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2026/10/15

Brasil ante las urnas: polarización política, privilegios y las demandas olvidadas de la ciudadanía

 Por Rodolfo Varela

Cuando la disputa por el poder desplaza las necesidades del pueblo


Cómo superar la polarización política en Brasil.


Brasil enfrenta un escenario político marcado por una profunda polarización. La confrontación entre sectores de izquierda y derecha ocupa buena parte del debate público, mientras millones de ciudadanos continúan esperando respuestas concretas a problemas que afectan directamente sus vidas: la inseguridad, la violencia contra las mujeres, el acceso a la salud, la educación, el empleo y el costo de la vida.


¿La polarización amenaza la democracia de Brasil?

Sin embargo, existe una pregunta que debería estar en el centro de toda elección presidencial: ¿quién está defendiendo realmente los intereses del ciudadano trabajador y honesto?

Esta interrogante no implica defender a un sector político ni condenar al otro. Significa reconocer que los partidos y los gobiernos deben ser evaluados por sus decisiones, sus resultados y su capacidad de responder a las necesidades de la población.


Estimaciones para las campañas de Lula y Flávio Bolsonaro


La democracia no puede reducirse a una competencia entre colores partidistas, liderazgos personales y disputas ideológicas. Cuando la lealtad política se convierte en una excusa para justificar los errores de los propios dirigentes, el ciudadano termina perdiendo su principal herramienta de defensa: el derecho a exigir responsabilidades.


El periodismo y la responsabilidad de informar

La prensa desempeña una función fundamental en cualquier democracia. Informar con rigor, investigar los abusos del poder y ofrecer a la sociedad elementos para comprender la realidad son responsabilidades que no deberían depender de la orientación política de un gobierno.

No obstante, cuando determinados medios abandonan el rigor informativo para privilegiar intereses partidistas, la confianza pública puede deteriorarse. El problema no consiste en que existan periodistas con opiniones políticas, pues la libertad de expresión protege el pluralismo. El problema aparece cuando se confunden los hechos con las opiniones, se omite información relevante o se utilizan criterios diferentes para juzgar situaciones semejantes según quién resulte favorecido.


¿Qué piensan los brasileños sobre el periodismo partidista?


La exigencia debe ser la misma para todos: contrastar las fuentes, rectificar los errores, transparentar los conflictos de interés y permitir que la ciudadanía conozca distintas perspectivas.

Una prensa libre no tiene la obligación de agradar al gobierno de turno. Su responsabilidad es informar, investigar y contribuir a que el poder, cualquiera que sea su orientación, permanezca bajo escrutinio público.


La Ley Rouanet y el debate sobre el financiamiento cultural

Otro asunto que genera controversia en Brasil es la Ley Rouanet, establecida por la Ley 8.313 de 1991, uno de los principales instrumentos de incentivo a la cultura del país.

La política de fomento cultural puede contribuir a preservar el patrimonio, apoyar a los artistas, ampliar el acceso a las expresiones culturales y facilitar la realización de proyectos que difícilmente encontrarían financiación comercial.

Sin embargo, también es legítimo preguntar cómo se distribuyen las oportunidades, qué sectores de la cultura reciben los mayores beneficios y qué mecanismos garantizan que los recursos incentivados produzcan un retorno social.

Es necesario precisar que la aprobación de un proyecto para captar recursos mediante incentivos fiscales no significa que ese dinero haya sido efectivamente obtenido. Tampoco demuestra, por sí sola, la existencia de una irregularidad.

Por eso, la discusión debe centrarse en la transparencia, la fiscalización y los resultados. ¿Existen oportunidades suficientes para artistas independientes, proyectos comunitarios y expresiones culturales de las regiones menos favorecidas? ¿Puede la ciudadanía conocer cuánto se capta, cómo se ejecutan los proyectos y a quiénes benefician?

Asimismo, el apoyo público a un proyecto cultural no debería convertirse en motivo automático de sospecha sobre las posiciones políticas de sus participantes. Los artistas tienen el mismo derecho que cualquier ciudadano a expresar sus opiniones y apoyar candidaturas.




Lo que corresponde exigir es transparencia en el uso de los recursos, independencia artística y reglas claras para todos, sin privilegios ni persecuciones ideológicas.

La cultura debe ser un instrumento de desarrollo y participación social, no un mecanismo de favoritismo político, sea cual sea el sector que se beneficie.


Seguridad pública: una preocupación que no admite propaganda

La seguridad pública constituye uno de los grandes desafíos de Brasil. La delincuencia, el crimen organizado y la violencia cotidiana afectan a comunidades enteras y condicionan la libertad de las personas para trabajar, estudiar y vivir tranquilamente.

Pero la seguridad no puede analizarse exclusivamente desde la cantidad de detenciones o el endurecimiento de las penas. También exige prevención, investigación eficaz, instituciones preparadas, combate a la corrupción y un sistema judicial capaz de actuar dentro de la ley.

Los gobiernos deben rendir cuentas por sus resultados y explicar qué medidas adoptan para reducir los delitos, proteger a las víctimas y evitar que la población quede abandonada frente a la violencia.

La seguridad pública no pertenece a la izquierda ni a la derecha. Es un derecho de la ciudadanía y una responsabilidad permanente del Estado.


La violencia contra las mujeres: el peligro también está dentro del hogar

Existe una dimensión de la inseguridad que merece una atención especial: la violencia contra las mujeres.

Según una encuesta de Datafolha realizada en abril de 2026, el 61 % de las personas encuestadas consideró que la violencia contra las mujeres era la forma de criminalidad más grave del país. Entre las mujeres, esa proporción alcanzó el 73 %. El estudio también registró que el 71 % consideraba que las mujeres estaban más expuestas al peligro dentro de sus hogares que en la calle.

Estos resultados muestran la importancia de examinar una realidad que no siempre recibe la atención que merece: el hogar, que debería ser un espacio de protección, puede convertirse en un lugar de violencia para muchas mujeres.

Brasil cuenta con instrumentos legales como la Ley Maria da Penha, pero la existencia de una ley no garantiza por sí sola que las víctimas reciban protección oportuna y que los responsables sean investigados y juzgados.


Enfrentar la violencia contra las mujeres es una responsabilidad de todos.


Se necesitan servicios de atención accesibles, prevención, educación, respuestas judiciales oportunas y mecanismos eficaces para proteger a quienes denuncian amenazas o agresiones.

La defensa de las mujeres no puede limitarse a discursos durante las campañas electorales. Debe traducirse en presupuestos, políticas públicas, protección efectiva y resultados que puedan ser evaluados.


Las audiencias de custodia y el debate sobre la justicia

Otro tema que provoca discusiones en Brasil es la audiência de custódia, procedimiento mediante el cual una persona detenida comparece ante una autoridad judicial para que se examinen las circunstancias y la legalidad de su detención, además de la necesidad de mantenerla privada de libertad.

Sus defensores destacan la importancia de prevenir detenciones ilegales y malos tratos, mientras que sus críticos expresan preocupación por las liberaciones posteriores a determinadas detenciones y por la percepción de impunidad que estas decisiones pueden generar.


La Cámara aprueba la tramitación urgente de un proyecto que endurece las normas de las audiencias de custodia.


El debate debe abordarse con seriedad. La liberación de una persona después de una detención no demuestra automáticamente que haya existido una decisión incorrecta, del mismo modo que una detención tampoco equivale a una condena.

Lo importante es que las decisiones judiciales estén debidamente fundamentadas, que las medidas cautelares se cumplan y que las víctimas reciban protección efectiva.

La sociedad tiene derecho a conocer los resultados de estos procedimientos, incluidos los datos sobre reincidencia, cumplimiento de las medidas impuestas y eficacia de las políticas de prevención. Las autoridades, por su parte, deben explicar sus decisiones con transparencia y dentro del marco legal.

La justicia necesita proteger a la sociedad sin abandonar las garantías fundamentales. Ambas obligaciones forman parte de una democracia que respeta los derechos de todos.


El fracaso de la política se mide en la vida cotidiana

La polarización se vuelve especialmente perjudicial cuando sustituye la discusión sobre los resultados por una competencia permanente entre adversarios políticos.

Los gobiernos pueden tener programas diferentes y responder a distintas concepciones económicas y sociales. Esas diferencias forman parte de la democracia. Sin embargo, ningún gobierno debería utilizar su orientación ideológica como excusa para evitar la rendición de cuentas.

Cuando la población reclama mejores servicios de salud, educación de calidad, empleo digno, seguridad, salarios suficientes y una utilización transparente de los recursos públicos, las respuestas no pueden limitarse a acusar al gobierno anterior o a responsabilizar a los adversarios.

Los gobiernos deben explicar qué recibieron, qué hicieron, qué consiguieron y qué problemas continúan sin resolver.

La misma exigencia debe aplicarse a todos los partidos, sin excepciones.


«No pueden hacer política de combate a la pobreza con los ojos de la riqueza».


No se trata de afirmar que la izquierda y la derecha sean idénticas, ni de desconocer las diferencias entre sus propuestas. Se trata de reconocer que ninguna etiqueta política garantiza honestidad, eficiencia o compromiso social. Es la conducta concreta de quienes ejercen el poder la que debe ser examinada.


Una democracia al servicio del ciudadano

Brasil necesita un debate electoral que vaya más allá de la confrontación entre líderes y partidos. Necesita propuestas verificables, compromisos públicos, instituciones transparentes y ciudadanos capaces de evaluar a sus representantes sin miedo a ser considerados enemigos de uno u otro sector.

La prensa debe informar con rigor. La cultura debe contar con mecanismos transparentes de financiación. La seguridad pública debe proteger a la población. La justicia debe actuar con independencia y dentro de la ley. Y los gobiernos deben rendir cuentas por sus decisiones y resultados.


El político brasileño debe entender que una democracia al servicio del ciudadano no se construye con falsas promesas.


Estas exigencias no constituyen un programa exclusivo de la izquierda ni de la derecha. Son principios básicos de responsabilidad democrática.

El ciudadano no debería verse obligado a justificar los errores de un partido para impedir que gane el otro. Tampoco debería aceptar que sus necesidades sean utilizadas como instrumentos de propaganda durante las campañas y olvidadas después de las elecciones.

La verdadera participación democrática comienza cuando las personas pueden cuestionar a sus propios representantes, exigir explicaciones y cambiar de opinión sin renunciar a sus principios.

Mi reflexión final es sencilla: el problema no es que existan diferencias políticas, sino que esas diferencias terminen convirtiéndose en una excusa para dejar de responder a las necesidades de la población.

Brasil no necesita que sus ciudadanos abandonen sus convicciones. Necesita que ningún partido esté por encima de la responsabilidad pública y que ningún gobierno confunda su permanencia en el poder con el bienestar de la nación.

Porque, al final, la democracia no debería exigir lealtad incondicional a los partidos. Debería exigirles a los partidos lealtad, honestidad y responsabilidad con el pueblo.

Por Rodolfo Varela

La democracia se fortalece cuando el ciudadano deja de ser un espectador de las disputas políticas y se convierte en un fiscal permanente del poder.


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