incluso China —que muchos creen el verdadero destinatario— sigue discutiendo si esto fue por recursos estratégicos o por control geopolítico. Pero insistir solo en eso es perder de vista lo esencial: el precedente ya fue creado.


Tras la operación militar estadounidense y la captura de Nicolás Maduro, países como Brasil, Chile, Colombia, México, Uruguay y España emitieron una nota conjunta condenando la acción y reafirmando el principio de respeto a la soberanía. Esa reacción revela la profunda preocupación regional: no se estaba defendiendo a Maduro, sino defendiendo una línea que, si se borra, deja a todos vulnerables.


¿El fin de la soberanía? ¿Por qué América Latina ha entrado en alerta máxima?


A esto se suman declaraciones de Donald Trump y de su entorno político que reactivan abiertamente la Doctrina Monroe, afirmando que el “dominio estadounidense en el hemisferio occidental nunca volverá a ser cuestionado”. Más inquietantes aún fueron las advertencias veladas dirigidas a países como México y Colombia, sugiriendo que Venezuela podría no ser un caso aislado.


El debate ya no es Maduro. El debate es hasta dónde llega la soberanía de los países latinoamericanos y quién decide cuándo puede ser ignorada. La historia reciente de América Latina está marcada por intervenciones militares, golpes de Estado, bloqueos económicos y violaciones sistemáticas de los derechos humanos en nombre de la “seguridad”, la “democracia” o la “lucha contra el enemigo de turno”.


La invasión a Venezuela es un mensaje de Trump a América Latina y otras potencias.


Hoy, América Latina enfrenta una disyuntiva incómoda: condenar dictaduras sin avalar invasiones, defender los derechos humanos sin renunciar a la soberanía, y no caer en la falsa dicotomía entre apoyar a un tirano o aceptar la imposición del más fuerte.


Porque cuando la soberanía deja de ser un principio inviolable, ningún país está realmente a salvo.

2026/01/05

No a Maduro, no al intervencionismo

Por Rodolfo Varela

Maduro llega a centro de detención en EE.UU. tras captura.


No estoy en contra de la captura de Nicolás Maduro, a quien considero responsable de graves crímenes, del sufrimiento de millones de venezolanos y de haber sumido al país en una crisis humanitaria sin precedentes. Lo que sí rechazo con absoluta claridad es la intromisión extranjera en la soberanía política de Venezuela.


No al narcotraficante Maduro, no al intervencionismo.


Ninguna potencia tiene derecho a decidir el destino político de otro país. Los asuntos internos deben ser resueltos por su propio pueblo, ya sea mediante una nueva elección libre y transparente o permitiendo que asuma el presidente legítimamente electo, Edmundo González Urrutia. Cualquier otra salida impuesta desde el exterior no hará más que repetir una historia que América Latina conoce demasiado bien.


Oficialmente, Edmundo González Urrutia se convierte en el 35.º Presidente de Venezuela

Basta con hacer memoria. A lo largo de nuestra historia reciente, Estados Unidos ha intervenido directa o indirectamente en numerosos países de América Latina, muchas veces bajo el argumento de combatir regímenes opresores o frenar la influencia del comunismo, pero en la práctica defendiendo intereses económicos y geopolíticos propios, especialmente durante la Guerra Fría.

En el caso específico de Venezuela, la intervención no ha sido una invasión militar abierta, sino una combinación de operaciones de inteligencia, presión económica, sanciones y apoyo político a sectores opositores. A esto se suma el impacto de la nacionalización del petróleo, proceso que se intensificó bajo el gobierno de Hugo Chávez a comienzos de los años 2000. A diferencia de Chile, Venezuela utilizó inicialmente la renta petrolera para programas sociales, pero el sector terminó deteriorado por el subinversión, la mala gestión y las sanciones estadounidenses.


A influência dos EUA na América Latina


La historia regional ofrece ejemplos contundentes de intervenciones directas:


  • Cuba, con múltiples ocupaciones militares entre 1898 y 1934 y el intento fallido de invasión de Bahía de Cochinos en 1961.

  • República Dominicana, ocupada por marines entre 1916 y 1924 y nuevamente intervenida en 1965.

  • Haití, ocupado militarmente entre 1915 y 1934.

  • Nicaragua, con reiteradas intervenciones desde 1912 y la guerra contra Augusto César Sandino.

  • Guatemala, donde en 1954 se apoyó un golpe de Estado contra el gobierno democrático de Jacobo Árbenz, motivado por intereses de la United Fruit Company.

  • Brasil, con el respaldo al golpe militar de 1964 contra João Goulart.

  • Chile, donde la nacionalización del cobre en 1971, aprobada por unanimidad del Congreso, desencadenó fuertes tensiones con Estados Unidos. Archivos desclasificados confirman que el gobierno de Nixon participó activamente en la desestabilización del gobierno de Salvador Allende y apoyó el golpe de 1973 que dio paso a la sangrienta dictadura de Augusto Pinochet.



A disputa entre China e EUA por lítio y el cobre na América Latina


  • Granada, invadida en 1983 bajo la llamada Operación Furia Urgente.

  • Panamá, invadida en 1989 para derrocar a Manuel Noriega, antiguo colaborador de la CIA.


Estas acciones, sumadas al respaldo a dictaduras militares mediante la Escuela de las Américas y la Operación Cóndor, forman parte de un largo historial de intervencionismo justificado por la Doctrina Monroe, el Corolario Roosevelt y la lucha anticomunista.


Os EUA e a Operação Condor


Numerosos estudios históricos y académicos coinciden en una conclusión incómoda: las intervenciones estadounidenses en América Latina, lejos de traer estabilidad o democracia, generaron inestabilidad política, conflictos internos, violaciones sistemáticas de derechos humanos y un profundo retraso social y económico.


Nuestra región sigue enfrentando desafíos estructurales como la desigualdad, la corrupción, la fragilidad institucional y la falta de acceso a servicios básicos. Estos problemas han persistido bajo gobiernos de distintas orientaciones ideológicas, incluidas izquierdas elitizadas que traicionaron las expectativas populares.


En síntesis, el pueblo venezolano merece una salida democrática, soberana y propia, sin dictadores internos ni salvadores externos. La historia demuestra que las soluciones impuestas desde fuera casi nunca liberan a los pueblos: solo cambian los nombres de quienes los dominan.

2026/01/02

No es ideología: es dignidad, honestidad y responsabilidad con Chile

Por Rodolfo Varela

No se trata de ideología política.
Se trata de algo mucho más básico y urgente: las personas elegidas para gobernar Chile deben ser honestas y estar verdaderamente al servicio del país y de su gente.


Ética, corrupción y probidad: temas de actualidad


Tras el retorno a la democracia, los gobiernos de izquierda y centroizquierda condujeron el país durante años bajo discursos grandilocuentes, cifras maquilladas y promesas que jamás llegaron a los barrios más pobres. Mientras hablaban de crecimiento, derechos y justicia social, las poblaciones siguieron sumidas en la miseria, sin seguridad, sin salud digna, sin educación de calidad, sin viviendas y con un mercado laboral precarizado.


Precarización en Chile: El lado oscuro del empleo informal


Basta recorrer las poblaciones más humildes de Chile para constatar una verdad incómoda: no se hizo nada estructural para mejorar la vida de quienes más lo necesitaban. En cambio, se repitieron consignas vacías en nombre de la democracia, los derechos humanos y la llamada “deuda histórica” con las víctimas de la dictadura: detenidos desaparecidos, asesinados, presos políticos, exonerados, restos humanos aún sin identificar en el Instituto Médico Legal y niños y niñas traficados como mercancía.


Huesos en una caja y el duelo suspendido


Mientras tanto, la población se cansó.

Cansó de sueldos miserables, de pensiones indignas, muchas veces inferiores al 50% del salario mínimo, a las que aún se les descuenta el 7% de Fonasa, sin que alcance siquiera para comprar medicamentos. Cansó del robo institucionalizado de las AFP y de un sistema que protege al capital y abandona a las personas.


NO+AFP. ¿Cómo continuar la lucha por terminar con las AFP?



Por eso, esta nueva izquierda —que ya no representa a su pueblo— se está desmoronando en Chile y en gran parte de América Latina.

La derecha tampoco ofrece un ejemplo distinto. El gobierno de Sebastián Piñera gobernó para su élite y en beneficio propio, ignorando a la población más carente. Esa desconexión fue uno de los factores que detonó el estallido social de 2019. Hoy, Chile aún no despierta del todo: votó muchas veces desde la rabia, la venganza y el hastío, no desde la esperanza.

Lo digo con dolor y vergüenza ajena: como hombre de izquierda, me avergüenza esta izquierda que habla de pobreza mientras come caviar, vive como millonaria y olvida los principios básicos de igualdad, educación, salud y democracia real.

Errores históricos y fracasos recientes

La historia reciente es clara:

  • Corrupción y malas prácticas, como el caso Caval durante el segundo gobierno de Michelle Bachelet, que evidenció tráfico de influencias, nepotismo y una ética política profundamente dañada.


Caso Caval impacta en la médula de Bachelet y le destroza la credibilidad


  • Divisiones internas crónicas en la izquierda chilena, desde el siglo pasado hasta hoy, que debilitaron su capacidad de acción y su vínculo con el pueblo.

  • Incomprensión del estallido social del 18-O, especialmente por parte de la nueva izquierda y del gobierno de Gabriel Boric, que no supieron leer ni canalizar el descontento ciudadano

  • El fracaso del proceso constitucional, con la derrota del Apruebo en 2022, dejó en evidencia una desconexión profunda con los sectores populares y una estrategia política errática.


Sobre la victoria del Rechazo y los próximos pasos de nuestra lucha

  • Vínculo con el establishment, pese al discurso anti-élite, lo que terminó diluyendo cualquier credibilidad transformadora.

  • Gestión económica percibida como débil, con reformas prometidas que no se concretaron, generando incertidumbre y frustración social.

No es casualidad que el norte de Chile, poseedor de enormes riquezas minerales como el cobre y el litio, concentre bolsones de pobreza extrema. Esto responde a la concentración obscena de la riqueza, la mala distribución de ingresos y el abandono del desarrollo local.

Desde la nueva izquierda se culpa al modelo neoliberal —y con razón—, pero nunca hicieron lo necesario para cambiarlo de verdad. Hablaron de mayor presencia del Estado, de estrategias como la del litio o de reformas tributarias redistributivas, pero todo quedó a medio camino, atrapado entre la incompetencia, el miedo y los intereses cruzados.


Los mitos del “milagro económico chileno”


El problema de fondo

El origen de todo es uno solo: se eligieron personas incompetentes y corruptas para gobernar.
Se llenaron cargos públicos con militantes “leales” al partido, no con personas capacitadas. El criterio fue ideológico, no técnico ni ético. El resultado está a la vista.

La necesidad de políticos honestos trasciende cualquier ideología. La honestidad es la base de la confianza pública, de la legitimidad democrática y de una gobernanza eficaz. Sin integridad, no hay reforma posible ni justicia social real.


Michelle Bachelet su humilde casa en La Reina Alta


Por eso, la imagen de políticos latinoamericanos de izquierda viviendo en el lujo mientras sus pueblos sobreviven en la pobreza genera indignación. Esa contradicción destruye cualquier discurso de igualdad y justicia, y alimenta la desafección, el cinismo y el avance de los extremos.

Chile no necesita salvadores ideológicos.
Necesita personas decentes, preparadas y comprometidas con la dignidad humana.



2025/12/30

NO FUE UN GOLPE INSTITUCIONAL: FUE UN GOLPE CONTRA LA DEMOCRACIA

Por Rodolfo Varela

En las elecciones presidenciales chilenas de 1970, Salvador Allende obtuvo el 36,2% de los votos, alcanzando la primera mayoría relativa en una contienda con tres candidaturas fuertes.


El Congreso Pleno ratifica a Salvador Allende como Presidente de Chile


Al no existir mayoría absoluta, la Constitución de 1925 establecía que la decisión debía ser tomada por el Pleno del Congreso Nacional.


Resultados electorales de 1970


  • Salvador Allende (Unidad Popular): 36,2% – 1.070.334 votos

  • Jorge Alessandri (Derecha): 34,9%

  • Radomiro Tomic (Democracia Cristiana): 27,8%

El 24 de octubre de 1970, el Congreso ratificó la victoria de Allende por 153 votos contra 35, respetando plenamente la voluntad popular expresada en las urnas.

Por lo tanto, señor Johannes Kaiser, no hubo golpe, ni fraude, ni dictadura en 1970.
Lo que usted repite en programas de televisión y redes sociales es falso.
Le contaron mal la historia o, peor aún, usted decide mentir.


Johannes Kaiser



Usted no vivió el gobierno de Allende.

Nació en 1976.

No tiene experiencia directa del golpe militar ni de la dictadura que, de forma irresponsable, llama “gobierno militar”.


Allende no preparaba un golpe: preparaba un plebiscito


Otra falsedad grave es afirmar que Salvador Allende planeaba dar un golpe de Estado.
Eso es mentira.

La verdad histórica, confirmada por audios inéditos, documentos y testimonios de sus asesores más cercanos, es que Salvador Allende planeaba convocar a un plebiscito nacional el 11 de septiembre de 1973.


Áudio inédito revela que Allende convocaria plebiscito 



El objetivo del plebiscito era:

  • Consultar al pueblo chileno sobre el respaldo a su gobierno

  • Buscar una salida democrática y constitucional a la crisis política

  • Definir el futuro institucional de Chile a través del voto popular

Allende:

  • No llamó a las armas

  • No disolvió el Congreso

  • No suspendió la Constitución

  • No persiguió opositores

  • No cerró medios de comunicación

  • Hizo exactamente lo contrario de un golpista:

apeló al pueblo soberano.

El golpe militar del 11 de septiembre de 1973 no solo derrocó a un presidente legítimo:
impidió deliberadamente que el pueblo chileno se expresara en un plebiscito democrático.

Decir que Allende planeaba un golpe es una manipulación perversa de la historia, usada para justificar lo injustificable:
la destrucción de la democracia y la instauración de una dictadura criminal.


Yo sí estuve ahí


Yo sí viví el golpe militar de 1973.
Fui detenido, torturado y exonerado.
Fui perseguido por pensar diferente, no por cometer delitos.
Nunca maté a nadie. Nunca torturé a nadie.

En 1973 trabajaba en Radio Corporación de Chile, donde era director regional de la red de emisoras del norte del país.
Después del golpe, no pude volver a trabajar en ningún medio de comunicación.

Esto no es ideología.
Es testimonio.


La dictadura sí existió y fue patrocinada desde el exterior

La dictadura militar chilena contó con el apoyo directo del gobierno de Estados Unidos, bajo la presidencia de Richard Nixon, hecho plenamente comprobado por documentos oficiales desclasificados.


Una memoria enrarecida: la dictadura rozagante de Pinochet


Chile no fue una excepción.


Todas las dictaduras militares de América Latina fueron patrocinadas o respaldadas por Estados Unidos.

Principales formas de intervención en Chile

  • Financiamiento a medios de comunicación
    La CIA financió con millones de dólares al diario El Mercurio y a otros medios para ejecutar campañas de propaganda y desinformación.

  • Apoyo encubierto a partidos y organizaciones privadas
    Se aprobaron al menos 1 millón de dólares en ayuda secreta semanas antes del golpe.

  • Interferencia económica deliberada
    La administración Nixon decidió “hacer gritar la economía chilena”, bloqueando créditos internacionales y profundizando la crisis.

  • Apoyo militar y de inteligencia
    Las Fuerzas Armadas chilenas recibieron apoyo previo y mantuvieron contacto con agencias estadounidenses.

  • Planificación del caos
    Documentos desclasificados confirman que se evaluó crear el caos interno para justificar la intervención militar.

No fue una teoría conspirativa.
Fue una operación encubierta de desestabilización que destruyó la democracia chilena e instauró la dictadura sangrienta de Augusto Pinochet.


La responsabilidad de la izquierda actual


El reciente triunfo de la derecha en Chile no cayó del cielo.
Fue consecuencia directa de una izquierda incapaz, deficiente e incompetente.


Derrumbe de Chile, obra de la izquierda.


  • Se olvidaron de:
  • La deuda histórica con las víctimas de la dictadura

  • Los restos sin identificar en el Instituto Médico Legal

  • Los niños secuestrados, que aún buscan a sus familias

Prefirieron:

  • Satisfacer egos personales

  • Acomodarse financieramente

  • Mantener una clase política que hoy es una de las más caras del mundo

A esto se suman:

  • La corrupción

  • La violencia

  • El crimen organizado instalado en Chile desde hace años

Los chilenos no votaron por amor, votaron por rabia y cansancio.
Por venganza frente a discursos vacíos y promesas incumplidas.

La historia no se reescribe con ignorancia ni con mala fe.
Se enfrenta con verdad, memoria y dignidad.